Educación

Cómo educar niños que no maltraten a las mujeres

Si bien es cierto que en la educación se perpetúan estereotipos, en ella también está la solución.

Educación de los niños

Los expertos en educación coinciden en que el respeto al sexo opuesto se construye desde la infancia, tanto en casa como en el colegio.

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123RF

17 de febrero 2018 , 10:35 p.m.

“No llore, parece una niña”. “No juegue con carros, eso es de varones”. Estas son algunas de las frases que suelen escuchar los niños de padres, tíos, abuelos y profesores –y en general de la sociedad– sin ser conscientes de que así refuerzan estereotipos de género que pueden reflejarse en comportamientos machistas en su vida adulta.

Una solución para contrarrestar esta cultura machista está en la educación. Pero pensándola no solo en lo académico: se debe enseñar, principalmente en el hogar, pues allí genera más impacto. La igualdad de género y los valores en general se enseñan en primera instancia en casa y se refuerzan en la escuela.

Para que los niños de esta época no repitan la historia y construyan una sociedad equitativa, se deben cambiar ciertas prácticas bajo una premisa sencilla: el mejor educador es el ejemplo. Si un niño se cría en un ámbito de violencia intrafamiliar es probable que lo reproduzca en su futuro hogar. Y si lo que ve es respeto, cariño, tolerancia e igualdad, también lo podrá reproducir. “De una generación a otra se transmiten tradiciones y roles que pueden ser machistas”, explica el doctor en educación Luis Miguel Bermúdez.

El género no debe limitar

Y algo similar ocurre en el sistema educativo. Diana Gómez, feminista y profesora del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (Cider), de la Universidad de los Andes, dice que la educación ha tenido una gran responsabilidad en el mantenimiento del patriarcado y, en consecuencia, de las prácticas machistas. “En términos de género, mucha de la educación que recibimos desde niños repite visiones estereotipadas de las mujeres y refuerza la idea de que hacen parte de ciertos espacios y deben tener ciertos comportamientos e, incluso, emociones –afirma ella–. Y lo mismo pasa en relación con los hombres”.

Uno de los puntos de partida para educar en igualdad de género es criar a los niños por fuera de estereotipos, para que no se vean limitados por su género. Como lo han demostrado varios estudios científicos, en los primeros años de vida se genera gran parte del desarrollo socioemocional del individuo. Y la identidad se construye a partir de cómo se relacionan los niños con los adultos –entre otras cosas–, según el informe ‘Desarrollo emocional, clave para la primera infancia’, de Unicef.

Una de las evidencias de que los niños reproducen lo que ven en sus hogares es la relación que hay entre aquellos que vivieron en entornos violentos y que en su adultez son agresivos con sus parejas.

“En el caso de los varones, vivir violencia en el hogar durante la infancia hace 2,5 veces más probable que agredan a su pareja de adultos, ya que han aprendido que el que tiene más poder en una relación puede usar la violencia para imponer su autoridad. Y las mujeres que de niñas vivieron violencia en el hogar también tienen mayor probabilidad de ser agredidas en sus relaciones de pareja”, sostiene Clara Alemann, consultora de la División de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En el caso de los varones, vivir violencia en el hogar durante la infancia hace 2,5 veces más probable que agredan a su pareja de adultos

Sin embargo, es importante tener en cuenta que este es un factor predictor, no concluyente: no se puede asegurar que, por el hecho de presenciar violencia en el hogar, el niño la reproducirá en su futuro hogar. También hay maltratadores que no sufrieron violencia en la niñez.

La especialista del BID señala que esa correlación se presenta no solo con las agresiones físicas, sino también con las actitudes machistas. En este punto es clave aclarar que rechazar estereotipos de género no significa que las niñas no puedan jugar a la cocina o que los niños tengan que hacerlo, por ejemplo; la clave es no inculcar actitudes de rechazo a partir de estos preconceptos.

Los expertos aseguran que estos estereotipos son más marcados en los niños; aquello que tiene que ver con lo que se considera socialmente como femenino es negativo en un hombre; por ejemplo, el color rosado. En Colombia se ha visto hasta líderes gremiales que critican a hijos de políticos por usar camiseta rosada. Cuando ese tipo de estereotipos se marcan desde la infancia, esto repercute en una versión de masculinidad que ve a la mujer como inferior, aseguran los expertos.

Marcela Henao, asesora de género de la fundación Plan, explica: “Es necesario darles espacio a la emoción, a la sensibilidad. Está bien llorar, sentirse frustrado, está bien a veces no saber qué hacer, está bien a veces no sabérselas todas... Eso es muy importante para los niños, que se conecten con las emociones y no estén todo el tiempo demostrando que tienen que ajustarse a la versión tradicional de la masculinidad”.

¿Criar hijos feministas?

Una solución que se ha propuesto y que se refleja en un artículo reciente del 'New York Times' es criar hijos feministas. Y se refiere principalmente a los varones. “Estoy contenta de que hayamos comenzado a criar a nuestras hijas más como a nuestros hijos, pero no funcionará hasta que criemos a nuestros hijos más como a nuestras hijas”, señaló la reconocida feminista Gloria Steinem. EL TIEMPO les preguntó a varios expertos si hay que educar hijos feministas. Estas fueron sus respuestas:

Educar en el respeto

Luis Miguel Bermúdez, nominado al Global Teacher Prize: “Prefiero criar a un hijo en el respeto de los derechos humanos y reproductivos, y no en el feminismo. Se trata de construir una generación respetuosa de la diferencia, que reconoce que debemos saldar la deuda histórica con las mujeres. Un hijo criado así es un sujeto que además reconoce que en la diversidad está la riqueza de una sociedad”.

En la no violencia

Marcela Henao, asesora de género de la fundación Plan: “Que conozca los valores fundamentales de la igualdad de derechos y de oportunidades; de la no violencia o de una vida libre de violencia para ellos y para las personas que los rodean, casi que para todo aquello que tiene vida. La violencia tendría que desaparecer de nuestras prácticas. También es criar en la cooperación y no en la competencia. Y criar dándoles un lugar predominante a la emoción, a los sentimientos, y que eso sea igual de valioso que la razón”.

El ejemplo es fundamental

Julián de Zubiría, rector del Instituto Alberto Merani: “Los hijos aprenden del hogar una parte esencial de su ética. En los valores nos parecemos a nuestros padres. Los hijos aprenden de la manera como los padres tratan a sus esposas, hermanas e hijas, como se refieren a otros personas. Los chistes y comentarios machistas forman hijos machistas. Los padres maltratadores forman hijos que maltratarán. Por ello, hay que educar desde el ejemplo y ser implacables cuando afloren actitudes machistas en el hogar. En ese momento hay que hablar con el hijo. Es bueno preguntarle al hijo qué diría si la víctima del acoso fuera su hermana.

El cambio sí es posible

Diana Gómez, feminista y profesora del Cider (U. de los Andes): “Educar a un hijo en feminismo es educarlo consciente de que en la historia han existido discriminaciones contra las mujeres y violencias que no pueden permitirse, que degradan la dignidad de las mujeres y, en consecuencia, degradan la dignidad de la sociedad. Es criar a un hijo consciente de que las cosas se pueden transformar, de que él tiene un rol en esa transformación; es educar a un hijo que hace cambios en la vida cotidiana. También es educar a un hijo que es consciente de otras discriminaciones, que tienen que ver con la raza, el origen geográfico y el pensamiento”.

Labores compartidas

Cindy Caro, magíster en estudios de género: “Educar hombres en el feminismo implica cambios sociales muy grandes. Hay cosas fundamentales en las que toda la ética del cuidado podría tener más valor; por ejemplo, todas esas labores que hemos hecho las mujeres históricamente, como el trabajo invisible: lavar, planchar, arreglar la casa, estar pendiente de los hijos; o el trabajo de cuidado: preescolar, enseñarles a los niños a leer... Esos trabajos son fundamentales para la sociedad y los hombres también pueden hacerlos”.

SIMÓN GRANJA
EL TIEMPO
En Twitter: @simongrma

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