Educación

¿Se debe decir no a los grupos de WhatsApp del colegio?

Los continuos mensajes de otros padres o del profesor por este medio pueden terminar por desesperar.

WhatsApp

En estos medios tecnológicos se deben tener siempre reglas y límites, porque si no se hace así, en lugar de facilitar la comunicación, se entorpece.

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Óscar Bernal / EL TIEMPO

11 de febrero 2018 , 12:05 a.m.

Silenciar. Mejor silenciar el grupo. ¿Podría ser, tal vez, hasta que se gradúe del colegio?

Fue lo primero que pensé cuando me agregaron al grupo de WhatsApp del curso en el que está mi hijo de cuatro años.

¿Y si me salgo? ¿Quedaré como un maleducado? ¿Pensarán que no me interesa su educación? ¿Me mirarán mal cuando lo lleve al colegio?, me seguí cuestionando.

Al final recordé que lo he hecho con grupos de periodistas, que son desesperantes. Así que al día siguiente me salí del grupo, conformado por los profes y los papás del curso de mi hijo.

Casos extremos

Son muchos los padres que se agobian con estos chats. Cuando llega el mensaje: “Clase Prekínder A. Mamá de Andrés ha creado este grupo. Has sido añadido”, empieza el debate con la pareja sobre cuál de los dos debe permanecer ahí.

Sea quien sea, en muchos de los casos sufrirá las consecuencias. Hay excepciones, sin duda, pero la balanza está más inclinada hacia las experiencias negativas. Y esto ocurre, en casi todos los casos, porque dichos espacios se abren sin un protocolo base o unas mínimas normas de comportamiento sobre su uso.

El caso de Natik Arango es un ejemplo claro. “Mi hijo estudiaba en un colegio donde el rector era un pastor cristiano (nosotros somos católicos, pero fue un colegio que encontré de afán). Entiendo que hay señoras que no trabajan y tienen más tiempo libre que yo, pero al llegar a casa tenía 200 mensajes de las mamás desocupadas, contando chismes y enviando alabanzas. Si no escribía, me tildaban de despreocupada. Y ya lo último fue cuando empecé a leer cualquier cantidad de comentarios sobre la homosexualidad o sobre cómo los tatuajes condenan a las personas al infierno. Ahí decidí empezar a contestar todo lo que pensaba acerca de cuanto escribían y resultó que yo era la más hereje del mundo y no tenía salvación. Quien pagó las consecuencias fue mi hijo. Se la montaron en el colegio, tanto el rector como la directora del curso”, cuenta la mamá.

Al llegar a casa tenía 200 mensajes de las mamás desocupadas, contando chismes y enviando alabanzas

Un caso extremo, sin duda, pero la mayoría de los papás desertan por cansancio. Como contó otra mamá a este diario: “Me salí porque se convirtió en ‘spam’ ”; “me cansé de las oraciones que envían cada cinco segundos”, “no me interesa ver las fotos del fin de semana de una familia que ni conozco”, “son grupos enredados: un papá pregunta por la tarea, mientras que una mamá habla de un chisme, el otro sobre el disfraz que deben llevar…”.

Pero no todos los grupos de WhatsApp son así. Hay padres que no han tenido ni un solo problema con estas herramientas. Norma Yamile Muñoz asegura que le ha parecido muy útil: “Nos ahorra tiempo para desatrasarnos cuando los niños faltan o no copian bien lo que hay que hacer. Nos recuerdan algunas tareas o los materiales para llevar a diferentes actividades, nos despejan dudas y la profe envía mensajes importantes que debemos conocer y hasta las foticos de los niños haciendo algunas actividades”.

Viviana Quintero, coordinadora de TIC e Infancia de Red PaPaz, explica que en los últimos años se ha visto cómo la tecnología ha cambiado la forma de interactuar entre los padres de familia y las instituciones educativas y, en conclusión, permiten que se integren más.

Sin embargo, la experta aclara que hay un tema importante que a menudo se olvida: en estos medios tecnológicos se deben tener siempre reglas y límites, porque si no se hace así, en lugar de facilitar la comunicación, se entorpece.

Por ejemplo, se debe aclarar la finalidad del grupo, de qué temas se va a hablar, recordar que hay horarios prudentes (deben ser acordados entre padres y profes, y deben ser respetuosos de los espacios personales), que no se deben enviar contenidos personales como chistes, oraciones e imágenes que no corresponden a su finalidad.

Y también, dice Quintero, “hay temas importantes de los niños que se deben hablar presencialmente, y estas tecnologías no deben reemplazar eso jamás”.

¿Qué dicen los profes?

Los maestros tampoco están del todo contentos. Padres que les escriben a altas horas de la noche preguntando por la tarea, que llaman los fines de semana o envían mensajes inapropiados son los casos más frecuentes. Sin embargo, también encuentran ciertas ventajas. Una profesora, que pidió no ser identificada precisamente porque fue víctima de matoneo en los grupos de WhatsApp por parte de algunos padres de familia, explica que sí, que ha encontrado ventajas. Por ejemplo: no tiene que escribir el mismo mensaje en cada una de las agendas de los niños (32, en promedio) sino que lo manda masivamente a todos los padres y puede asegurarse de que lo recibieron. Sin embargo, para ella son más las desventajas.

Una de ellas –relata la educadora de un colegio privado– es que los padres se han vuelto muy cómodos. “Se ha perdido la cultura del acompañamiento de los padres en el proceso educativo con sus hijos. Ya ni se acercan al colegio. Ha llegado hasta tal nivel que me escriben pidiéndome que tome fotos al tablero y se las mande vía WhatsApp para saber qué está estudiando el niño”, cuenta.

Ha llegado hasta tal nivel que me escriben pidiéndome que tome fotos al tablero y se las mande vía WhatsApp para saber qué está estudiando el niño

También considera que el funcionamiento de estos grupos depende, en gran parte, del nivel cultural de los padres. Porque entre ellos siempre hay un universo de personas, lo que puede desencadenar situaciones de intolerancia, burlas, imprudencias y grosería.

Hay padres –añade– que le escriben a las 10 de la noche o a la hora del almuerzo. Y todos esperan que les conteste inmediatamente. “Y cuando eso no sucede, se ponen como viejas celosas: ‘Ay, me dejó en visto’. ‘Me ignora’. La profe es una maleducada’ ”.

La docente, incluso, ha llegado a ser víctima de acoso. En una ocasión enviaron una foto de un cuaderno de uno de sus estudiantes y empezaron a escribir en el grupo: “¿Eso es lo que les enseña, lo que ven en inglés?”, dice la docente, y explica que lo hacían de forma sarcástica y con emoticones de burla.

Dori Celina, rectora del Colegio Andino de Tunja, expresó que está en total desacuerdo con los grupos de WhatsApp para informar a los padres o estudiantes. “Se generan muchos conflictos e inconvenientes entre ellos”. De ahí que en su colegio van a trabajar con una herramienta tecnológica específica para esta función.

Para Fernando Vita, rector del Colegio Italiano Leonardo da Vinci y representante de los colegios internacionales agremiados en la Uncoli, todo tipo de comunicación entre los actores de la comunidad educativa es sano mientras existan los filtros necesarios. Y anota: “La inmediatez de las redes sociales lleva a cometer imprudencias”.

La voz de los expertos

Ante la pregunta de si se debe volver a la tradicional agenda escolar, los expertos aseguran que sería un retroceso. La cuestión está más en el uso que se le da a la tecnología. Jaime Ibáñez, profesor de la Universidad Pedagógica y experto en el uso de las tecnologías en la educación, asegura que la tecnología ha generado que los padres ahora tengan no solo el derecho, sino la obligación de permanecer informados sobre los logros y las dificultades que tienen sus hijos en el proceso educativo. Y tienen también la oportunidad de ser activos en este proceso, convirtiéndose en un agente regulador de sus aprendizajes.

En este sentido, explica: “El papel de la tecnología facilita la comunicación no solo entre padres y docentes, sino también con los estudiantes”. En cuanto a las desventajas, las atribuye al “mal uso” que a veces se les da a las herramientas.

Respecto a WhatsApp, en específico, considera que es una posibilidad más, y aunque no sea la más eficiente, tiene la ventaja de ser inmediata. “Cuando se requiere brindar una información corta e inmediata, es efectivo”, asegura Ibáñez.

Una aplicación especializada

Kidizz es una aplicación que permite a los padres de familia tener comunicación constante con los educadores y conocer las actividades diarias de sus hijos. Es la primera plataforma de este tipo que además permite a los padres hacer seguimiento de los niños cuando estos se encuentran en actividades y salidas campo.

“Cada vez son más las instituciones que usan Kidizz, durante 2016 llegamos a 25 guarderías y colegios, que representaban aproximadamente 1.500 usuarios, actualmente contamos con nuevos aliados y 8.000 familias beneficiadas”, señaló Agnès de T’Serclaes, CEO de Kidizz para Latinoamérica.

La aplicación se destaca porque involucra a los padres en el proceso de formación de sus hijos y permite compartir información, fotos, videos y documentos en tiempo real. Así mismo, tiene un calendario compartido, en el cual los padres reciben un recordatorio automático en su teléfono de las reuniones pedagógicas, los días de cierre y eventos.

SIMÓN GRANJA MATÍAS
EL TIEMPO
En Twitter: @simongrma

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