Medio Ambiente

Hallan cuatro especies nuevas de rayas en la Orinoquia

Después de Brasil, Colombia es el segundo país con más especies de rayas de agua dulce en Suramérica

Nuevas especies de rayas

Un 95 por ciento de las rayas capturadas son vendidas a un acopiador. El 5 % se vende a un exportador.

Foto:

Cortesía Mónica Morales

09 de octubre 2017 , 12:35 p.m.

Los tiburones cada vez más se han convertido en una prioridad de conservación para los organismos internacionales, pero ¿qué pasa con las rayas, sus parientes de agua dulce, que están amenazadas en muchos casos por la explotación para el negocio ornamental que llega a los acuarios de todo el mundo sin la debida regulación?

Para darle respuesta a la pregunta, 67 investigadores latinoamericanos, 32 organizaciones —incluyendo universidades, autoridades pesqueras y ONGs— se dieron a la tarea de monitorear el estado de conocimiento y conservación de las rayas dulces de Sur América.

El objetivo del equipo, que estuvo liderado por el Instituto Alexander von Humboldt, era dar la información científica de línea base necesaria para contribuir a regular el comercio y convertir la actividad en una práctica sostenible y económicamente rentable para las comunidades locales.

Sin embargo, en el camino los expertos se toparon con una limitante: había muy poca información biológica, pesquera y poblacional sobre las especies, por lo que tuvieron que compilar y analizar la mayor cantidad de artículos científicos que existiesen hasta el momento y tomar datos nuevos y relevantes sobre los animales en nuestros ríos.

En total se lograron identificar 31 especies de rayas de agua dulce. Brasil es el país que cuenta con la mayor cantidad de especies (24), seguido de Colombia (11), Perú (10), Argentina y Paraguay (6 cada uno). La cuenca con mayor riqueza es la del Amazonas.

En el caso colombiano, los investigadores monitorearon la cuenca del Orinoco, de donde salen la mayor cantidad de peces ornamentales para exportación, y hallaron 4 especies nuevas de rayas, dos del género Paratrygon (actualmente en descripción) y dos del género Potamotrygon. Allí los investigadores hicieron un censo poblacional y encontraron que hay muchos individuos adultos y pocos juveniles, dado que estos últimos son los más apetecidos en el mercado y por tanto objeto de mayor presión pesquera.

Rayas de agua dulce

Una de las cuatro especies nuevas encontradas en la Orinoquia colombiana.

Foto:

Cortesía David García-Villamil

“Las rayas cuyo fin es el comercio ornamental se capturan a lo largo del año, especialmente en la época seca por encargo, y siendo de principal interés los juveniles, los cuales, luego de ser capturados, son aclimatados en una piscina temporal, empacados en bolsas plásticas con oxígeno, a una densidad de tres a cinco rayas por bolsa, y llevados en cajas de cartón hasta el aeropuerto”, dice el documento.

Un 95 por ciento de las rayas capturadas son vendidas a un acopiador y el 5 por ciento restante se venden directamente a un exportador.


Las principales ciudades de acopio son Leticia, Inírida, Puerto Carreño y Villavicencio. En la cuenca amazónica colombiana, por ejemplo, los expertos encontraron que los pescadores las venden a los acopiadores de Puerto Nariño a $5.000, estos las llevan a Leticia y las venden en $7.000 – $10.000, quienes por último las venden al exportador a $18.000 – 25.000, dependiendo de la especie y el tamaño. Ya en el mercado internacional, el precio del animal puede variar entre 50 y 250 euros ($150.000- 750.000)

Cuando no son utilizadas para decorar los acuarios, la gente utiliza la espina de la raya para fines de brujería, otros le extraen el hígado para sacar su aceite
que es empleado en el tratamiento de afecciones al sistema respiratorio, el dolor de cabeza o para fortalecer el feto durante el embarazo.

Rayas de agua dulce1

La especie de raya de agua dulce pertenece al género Potamotrygon.

Foto:

Mónica A. Morales-Betancourt

Así mismo, los especialistas analizaron durante los últimos cuatro años la única raya dulceacuícola endémica para el país, la raya del Magdalena, que se desplaza desde el Embalse del Quimbo (Huila) hasta su desembocadura en el mar Caribe.

La especie se encuentra sometida a numerosos problemas ambientales y antrópicos producto de la deforestación, la erosión, la sedimentación, la contaminación por residuos sólidos y líquidos, y la desecación de humedales.

Sin embargo, explica Carlos A. Lasso, autor principal del estudio, la raya del Magdalena ha podido resistir e incluso aumentar su población en ciertos sectores de la cuenca, como la ciénaga de Zapatosa de acuerdo a las investigaciones del Prof. Germán Galvis (UNAL) y Lina Mesa, investigadora del Instituto Humboldt, lo que significa que se está adaptando exitosamente a los cambios de su entorno.

“No obstante, la construcción de represas y el taponamiento de caños son algunas de sus principales amenazas en otras zonas de la cuenca”, dice el experto. “Hay partes en las que ya no se encuentran algunas especies de peces por lo que la gente se ve obligada a capturar rayas, generando mayor presión sobre ellas”.

Rayas de agua dulce2

Este es el estudio más completo de rayas de agua dulce que se ha realizado en Sur América.

Foto:

Mónica A. Morales-Betancourt

Gran parte de estos estudios están recogidos en el libro “Rayas de agua dulce de Suramérica. Parte II”, financiado por las organizaciones internacionales Defenders of Wildlife, Humane Society International y el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia.

En este momento, Lasso, junto con otros científicos de la Fundación Orinoquia (Jairo Novoa), Universidad Estatal Paulista de Brasil (Gabriel Raposo y Domingos Garrone) el Instituto Humboldt (Mónica A. Morales-B.), colocaron trasmisores en 14 individuos del río Bita para monitorear el movimiento de las rayas en el río durante un ciclo hidrológico y así saber si son residentes de un cuerpo de agua en particular o si se desplazan hacia otros lados.

También acaban de terminar los primeros censos poblacionales de estas especies en tres ríos de la Orinoquia colombiana sujetos a aprovechamiento, gracias al apoyo de Wildlife Conservation Society (WCS Colombia) y ahora están buscando financiación para continuar con el proyecto en el 2018, que en esta etapa consiste en replicar los censos poblacionales a objeto de tener datos estadísticos necesarios para conocer el estado de las poblaciones, información clave para los tomadores de decisiones.

TATIANA PARDO IBARRA
@Tatipardo2
Redactora de EL TIEMPO

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