Educación

Cinco lecciones que aprendí tras sobrevivir a la pesadilla del Icetex

Soy Carolina, estudié ingeniera industrial y quiero compartir la historia tras mi crédito educativo.

Carolina Bolaños

Decidí estar tranquila y confiada en que cuando pones tus cargas en Dios siempre vendrán cosas buenas.

Foto:

Cortesía de Carolina Bolaños

23 de mayo 2018 , 09:50 a.m.

Jamás voy a olvidar el día que vi por primera vez el 0.0 en el estado de cuenta del Icetex, fue en ese momento que tuve la certeza de que se trataba de un milagro. No había otra explicación. Pasé meses aprendiendo la lección de ser agradecida, pues cada vez que veía en el sistema que bajaba mi deuda, así no fuera mucho, era inevitable sentirme afortunada.

Cuando estaba en once ya tenía claro que quería estudiar ingeniería industrial, pero no sabía en dónde por temas económicos. Tampoco le daba muchas vueltas al asunto, sentía resignación.

Mis opciones eran pasar el examen de la Universidad Nacional o tener un alto puntaje en el Icfes para clasificar en la Universidad Distrital. Nada de eso pasó y terminé ese año frustrada y cruzada de brazos.

Creo que muchos me darán la razón al decir que en ese contexto siempre la primera voz que vas a oír es la de “no se puede, endéudate” o esa que te hace compararte con los demás bajo la lógica de “si los otros pueden enfocarse en estudiar 100%, por qué yo no”. Ahora, ya estando del otro lado, pienso que por presión uno pasa por alto posibles soluciones escuchando esas voces o por el mismo desconocimiento de las facilidades en becas y ayudas económicas.

En medio de esa crisis una tía se reunió conmigo en un café y me preguntó qué iba a hacer. Le dije que no sabía, al fin y al cabo no tenía la plata para empezar una carrera. De la nada ella decidió darme "el empujón", jugársela por mi sueño y apoyarme con el primer semestre, luego yo tendría que mirar cómo seguía estudiando.

Logré conseguir un cupo en la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito. En esa época el precio se determinaba por declaración de renta y por eso, comparado con el de muchos de mis compañeros, el valor de mi semestre era de los más bajos: $2.700.000.

Un mensaje para los que están por entrar a la universidad

Graduada, pero endeudada
CómoSalíDe la deuda de mi universidad

Me gradué el 29 de septiembre de 2012.

Foto:

Carolina Bolaños

A mitad de ese primer semestre empecé a averiguar por los tipos de créditos educativos y los requisitos que debía cumplir para aplicar a ellos. Al final, opte por el ‘Access a largo plazo’ del Icetex que consiste en que pagas el 25% en el momento de matricularte y el 75% una vez te gradúas.

Sí, sé que se puede trabajar de día y estudiar de noche, pero entré a una universidad que solo tenía horario diurno y ya iba a terminar primer semestre, no me podía dar el lujo de perder mi tiempo y la plata que ya había pagado mi tía, por eso decidí endeudarme.

Inicialmente fue fácil, era una salida inmediata. Las consecuencias las vi en el largo plazo. Puedo decir que solo empecé a dimensionar lo que significaba tener un crédito un año antes de salir de la universidad. Es ahí cuando uno entiende en qué se está metiendo, empiezas a oír los planes de todos tus compañeros y el tuyo solo puede ser uno: pagar una deuda.

Empecé a dimensionar lo que significaba tener un crédito un año antes de salir de la universidad

Veía gente que hablaba de hacer una especialización, viajar, estudiar inglés, comprar casa propia y yo solo podía pensar en liberarme del Icetex. Por eso, tan pronto comencé mi práctica profesional empecé a abonar a la deuda y cuando entré a trabajar decidí apuntarle a pagar lo más pronto posible.

Mis desembolsos estuvieron sobre los $ 26'560.280, las cuotas que me había establecido Icetex fueron de aproximadamente $ 250.000 a nueve años y mi meta era tratar de pagar eso en 5 años ¡Nueve me parecía una eternidad!.

Lo primero que hice fue no tomarme el año de gracia y ahorrar de donde fuera para abonar entre $ 500.000 y $ 600.000 mensuales. Unos meses la lograba, otros no. Tuve que hacer todo tipo de sacrificios, desde ser medida en lo que compraba, olvidarme de las salidas con las amigas, hasta pensar mil veces antes de gastar en comida.

Solo me enfocaba en lo que era prioridad: mi casa, ayudar con la universidad de mi hermano para que no tuviera que endeudarse como yo, pagar mi crédito educativo y el estar apegada a Dios para no perder la paz.

Ahora que lo escribo suena sencillo, pero la verdad es que no fue fácil saber que era una joven recién graduada que trabajaba muy duro, pero que al final del mes no se quedaba con nada para ella porque todo se iba a gastos básicos y el Icetex.

Era una joven recién graduada que trabajaba muy duro, pero que al final del mes no se quedaba con nada

Libre al fin

Estaba obsesionada en pagar la deuda. Cada tres días, o cada semana, entraba a la página para ver el estado de mi crédito, hacer cuentas de lo que me faltaba y de paso seguir soñando con salir de eso. Uno no debe ser ignorante y vigilar el estado de la cuenta, que esté bajando la deuda porque el sistema puede ser negligente.

En esa época estaba trabajando en una empresa en donde mi contrato no era directo sino por 'outsourcing' y después de un poco más de dos años decidieron cambiar de contratista.

Al sumar el dinero que me dieron por liquidación, indemnización, vacaciones de dos años y un bono extra daba un total aproximado de $ 8.500.000, un poco más de lo que me faltaba para pagar y terminar con ese capítulo de mi vida. No me importó quedarme sin nada, sin pensarlo mucho pagué la deuda. Actualmente puedo decir que no fue en nueve, que era lo que quería el Icetex. Tampoco en cinco años, que era a lo que me había proyectado. Lo logré en tan solo dos años y medio gracias a un milagro. Aún pienso en eso y recuerdo ese sentimiento de libertad que solo puede entender alguien que también ha vivido lo mismo.

Es curioso porque entre tanto temor que había en la compañía llegué a pensar que me iban a sacar, pero al final no solo seguí trabajando sino que algo sobrenatural sucedió. Fue volver a respirar sabiendo que por fin había salido de eso.

Era tan inexplicable que en un momento pensé que se había tratado de una ilusión, pues dos meses después de salir del crédito llamaron a mi deudor solidario, el fiador, y le dijeron que el crédito no estaba pagado. Afortunadamente siempre fui muy ordenada y tenía todas las pruebas, entonces tras llevar el comprobante de pago se confirmó que el estado estaba en cero.

Si tuviera la opción de regresar al pasado y volver a decidir cómo pagar mi carrera intentaría que no fuera con el Icetex,  sé que hay mejores maneras. Pero aunque alguna vez lo vi como una de mis peores maldiciones, ahora puedo decir que todo ayuda para bien y que esta experiencia me llevó a adquirir un poco más rápido conciencia financiera, pensar en mi futuro y ser administradora no solo de plata sino de mi vida.

¿Icetex o no?

CómoSalíDe la deuda de mi universidad

Una prueba de mi libertad financiera-

Foto:

Carolina Bolaños

¿Qué aprendí?

Puede que muchos piensen que es un caso en un millón, pero estoy segura de que todo esfuerzo siempre da un fruto. No se compare, no se desespere, solo siga trabajando y cuando menos piense la deuda habrá terminado. Si resumiera las lecciones que me dejó esta experiencia, serían las siguientes: 

A pensar siempre a futuro

A veces pensamos en lo que necesitamos para el hoy, máximo al año. Pero el Icetex me llevó a proyectarme siempre viendo que yo siembro en el hoy para el mañana. 

Administrar lo que tengo a la mano

Aprendí que aunque tenga deudas no puedo dejar de ser sabia financieramente. Que no hay cifra pequeña que no se pueda administrar.

Nunca es poco para dar

Descubrí el secreto que hay tras dar a otros, pues eso trae bendición. Por ejemplo, en mi caso era aportar a los estudios de mi hermano, no le podía dar mucho pero abonaba a mi deuda e intentaba ayudarlo.

Dar gracias hasta por lo más pequeño

Descubrí que la vida se hace fácil cuando eres agradecido, para mí era muy gratificante cada vez que bajaba la deuda por más pequeño que fuera el porcentaje que se restaba.

Ser esforzada

Esta situación me llevó a dar lo mejor de mí en todo, recuerdo que hacía cuentas de cuánto costaba mi día de trabajo y eso me motivaba a hacer que valiera la pena.

CAROLINA BOLAÑOS DÍAZ
Especial para EL TIEMPO
*Este texto contó con la edición, construcción periodística e investigación de DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ, periodista de ELTIEMPO.COM.

Si quiere compartir su testimonio con nosotros en la sección #CómoSalíDe puede escribirnos al correo diarav@eltiempo.com. Todas las historias son valiosas para este espacio.

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