Vida

Primeras estrellas se ‘encendieron’ 180 millones de años tras Big Bang

Con una antena de radio se detectaron señales de gas hidrógeno procedentes del Universo primigenio.

Primeras estrellas del Universo hechas por un artista

Diseño hecho por un artista de cómo se hubieran visto las primeras estrellas del universo.

Foto:

N.R. Fuller, National Science Foundation / Reuters

28 de febrero 2018 , 06:24 p.m.

Las primeras estrellas comenzaron a iluminar el Universo unos 180 millones de años después del Big Bang, tiempo que coincide con las primeras evidencias de la existencia de hidrógeno en el Universo y que han sido detectadas por un grupo de científicos, según publica la revista Nature.

Astrónomos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y de la Universidad estatal de Arizona, ambos en EE. UU., lograron con una antena de radio del tamaño de una mesa ubicada en el oeste de Australia detectar tenues señales de gas hidrógeno procedentes del Universo primigenio.

Los científicos, según un comunicado, han rastreado esas señales hasta 180 millones de años después del Big Bang, lo que las convierte en las primeras evidencias de hidrógeno observadas.

El gas estaba en un estado que solo habría sido posible en las primeras estrellas, las cuales surgieron en un Universo desprovisto de luz y emitieron radiación ultravioleta que interactuaba con el hidrógeno circundante. Como resultado, los átomos de hidrógeno por todo el Universo comenzaron a absorber la radiación de fondo (una forma de radiación electromagnética que existe en el Cosmos), lo que supuso un cambio fundamental que los científicos pudieron detectar en forma de ondas de radio.

Este descubrimiento proporciona evidencias de que las primeras estrellas pudieron haber empezado a parpadear aproximadamente 180 millones años después del Big Bang, agrega la nota. “Esta es la primera señal real de que las estrellas están comenzando a formarse y empezando a afectar al medio que las rodea”, según el coautor del estudio y científico del Observatorio Haystack del MIT, Alan Rogers.

El experto explicó que lo que estaba ocurriendo en ese periodo es que parte de la radiación de las primeras estrellas estaba empezando a permitir que el hidrógeno se viera en ciertas frecuencias de radio.

Tras el Big Bang, el universo era un lugar oscuro, en el que no había estrellas ni galaxias y estaba principalmente lleno de gas hidrógeno neutro. Tuvieron que pasar entre 50 y 100 millones de años para que la gravedad fuera tirando de las áreas más densas de gas hasta que empezó a formar estrellas.

Han hecho falta doce años de investigación para detectar las huellas de las primeras estrellas del Universo, para lo que se han usado señales de radio. Dichas señales han proporcionado “la primera evidencia de que los antepasados más antiguos de nuestro árbol familiar cósmico nacieron solo 180 millones de años después del comienzo del universo”, según un comunicado de la Universidad de Arizona.

Algunas características en las ondas de radio detectadas también sugieren que el gas hidrógeno y el Universo en su totalidad debían de ser dos veces más fríos de lo que los científicos habían previamente estimado, con una temperatura de unos -270 grados centígrados.

El equipo de investigadores no está seguro de por qué el Universo temprano era mucho más frío de lo supuesto, pero algunos científicos han sugerido que la interacción de la misteriosa materia oscura “podría haber tenido algún papel” en esta circunstancia.

Para el director del Observatorio de Haystack, Colin Lonsdale, estos resultados “requieren algunos cambios en nuestra actual comprensión de la evolución temprana del Universo”. Así, consideró que puede afectar a los modelos cosmológicos y que los teóricos tienen que volver a ponerse “sus gorras de pensar para averiguar cómo pudo ser”.

Semejante descubrimiento se ha hecho usando una antena de radio del tamaño de una simple mesa que ha permitido “ver más lejos que los más poderosos telescopios espaciales, abriendo una nueva ventana al universo primitivo”, indico Peter Kurczynski, de la estadounidense National Science Foundation, que colaboró en el estudio.

EFE / Madrid

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