Medio Ambiente

La vida de la chimpancé Cecilia en Brasil luego de superar su pasado

El animal estuvo 20 años de su vida en un cubículo de un zoológico de Mendoza, Argentina. 

Chimpancé Cecilia

Cecilia es la primera chimpancé en el mundo que usó un habeas corpus para conseguir su libertad.

Foto:

EFE/Fernando Bizerra Jr.

15 de abril 2017 , 05:23 a.m.

La chimpancé Cecilia nunca sintió lo que era poner los pies sobre la tierra, solo conocía el cemento del zoológico argentino donde nació veinte años atrás. Hoy respira aire fresco en un santuario en Brasil, rodeada de otros de su especie para superar el "infierno" que padeció en el pasado.

Tras su primera semana en el Santuario natural de Sorocaba, en el interior del estado de Sao Paulo, Cecilia ya se muestra activa y curiosa en su nueva casa, aunque aún guarda las distancias con el equipo veterinario que analiza su comportamiento de cerca mientras cumple el periodo de cuarentena.

"Está muy desconfiada todavía", asegura el cubano Pedro Alejandro Ynterian, propietario de este refugio que alberga, entre otros animales, a otro medio centenar de chimpancés, todos rescatados del circo o de zoológicos insalubres.

Por un instante, Cecilia sale de su cuarto para saber quién ha llegado. Se pasea libremente por los dos módulos que tiene a su disposición y mira por las ventanas, como si todavía no creyera dónde está.

"Su capacidad de adaptarse es muy grande o su deseo de hacerlo, pero aún está con mucho miedo de regresar al infierno en el que vivía. Cuando escucha un motor o algún camión, se esconde" porque cree que se la van a llevar de vuelta, explica Ynterian.

En los 20 años de su vida, Cecilia estuvo "expuesta" en un cubículo de un zoológico de Mendoza (Argentina), el cual fue cerrado al público el año pasado tras una serie de muertes.

Su confinamiento le provocó un "trauma" que se agudizó cuando murieron los compañeros con los que compartía su vida, señala Camila Gentile, médico veterinaria del santuario, donde trabaja hace doce años.

"Son como los humanos, tienen depresión y esos traumas psicológicos son mucho más difíciles que los físicos, pero el de Cecilia es psicológico: la exposición, la depresión de vivir mucho tiempo sola... Y eso es más difícil de recuperar", comenta.

¿El tratamiento? Para algunos casos tuvieron hasta que administrar antidepresivos, pero parece ser que en el caso de Cecilia no se llegará a tal extremo y después de la cuarentena el objetivo será "buscarle compañía".

"Tenemos experiencias con otros chimpancés que llegaron muy mal, muy tristes y después de adaptarse y conseguir un compañero, ahora están óptimos", expresa Gentile.

La llegada de Cecilia a este cobijo animal no fue un camino de rosas, más bien resultó ser toda una odisea jurídica que duró unos dos años y de hecho es la primera chimpancé en el mundo que usó un habeas corpus para conseguir su libertad.

La jueza encargada del caso dictaminó en una inédita sentencia que Cecilia es un "sujeto de derecho no humano", que "no puede ser esclavizada de por vida" y además "tiene derecho a vivir con sus iguales", recuerda Ynterian.

"Pisó la tierra y la hierba por primera vez aquí. Ella vivió sobre cemento toda su vida. No veía el cielo porque lo veía entre rejas. Aquí ella tiene independencia, libertad y no tiene el acoso del público", dice el también secretario general del Proyecto de Protección a los Grandes Primates (GAP), un movimiento internacional que lucha por el bienestar de estos animales.

Cumplida su primera semana en Sorocaba tras un viaje de dos días, que incluyó unos mil kilómetros en una furgoneta más un vuelo interminable, Cecilia ya "tiene varios candidatos", desvela Ynterian, que le ayudarán a su readaptación cuando acabe los 40 días de aislamiento que marca la ley.

El primero de todos es Billy, un macho de su misma quinta, que llegó al santuario en 2004, procedente de un circo.

Pese a su carácter explosivo, le agrada el contacto humano y ha conseguido desarrollar un vínculo con los veterinarios del santuario, sin embargo, por culpa de los traumas circenses, no terminó de cuajar la convivencia con sus semejantes y tuvieron que trasladarle para un recinto amplio construido para él.

Cecilia ya le conoce de vista, pues sus compartimentos están prácticamente el uno frente al otro, ahora solo hace falta que los dos tengan una buena química. "Ella ya lo vio. Se ven constantemente", aprecia Ynterian.

EFE

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