Educación

‘Está bien que los hijos sufran y se frustren’: Alejandro de Barbieri

El psicólogo uruguayo explica en esta entrevista su propuesta a los padres de educar sin culpas.

Educación de los hijos

Para el psicólogo uruguayo, en la medida en que los hijos pasen en solitario los obstáculos crecen y maduran.

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123RF

13 de enero 2018 , 11:00 p.m.

Frustrar es educar. Esa podría ser la frase que resume el libro ‘Educar sin culpa’, del psicólogo uruguayo Alejandro de Barbieri, que recién llegó a Colombia (editorial Grijalbo). La sentencia, que resulta fuerte y directa, busca retratar una realidad: si se evita que los hijos se frustren, se está evitando que crezcan y maduren.

El libro nació de la preocupación del autor por la cantidad de padres que llevan a sus hijos a terapias de diversos tipos, pero en especial las psicológicas. “Yo soy psicólogo, pero con este libro busco que no haya tantos pacientes”, dice De Barbieri.

En la introducción del libro, De Barbieri asegura que le duele que los padres no estén convencidos de que son los primeros ‘expertos’ y que el docente tampoco se considera, como debe ser, un experto en el proceso educativo. “Por eso escribo este libro con un sentimiento de rebeldía, con el deseo de ayudar a padres y educadores a recuperar su rol en la vida de sus hijos”, expresa el experto, quien propone, fundamentalmente, educar sin culpa, es decir que el mejor camino para educar es el que cada padre y madre construye con sus propios hijos.

Usted dice en el libro que los padres depositan la responsabilidad de cómo ser los mejores padres en otros: el psicólogo, el profesor, un libro...

Yo arranco el libro con la pregunta: ¿Es deseable querer ser el mejor padre posible? En sí, la misma pregunta ya genera estrés. Desear ser el mejor padre conlleva que se consulte a cualquier tipo de experto para encontrar la solución a esa pregunta, porque: ¿qué significa ser el mejor padre? Lo que en verdad evidencia ese cuestionamiento es la poca confianza que tienen en sí mismos los padres.

Bueno, pero, de una u otra forma, leer su libro es depositar ese rol en lo que usted dice, ¿no?

Sí, es una guía. Quien lo lea se dará cuenta de que lo que plantea es similar a como los abuelos educaban, a esa frase común de: “es como educábamos nosotros en nuestra época”. Ellos educaban sin culpa porque no tenían miedo de que sus hijos no los quisieran. En cambio, los padres de hoy somos padres ‘culpógenos’.

¿A qué se refiere?

Tenemos miedo de que nuestros hijos no nos quieran, con lo cual eso nos tranca el rol. Entonces sí, estamos entregando un libro que complementa, pero que también se opone a las pedagogías actuales, que son más de ‘pobrecito el nene’, tienes que entenderlo y explicarle todo como si fuera tonto... Son tendencias que hacen que los padres sean muy sobreprotectores.

¿Por qué se generó ese cambio generacional?

Los abuelos educaban sin culpa porque no había psicología. La psicología hizo grandes aportes, pero también daño: el daño del psicologismo (que todo se explique por lo psicológico): ‘pobrecito el nene’, ‘cuidado, que si haces esto termina en yo no sé qué’. Los padres de hoy dicen: ‘Yo no quiero que mi hijo sufra lo que yo sufrí’. No, pues, ¿tan malos salieron? Es cierto que había un autoritarismo al cual no hay que volver. Es más un tema de una autoridad sana que no implica la agresión física. Hanna Arendt decía: “Se usa la fuerza cuando fracasa la autoridad”.

Cuando usted pone como ejemplo la frase que dicen los padres actuales y con la que guían su forma de crianza: “Yo no quiero que sufra lo que sufrí yo”, es como si no hubiera una reconciliación con el pasado...

Sí, es ese estrés de no querer hacer lo que mi padre hizo conmigo. Yo digo: ‘No, tu hijo no va a sufrir lo que tú sufriste. Sufrirá lo que tenga que sufrir para crecer’. Por ejemplo, si sufre porque la novia lo dejó, sencillo: sufre porque la quería y es normal que sufra. Pero si los padres exilian a sus hijos del sufrimiento, los exilian del aprendizaje que este les da. De ahí que yo les digo a los padres: haga las paces con su pasado. Lo que usted sufrió lo ha hecho crecer como persona.

Pero ¿cómo reconciliarse con ese pasado?

Dejar de ser hijo de mis padres para ser padre de mis hijos. Hay gente que todavía está esperando que su infancia deje de ser como fue, eso es una locura. Ahora le dicen al padre: ‘Si no hubieras hecho lo que hiciste, no sería quien soy. Por eso, yo no quiero hacer eso con mi hijo para que no termine como soy’. Pero yo les digo: ‘Mirá, sos normal. ¿Qué tenés de malo?

¿Cuáles son las consecuencias de la educación con culpa?

Educar sin culpa genera adultos frágiles, aunque ni siquiera está bien llamarlos adultos. Por ejemplo, lo que pasa con los ‘millennials’ es una clara evidencia de educar con culpa. Suele ocurrir que una jefa de unos 50 años está en su oficina y tiene un empleado de 25 años. La jefa llama al joven para corregirle un artículo. Le dice: ‘Lo que escribiste está mal, tienes que rehacerlo todo. La respuesta del empleado es: ‘Pues, renuncio’.

SIMÓN GRANJA
EL TIEMPO
En Twitter: @simongrma

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