Educación

La pertinencia de dormir o no con los hijos

Estudios aseguran que son más las desventajas cuando los niños se pasan a la cama matrimonial.

Dormir con los hijos

Hay excepciones en las que los niños pueden ir a la cama marital porque forman parte de la vida familiar. Por ejemplo, cuando se ve una película.

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123RF

21 de abril 2018 , 10:35 p.m.

Son las 12 de la noche, un grito rompe el silencio. Los padres corren al cuarto del niño. Prenden la luz y lo encuentran sentado en su cama, llorando. “Hay un monstruo debajo de mi cama”, dice.

La madre pasa la mano por la cabeza del pequeño y le limpia las lágrimas. El padre hace el amago de revisar bajo la cama y de paso abre el armario: “No hay nada, tranquilo. Ven con nosotros”, le dicen, y terminan durmiendo los tres en la cama matrimonial. Una práctica común y a simple vista, inocente.

Psicopedagogos y expertos en crianza coinciden en que cuando dormir con los hijos se vuelve hábito, se puede generar un daño en el desarrollo del menor. Incluso, puede afectar la relación de pareja.

Según la investigación ‘Trastornos del sueño en niños sanos’, del Hospital Nacional Profesor Alejandro Posada, en Buenos Aires (Argentina), el sueño es una de las funciones más importantes en la vida del niño. “Existe una íntima relación entre las actividades diurnas y las dificultades en el sueño. Estas se pueden asociar con conflictos familiares, trastornos del aprendizaje y con maltrato infantil”, asegura el estudio, y añade que entre el 20 y 30 por ciento de los menores tienen dificultades para conciliar el sueño o se despiertan durante la noche.

De la investigación se desprende que el 37,4 por ciento de los menores presentan trastornos del sueño. De los 25 niños que compartían la cama con los padres, 64 por ciento presentaban dificultades para dormir, mientras que los que dormían solos, o con otro niño, las referían en un 33,7 por ciento.

Aunque este fenómeno depende de las prácticas culturales, esa relación sí es frecuente en América Latina. Expertos consultados por EL TIEMPO lo confirman. Ana Rita Russo, directora del programa Pisotón en la Universidad del Norte, habla de los hitos del desarrollo, esas destrezas que el niño adquiere en su crecimiento. Entre esos está la alimentación, la dormida y el desarrollo motor, del lenguaje y afectivo. “Estas habilidades están marcadas en la etapa del paso de la dependencia absoluta que tiene un bebé de los padres, a lo que llamamos la dependencia relativa, en la cual el niño va logrando autonomía, autoestima, integración de la identidad y consolidación del ser”, explica la experta.

Dormir se enmarca en este proceso y es un proceso mutuo: el menor se desprende de los adultos, y viceversa. Según Russo, “es importante que en los tres primeros meses los padres duerman con el bebé para cuidarlo y protegerlo. Después debe pasar a su cuarto”.

La experta se dirige a los padres: “Todos los niños tienen que adquirir independencia, por ejemplo, en el proceso de alimentación. Imagínese a un niño de 5 años al que los papás le tengan que dar la comida. Lo mismo ocurre a la hora de dormir. ¿Para qué quiero que el niño duerma conmigo? ¿Soy yo quien no se desprende?

Es importante que en los tres primeros meses los padres duerman con el bebé para cuidarlo y protegerlo. Después debe pasar a su cuarto

La adaptación

Durante el tiempo de adaptación a la separación, se debe acomodar todo para que el niño se sienta protegido, explica Russo: luz apagada o tenue y que no haya ruido. Que se sienta en un espacio tranquilo.

Cuando el niño presenta problemas para dormir, generalmente se da por temores. Lo aconsejable es que los padres acompañen al niño mientras se calma y esperen a que se quede dormido. Deben explicarle que ellos están para protegerlo.

Con el tiempo, el niño dejará de sentir temor y podrá dormir de corrido. Según Russo, hay varias etapas en las que es frecuente que los niños se despierten. La primera, durante el periodo de lactancia, cuando el menor se alimenta cada tres horas aproximadamente. Luego, entre los 3 y 4 años, cuando creen en monstruos y tienen pesadillas. También a los 7 años, o antes, se pueden presentar temores. Es en estas situaciones cuando hay que tener paciencia y no permitir que el niño vaya a la cama de los padres.

Respetar espacios

Juana Patricia Chacón, psicopedagoga y rectora del Liceo Campestre Freinet del Norte, dice que es necesario enseñarle al niño que así como papá y mamá tienen un espacio para ellos, también hay uno destinado para él. “Si se decide dormir con el niño, no debería ser un tema de todo el tiempo ni de todos los días, ya que no se puede de ninguna manera desplazar ya sea a papá o mamá de la cama para darle la entrada al niño. En este aspecto se debe ser muy coherente”, explica Chacón. La realidad es que si no se respetan esos espacios y el niño termina sacando al papá de la cama, puede afectar la relación de pareja.

Claro que hay excepciones para llevarlo a la cama: tiempos de consentimiento, de charla, de películas, etc. Y en algunos casos, cuando el niño se pueda encontrar enfermo.

SIMÓN GRANJA MATÍAS
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @simongrma

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