Educación

Se puede enseñar y aprender a ponerse en los zapatos del otro

La empatía es una de las claves para convivir en la diferencia con los demás.

Empatía entre niños

Según los expertos, en los menores el primer paso para que sean empáticos es educarlos en reconocer sus emociones.

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123RF

06 de mayo 2017 , 09:11 p.m.

“¡Cómo bajarían las tasas de delincuencia en el país si uno les enseñara empatía a todos los niños!”, exclama Ana María Fernández de Castro, psicóloga del colegio Knightsbridge de Bogotá, cuando se le pregunta para qué sirve ponerse en los zapatos del otro (empatía), y completa su frase: “Construye mejores seres humanos y evita hacerles daño a los demás”.

La empatía es la capacidad de cada persona para comprender emocionalmente a otra, a otra cultura, otro modo de vida, otra creencia u otro momento histórico, explica Marcela Valle Cuéllar, psicóloga logoterapeuta y directora del Centro de Atención Familiar Sanar Psicoterapia.

“La falta de empatía está en la base de los problemas sociales –asegura Valle–. Subyace en todo lo que hace que la sociedad funcione: la justicia, el altruismo, la caridad, la colaboración, el amor. Hace posible la cohesión social y la fortaleza de un pueblo”. Por eso es importante que niños y adultos aprendan a ser empáticos.

Herrera explica que en los menores comienza a adquirirse desde los cuatro años, y el primer paso es educarlos en el reconocimiento de sus emociones y enseñarlos a nombrarlas. Una vez se logre esto, les será más fácil reconocer las emociones en otros.

En este proceso es clave que los padres muestren empatía en su día a día y enseñen con su ejemplo en situaciones sencillas como, por ejemplo, cuando alguien se tropieza: reaccionar con compasión y comprensión y no con burla. En ese momento es importante preguntarle al niño qué sentiría si fuera él quien estuviera en esa situación: si fuera quien se hubiera equivocado, golpeado, o de quien se hubieran burlado.

La psiquiatra infantil Paula Herrera asegura que la empatía sirve para adaptarse al entorno, entender contextos y comprender qué hacen los demás en determinadas circunstancias. “Cuando los niños crecen creyendo que son el centro y merecen todo, se les dificulta ponerse en los zapatos de los demás. Es vital que entiendan que tenemos diferentes necesidades y oportunidades”.

Mónica Manrique, facilitadora y directora académica de la escuela de liderazgo Origen, ha sido testigo de cómo la empatía hace posible aceptar la diferencia y cómo es posible crear con ella. Desde el 2009, por esta escuela han pasado más de 600 colombianos, con edades desde los 19 años hasta mayores de 65, entre desmovilizados de la guerrilla, de las autodefensas, militares, civiles, líderes sociales, ejecutivos, empresarios, indígenas, afroamericanos, de todos los estratos, quienes luego de conocer las historias de vida de otros han abierto sus corazones y cambiado sus líneas de trabajo.

“Los adultos pueden aprender a ser empáticos cuando son conscientes de que necesitan hacer cambios en su mundo interior para dejar el egocentrismo y situarse en el lugar del otro. Así se generan vínculos y relaciones sanas”, asegura Marcela Valle, y puntualiza: “El cambio solamente es posible cuando se está dispuesto a sintonizarse con los intereses y visiones de los demás, y no solo con los propios”.

Otra experta en este tema es Ximena Bernal quien por años ha enseñado yoga y meditación a personas de todas las edades, ha diseñado proyectos de educación alternativa y ha guiado procesos que permiten superar traumas y dolores internos. Con su experiencia, asegura que para ayudar a los adultos a generar empatía lo más importante es que aprendan a escuchar.

Y concluye: “Es clave dejarnos ablandar por el dolor del otro, por el nuestro y por el de los demás, dejarnos mover y conmover. La comprensión del otro es fundamental para la convivencia”.

Algunos casos especiales

La psiquiatra infantil Paula Herrera explica que existen casos en los que los niños pueden no ser empáticos, como los menores con autismo que tienen dificultad para reconocer las emociones de los otros y entender los contextos.

De acuerdo con el desarrollo del lenguaje que tengan estos pequeños y de qué tan comprometido esté su desarrollo cognitivo, es posible enseñarles racionalmente a ser empáticos.

Lo mismo puede hacerse con los niños con déficit de atención mixto, con hiperactividad e impulsividad, quienes pueden presentar dificultades. “Podrán aprender a identificar estados emocionales; ellos hacen un proceso de aprendizaje consciente en algo que para los demás es un proceso automático”, explica Herrera.

Se ha dicho que los sociópatas no tienen empatía. Herrera sostiene que sobre la sociopatía falta mucho estudio. Se sabe que en la minoría de los casos esta está dada por factores genéticos, pero en la mayoría es producto de traumatismos en la infancia por exposición a violencia familiar, abuso sexual infantil o exposición al conflicto armado. “Intuitivamente diría que hay casos severos en los que la falta de empatía no mejora”, afirma Herrera.

Los padres deben buscar el consejo de un profesional si el niño es cruel con los animales, si disfruta haciéndoles daño o si no muestra remordimientos cuando hace daño a los demás.

CATALINA GALLO
Para EL TIEMPO

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