Medio Ambiente

Esta sería la gran apuesta de Colombia para frenar la deforestación

Bosques Territorios de Vida, la estrategia nacional construida durante 8 años con varios sectores.

Bosques Territorios de Vida

Si quiere conocer más de la estrategia, ingrese a: www.bosquesterritoriosdevida.com

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David Fayad

07 de mayo 2018 , 11:45 a.m.

Cuando el indígena Mateo Estrada Córdoba, del pueblo siriano en Vaupés, fue por primera vez a una escuela, le entregaron tres cuadernos: uno para matemáticas, otro para ciencias naturales y el último para español. Hoy, como coordinador de Territorio y Medio Ambiente de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), cree entender por qué: “Es que en este país el sistema educativo es fragmentado y no comprende la relación estrecha que tiene el hombre con la naturaleza, transversal a absolutamente todo lo que nos rodea”.

Estrada conoce prácticamente toda la Amazonia, la región más deforestada de Colombia, donde la expansión de la frontera agropecuaria, la extracción ilícita de minerales, las obras de infraestructura, la extracción ilegal de madera, los incendios forestales y los cultivos de uso ilícito no solo han ido fracturando el ecosistema en sí mismo, sino puesto en riesgo la salud, cultura y seguridad alimentaria de la gente que allí vive.

Por eso, porque el fenómeno está creciendo rápidamente en un país donde el 52 por ciento de su superficie continental está cubierta de bosques naturales —es decir, casi 60 millones de hectáreas—, el Gobierno Nacional lanzará prontamente la ‘Estrategia integral de control de la deforestación Bosques Territorios de Vida’, una iniciativa robusta liderada por el Ministerio de Ambiente, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), ONU Medio Ambiente, Fondo Acción, la GIZ y el Banco Mundial, que se viene cocinando desde hace ocho años con distintos sectores.

“Se identificaron las acciones urgentes que debe implementar Colombia para evitar la deforestación, el engranaje institucional que se necesita, el costo, los actores que deben participar, las responsabilidades que tendrá cada uno y la manera como se cumplirá con los objetivos nacionales e internacionales que ya se han adquirido, como reducir a cero la tasa de deforestación en el Amazonas para el año 2020”, explica Jimena Puyana, del Pnud.

Bosques Territorios de Vida

Según el Igac, la vocación del suelo en Colombia es en su mayoría forestal (54 %), seguida por la agrícola (19 %) y la ganadera (13 %).

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David Fayad

La estrategia está fundamentada en cinco pilares que contribuyen al desarrollo sostenible del país, entendiendo que los bosques no son solo árboles en pie, sino que ayudan a regular el clima, son el hogar de cientos de especies de animales y plantas, suministran cerca de 9 millones de toneladas de leña cada año para consumo doméstico e industrial, ayudan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) —que contribuyen al cambio climático—, son espacios para la recreación, el ecoturismo y la investigación científica, y, además, ofrecen un abanico de productos naturales que se pueden convertir en proyectos económicos.

“Lo más importante de esta estrategia es que nos reconozcan a los pueblos indígenas como autoridades ambientales del territorio, que tenemos unas prácticas y conocimientos ancestrales de gran valor que históricamente han contribuido a la conservación de la naturaleza, pero también que tenemos que vivir de algo, y es ahí donde el Estado debe garantizar esas actividades legales que ayuden a reducir la pobreza”, dice Estrada, quien participó del proceso.

Así que, teniendo en cuenta que el 48,65 por ciento de los bosques naturales del país se encuentran en territorios colectivos de comunidades indígenas y negras, la primera línea de la estrategia rescata el conocimiento ancestral de los grupos étnicos y campesinos.

Absalón Suárez, miembro del Proceso de Comunidades Negras, asegura que “para las comunidades negras, el bosque se tiene que ver como parte del territorio-selva. Es el espacio de vida donde se desarrollan la cultura, la tradición, el arte, el ser. Los humanos formamos parte de él; es una relación de interdependencia, y por ello no concebimos el territorio como una fuente inagotable de recursos, sino como la vida misma que se respeta”.

Bosques Territorios de Vida

En 2016, el país perdió cerca de 179.000 hectáreas de bosque natural.

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David Fayad

Para Suárez, que vive en Buenaventura y ha visto de cerca cómo los ríos se han contaminado con mercurio y cianuro, cómo la aspersión aérea con glifosato ha afectado los cultivos de pancoger de su pueblo, cómo el negocio de la coca se ha llevado varias vidas por delante, y cómo las vías y la expansión portuaria han quebrado un ecosistema en “nombre del desarrollo”, cree que la estrategia contra la deforestación solo será posible si hay voluntad política.

“Esto será exitoso —dice Suárez— si también se logran atacar las causas indirectas de la deforestación: la histórica ausencia del Estado, la pobreza y desigualdad, la falta de articulación y coordinación entre las distintas entidades, la poca seguridad que tienen los defensores del medioambiente y el poco fortalecimiento de la producción tradicional”.

Los 102 pueblos indígenas que se autorreconocen en Colombia están distribuidos en 31,2 millones de hectáreas; el 8,8 por ciento de estos territorios son para uso agrícola y el 92 por ciento de ellos conservan su cobertura vegetal. En cuanto al pueblo negro, existen 184 consejos comunitarios, que comprenden un área de más de 5 millones de hectáreas. Se trata de los más importantes guardianes de la biodiversidad del país, con todo y las amenazas que los acorralan.

El bosque se tiene que ver como parte del territorio-selva.
Es el espacio de vida donde se desarrollan la cultura, la tradición, el arte, el ser

Tanto Estrada como Suárez ven necesario fortalecer la gobernanza territorial y las oportunidades económicas para la gente. Un ejemplo valioso es el del Consejo Comunitario de las Comunidades Negras de la Cuenca del Río Tolo y Zona Costera Sur (Cocomasur), ubicado en Acandí, Chocó, el cual protege más de 13.000 hectáreas de selva tropical en la región del Darién, una de las zonas más biodiversas del planeta.

El negocio de la comunidad, apoyado por Fondo Acción, es el siguiente: protegen sus árboles para que no sean talados —y con ellos, más de 40 especies en vías de extinción, como el jaguar, el mono araña, la guacamaya verde limón o la rana arlequín—, mientras venden la capacidad que estos árboles tienen para absorber dióxido de carbono. Están prestando un servicio, tal como una empresa recibe dinero para recoger la basura en una ciudad.

Prodeco, al querer compensar las emisiones de CO2 a la atmósfera por el uso de diésel y otros combustibles utilizados en sus operaciones mineras y de transporte de carbón en Cesar y Magdalena, les compra certificados de carbono a comunidades étnicas de Colombia, entre ellas Cocomasur.

Con esa iniciativa se están conservando 700.000 hectáreas de bosque y evitando la emisión de 2’000.000 de toneladas de CO2. “Lo fundamental será generar medios de vida con condiciones dignas para las personas. Colombia tiene que apostarle a un modelo de desarrollo rural sostenible, reconociendo el valor de la biodiversidad por encima de todo”, concluye Jimena Puyana.

Deforestación, guerra y posacuerdo
Bosques Territorios de Vida

Desde 1990 al 2016 han sido deforestadas más de 6’000.000 de hectáreas de bosque natural en Colombia.

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David Fayad

Mientras los fusiles paulatinamente se iban silenciando en la Amazonia colombiana, las motosierras y retroexcavadoras empezaron a retumbar más fuerte entre la selva virgen. Uno de los ejemplos más conocidos tiene que ver con un tramo de aproximadamente 160 kilómetros, llamado carretera Marginal de la Selva, que está quebrando el bosque.

La tasa de deforestación en 2016 no es muy alentadora. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Colombia taló un 44 por ciento más con respecto al 2015, arrasando casi 179.000 hectáreas de bosque natural. Aparte de los motores ya conocidos de la deforestación, el Gobierno tiene que hacerle frente a uno más: la praderización —y especulación— para acceder a la titulación de tierras contempladas en el acuerdo final sobre reforma rural integral en La Habana.

César Jerez, vocero de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc), en donde se concentra el 1,9 por ciento de los bosques del país, cree que Bosques Territorios de Vida tendrá éxito mientras “se aterrice con la gente, porque el gran problema de muchos proyectos es que se suelen construir desde Bogotá, sin conocer las dinámicas regionales y los distintos actores (legales e ilegales) que participan. El posconflicto es un gran reto, pues la deforestación se está intensificando”.

Bosques Territorios de Vida

La estrategia Bosques Territorios de Vida espera avanzar en un modelo de desarrollo económico, amigable con el medioambiente.

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David Fayad

Desde 1990 al 2016 han sido deforestadas más de 6’000.000 de hectáreas de bosque natural en Colombia. Según el Departamento Nacional de Planeación (DNP), el 58 por ciento ocurrió en los municipios con mayor incidencia del conflicto armado, especialmente en los departamentos de Meta, Caquetá, Putumayo, Guaviare y Nariño. La geografía de la guerra, se ha dicho en reiteradas ocasiones, coincide con los puntos de mayor pérdida de cobertura boscosa.

Actividades como la extracción de minerales y el cultivo de coca para uso ilícito —que también sirvieron para financiar la violencia durante décadas— se convirtieron en importantes dinamizadores del fenómeno durante el último quinquenio. Por cada hectárea de coca sembrada en los municipios del conflicto se han deforestado, en promedio, 1,7 hectáreas de bosque, siendo San Vicente del Caguán, Uribe, La Macarena, Remedios y Mesetas los lugares más críticos de todo el país.

Cuando el actual gobierno firmó el acuerdo de paz con las Farc y el grupo guerrillero empezó a abandonar el 98 por ciento del territorio en el cual operaban, las áreas abandonadas presentaron un vacío de poder que se tradujo en dos escenarios: en el primero, científicos pudieron ingresar a ecosistemas hasta entonces inexplorados a hacer investigación, encontrando más de 90 posibles nuevas especies para la ciencia; pero, al mismo tiempo, empezaron a llegar otros actores que generan procesos de deforestación acelerados.

“Son las disidencias de las Farc, que impulsan la colonización y tala masiva, así como actores externos que ven la posibilidad de apropiarse de baldíos para la ganadería extensiva y la siembra de palma. Pero no siempre el que lleva la motosierra es el que deforesta, sino que es el único trabajo que tiene disponible”, remata Jerez.

Por eso, la ‘Estrategia integral de control de la deforestación’ busca apostarle a una economía forestal que permita a las comunidades locales vivir del bosque de manera sostenible. Además, generar la suficiente información confiable, científica, para tomar mejores decisiones, especialmente en los núcleos de deforestación.

“Es una etapa importante que viene, y garantiza que el proceso de diálogo que hemos tenido durante estos años con las comunidades se vea reflejado en las rutas de implementación que ahora se tienen que hacer a nivel territorial. Desde el programa del FCFP contamos con presencia en regiones, asegurándose de que sea coherente en las diferentes escalas”, asegura Pilar Restrepo, coordinadora del Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques- Fondo Acción.

Reducir la deforestación, un objetivo de todos los ministerios
Luis Gilberto Murillo

Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente.

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Claudia Rubio / ELTIEMPO

En la diversidad de actores que interactúan con los bosques se presentan múltiples visiones sobre su uso, manejo y conservación. Bosques Territorios de Vida busca construir una visión integral para enfrentar los retos que giran alrededor de estos ecosistemas. El Ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, habla sobre los retos. 

¿Desde cuándo se empezó a construir esta estrategia?

Desde el 2010 empezamos el proceso de construcción y formulación, con diálogos tempranos que se hicieron con indígenas de la Amazonia y afros del Pacífico. Fue un ejercicio enriquecedor que permitió que las comunidades que viven en el territorio nos dijeran cuáles son los mejores modelos de gobernanza, los significados que tiene el bosque para ellos y cómo se relacionan con él. Todo este ejercicio se ha consolidado de manera estructural durante los últimos tres años, además con el aporte de otros sectores de Gobierno, organizaciones no gubernamentales, academia, gremios y la sociedad civil, lo que nos permite entregarle hoy a Colombia la herramienta para el cumplimiento de las metas nacionales e internacionales en materia de deforestación, degradación y gestión de los bosques. Me atrevería a decir que es la política pública más participativa que se ha construido en el país hasta el momento.

¿La estrategia tendrá un enfoque distinto en cada región?

Sí. Ya tenemos un enfoque a nivel nacional que busca reducir la deforestación, mejorar la calidad de vida de las personas que allí viven y aportar al proceso de construcción de paz y mitigación del cambio climático, pero se implementará de manera distinta en cada lugar, respondiendo a las realidades del territorio, al conocimiento tradicional, la cultura y las oportunidades particulares de las personas de cada región.

No es lo mismo el bosque seco tropical de La Guajira, los manglares del Caribe o las sabanas tropicales en la Orinoquia. Ese es el principal reto de esta estrategia: aterrizarla conforme a las realidades puntuales, y eso significa que cada región deberá hacer un ejercicio de interpretación de los cinco pilares. Esto hay que hacerlo con los alcaldes, los gobernadores, la sociedad civil, porque los bosques son patrimonio de todos los colombianos.

¿Cuánto tiempo llevará la implementación para ver resultados concretos?


Ya tenemos resultados, como el caso de la implementación temprana con Visión Amazonía, el fortalecimiento de comunidades de capacidades frente a la gestión de los bosques, la creación de plataformas de diálogo entre las comunidades y el Estado y el fortalecimiento del Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono, entre otros. Y, el más importante de todos, una ruta por seguir: la ‘Estrategia integral de control a la deforestación y gestión de los bosques’. Es importante aclarar que Colombia viene culminando con su periodo de preparación frente al tema de reducción de emisiones por deforestación y degradación de los bosques, como parte de su compromiso como miembro de Naciones Unidas.

Esperaríamos que los resultados sean más visibles en dos años, con acciones y metas cumplidas.

La gente, en gran medida, protege los bosques si ve que son rentables; ¿cómo beneficiarán a las comunidades?

Una cosa es el control de la deforestación y otra, la gestión de los bosques. Queremos premiar a los que se han ‘portado bien’ y han contribuido a reducir la deforestación, pagándoles por resultados o por los servicios ecosistémicos que prestan en los lugares que habitan.

Importante que se entienda que un bosque en pie es económicamente rentable y que, por ejemplo, hacer la transición de ganadería extensiva a modelos silvopastoriles le permite a la persona diversificar su economía, mientras ayuda a la conexión de los ecosistemas, protege la biodiversidad, cuida los cuerpos de agua y reduce las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Esta estrategia no solo está orientada al control de la deforestación, busca que, a partir de una adecuada gestión de los bosques, se mejore la calidad de vida de quienes los habitan, para generar oportunidades de desarrollo en donde las comunidades, los sectores productivos y el Gobierno puedan aportar a la economía como un país que aprovecha sosteniblemente el 50 por ciento de su territorio que está cubierto por bosques.

TATIANA PARDO IBARRA
tatpar@eltiempo.com
Twitter:@Tatipardo2

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