Ciencia

'La ciencia son los datos'

Análisis del biólogo Juan Armando Sánchez sobre la retractación de un artículo en 'Science' 

Larva

Imagen del artículo original que muestra una de las larvas con el microplástico en su estómago.

Foto:

Science

04 de mayo 2017 , 11:19 a.m.

Esta semana, la revista 'Science' oficialmente retractó uno de los artículos más influyentes del año pasado. Se trata de un estudio experimental que aseguraba, con un amplio margen estadístico, que las larvas de ciertos peces (Perca fluviatilis) prefieren las partículas de microplásticos sobre las de sus propios alimentos. Fotos de las larvas transparentes de estos pececillos mostraban inequívocamente las partículas oscuras de plástico en sus estómagos. Los datos generaban unas gráficas con barras diferentes, escalonadas y perfectas entre el control (sin plástico), el promedio y el nivel, con más plástico. No obstante, los datos de los experimentos, no existen hoy en día…

Todos los científicos -y me incluyo- soñamos con publicar nuestros resultados de investigación en revistas como Science y Nature. Su prestigio y tradición no tienen par. La teoría de la relatividad, el modelo helicoidal del ADN, la oveja clonada Dolly y el bosón de Higgs, entre otros, se suman a la lista de los resultados de mayor impacto publicados en sus páginas. Esta tradición, infortunadamente, tiene sus males y perversiones pues, ante todo, los resultados publicados allí deben ser extremadamente novedosos e impactantes. Otro ingrediente perverso tiene que ver con la dificultad para los científicos jóvenes de avanzar en sus carreras, donde un artículo en Science ó Nature casi garantiza el ofrecimiento de una posición de profesor asistente o la promoción a una posición de profesor asociado, sin hablar del prestigio que puede ganar el investigador en sus redes de colegas.

Digamos que diez o veinte años de un programa de investigación finalmente logran responder inequívocamente a un gran interrogante de la ciencia, y el experimento más importante y concluyente es el insumo perfecto para publicarse en Science o Nature. Quizás, el hecho de que Lönnstedt y Eklöv, de la Universidad de Uppsala, realizaran en cuestión de semanas un experimento donde las larvas de peces prefirieran los microplásticos a sus alimentos levantó sospechas entre colegas de la misma universidad y motivaran una investigación sobre la veracidad y la ética de los experimentos. Cabe aclarar que el hecho de encontrar resultados extraordinarios en un primer experimento corto no significa que no sea meritorio de ser publicado en las mejores revistas científicas. El problema radicó en que los autores no pudieron responder a las acusaciones de manipulación de datos imputadas por colegas de la misma universidad. Cuando empezaron las acusaciones los autores no presentaron los datos en bruto y, de hecho, informaron a la revista Science que el computador donde tenían los datos fue robado y que nunca fueron depositados en una base de datos independiente.

La ciencia son los datos. Esta triste historia muestra deficiencias tanto en el profesionalismo de los investigadores como en el proceso de revisión por pares y claramente en el manejo editorial, el cual es finalmente el control de calidad de las publicaciones científicas. Los datos en bruto deben publicarse junto a las publicaciones, deben estar al alcance de los revisores y del público en general. Es inconcebible que hasta en “las mejores familias” de la ciencia estas prácticas de transparencia no sean un requisito obligatorio. Los datos en bruto se pueden publicar como suplementos en línea de casi todas las revistas de ciencia, en repositorios especializados (por ejemplo, GenBank, arXiv y Dryad) o incluso en redes sociales de científicos como ResearchGate y Academia.

Este control de calidad debería ser un requisito de los financiadores de la investigación, de las universidades y centros de investigación, antes que una práctica voluntaria de los investigadores. Más aún, investigaciones financiadas con recursos públicos deben tener datos y resultados públicos. Claramente esto sigue siendo una enorme falencia de un sistema que ha cambiado muy poco desde los tiempos en que la Sociedad real de Londres estableciera las primeras revistas científicas en el siglo XVII.

Los plásticos son una de las muchas formas de contaminación del petróleo y sin duda el tipo de basura más extendida en el planeta. Claramente, se podría decir que representan el mayor derrame de petróleo en los mares y sus efectos en los organismos marinos son cada vez más obvios y preocupantes. No obstante, es un tema “sexy” para una revista científica y la presión por publicar novedades y rarezas claramente relaja los filtros mínimos de calidad científica, como tener los datos en bruto disponibles.

La revista Science retractó el artículo de Lönnstedt y Eklöv esta semana, pero desde diciembre declaró su preocupación por la ausencia de datos sobre un resultado tan impactante. Los comités de ética de la Universidad de Uppsala, igualmente, encontraron una seria de inconsistencias y falencias, pero al no tener los datos, sus sospechas de fabricación de estos no son totalmente concluyentes. Pese a esto, la lección es clara y contundente: la ciencia son los datos.

Juan Armando Sánchez, Ph.D.
Profesor titular, Universidad de los Andes
@biommar

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