Educación

73 por ciento de estudiantes colombianos aprueban una dictadura

Si es para traer orden y seguridad, la democracia sobra, según evaluación internacional Iccs.

11 de abril 2018 , 10:00 p.m.

Una voz de alerta queda en el ambiente tras los últimos resultados del reporte latinoamericano ‘Estudio internacional de educación cívica y ciudadana’ (ICCS), el cual “revela un nivel preocupante de valores antidemocráticos y orientaciones antisociales en gran parte de los jóvenes encuestados”.

El informe, elaborado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA), encuestó a 25.000 estudiantes de octavo grado (13-14 años de edad) de 900 escuelas de Chile, México, República Dominicana, Perú y Colombia para medir las actitudes cívicas de los alumnos y sus competencias ciudadanas.

La mayoría de ellos (69 por ciento) están de acuerdo con un estado dictatorial si dicho estado conlleva orden y seguridad. Perú ostenta el porcentaje más alto con 77 por ciento, seguido por Colombia con 73.

Si la premisa de orden y seguridad cambia por beneficios económicos, la cifra sigue siendo relevante. En el promedio de los países, el 65 por ciento de los estudiantes están de acuerdo con una dictadura. Perú sigue siendo el primero con un 72 por ciento y Colombia, de tercero, marca un 68 por ciento.

“Este tipo de resultados sirve como argumento para mejorar el aprendizaje cívico en la región, con una perspectiva de desarrollo democrático”, comenta el informe, dado a conocer ayer en Lima (Perú).

Enrique Chaux, profesor titular del departamento de Psicología en la Universidad de los Andes y experto en educación para la paz y competencias ciudadanas, explicó a EL TIEMPO que “las competencias ciudadanas son fundamentales para aprender a relacionarse pacífica y constructivamente con los demás y para aportar a la transformación de la sociedad hacia una sociedad más democrática”.

Sin embargo, dice que “aún falta mucho para que todos los estudiantes de Colombia puedan decir que recibieron una formación ciudadana que los capacite y los prepare para poder enfrentarse a los retos de una sociedad tan compleja como la nuestra”.

El estudio demuestra la importancia de la educación cívica y ciudadana, pues “el mayor apoyo de los estudiantes a los estados autoritarios está relacionado con el nivel inferior de conocimientos cívicos, y viceversa”, dice.

“Los jóvenes no confían en sus instituciones democráticas ni en sus partidos políticos y creen mágicamente que un dictador resolverá los problemas económicos y sociales. No saben que las dictaduras violan los derechos humanos, restringen las libertades y son el principal caldo de cultivo para la corrupción.

Eso pasa porque no hay educación política de calidad brindada por los medios masivos de comunicación, las familias, los colegios y las universidades”, comenta el experto en educación Julián de Zubiría, director del Instituto Merani.

“Las clases de ciudadanía y cívica en los colegios de América Latina deben ser críticos, deben estar enfocados en la sostenibilidad, las redes sociales y la globalización para fortalecer las democracias latinoamericanas”, dijo Ralph Carstens, codirector de la unidad de estudios internacionales de la IEA.

¿Todo vale?

En cuanto a la corrupción, sin duda uno de los principales males en la sociedad latinoamericana y uno de los grandes impedimentos para el fortalecimiento de las democracias, el informe muestra que los índices de transparencia en la región son bajos.

Para el 25 por ciento es aceptable que un funcionario acepte sobornos si su salario es muy bajo;
para el 35 por ciento, que un funcionario utilice los recursos de la institución en la cual trabaja para beneficio personal; para un 40 por ciento, que los buenos candidatos otorguen beneficios personales a los votantes a cambio de sus votos, y un 34 por ciento ve con buenos ojos pagar una cantidad adicional a un funcionario público para obtener beneficio personal.

Frente a la pregunta ‘¿está de acuerdo con que un funcionario debería poder ayudar a sus amigos a conseguir un trabajo en su despacho?’, el porcentaje se sube a 53.
Ante estas respuestas, que pueden sugerir una falta de valores, De Zubiría afirma “que la responsabilidad de esa crisis ética es de los mayores y no de los jóvenes. Ellos ven a sus padres pagarles sobornos a los policías de tráfico, evadiendo impuestos y comprando cosas robadas o de contrabando. Por ello, se han connaturalizado con la corrupción”.

Frases que oyen de los adultos como “el mundo es de los vivos”, “hay que ponerles zancadilla a los otros para salir adelante”, etc., favorecen la “cultura del atajo” que se ha impuesto, afirma el experto.

Para la psicóloga de familia María Elena López, la posición de los jóvenes frente a la corrupción refleja un poco las características de los millennials. “Es una generación con enfoque muy individualista y egocéntrico que busca satisfacer sus propias necesidades, sin tener muy en cuenta la vida social y democrática. También muestra una desesperanza aprendida frente a la clase política y la corrupción por la impunidad y la mentira”.

Los análisis presentados en el segundo módulo abordan un tema coyuntural para Colombia: la aprobación o desaprobación del incumplimiento de las leyes, y qué tan empáticos son con otras personas.

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El estudio utilizó ítems para sacar una escala que refleje el respaldo de los estudiantes al uso de la violencia en sus contextos. Por ejemplo, ante la frase “el que me la haga la paga”, el 40 por ciento de los estudiantes aseguraron estar de acuerdo o muy de acuerdo. “Si no puede subsistir haciendo cosas buenas, las malas son una opción” la aplicaría el 26 por ciento. “Es necesario pelear para que la gente piense que no eres un cobarde” la acepta un 17 por ciento. “La venganza es dulce” la saborea un 21 por ciento. Y “la agresión sirve para lograr lo que uno quiere” la acepta el 14 por ciento.

Para los estudiantes hay condiciones o circunstancias en las que es válido incumplir las leyes. Por ejemplo, el 73 por ciento de ellos están de acuerdo en hacerlo si esto representa la única forma de ayudar a sus familiares.

La encuesta ICCS 2016 también explora el nivel de aceptación de los alumnos en relación con la diversidad dentro de los barrios, la homosexualidad y la percepción que tienen de la discriminación que sufren ciertos grupos sociales en su país.

La encuesta muestra que las personas homosexuales constituyen el grupo que más discriminación sufre en la región, incluso más que los minusválidos y los ancianos. Y un 65 por ciento de los estudiantes están de acuerdo con la igualdad matrimonial, índice que ha subido desde la medición de 2009, cuando era del 55 por ciento.

Simón Granja 
REDACTOR EL TIEMPO 
@Simongrma
*Enviado especial a Lima
Invitado por IEA.

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