Ciencia

Elon Musk, el millonario que revoluciona la industria espacial

El sudafricano es uno de los hombres más influyentes de la ciencia y la tecnología contemporáneas.

Elon Musk, creador de SpaceX y Tesla

Elon Musk es el cerebro detrás de empresas como SpaceX y Tesla.

Foto:

Joe Skipper / Reuters

10 de febrero 2018 , 11:05 p.m.

Majestuoso. Increíble. Maravilloso. Con estos y otros apelativos el mundo describió, boquiabierto, el que, sin duda, es el acontecimiento científico en lo que va corrido de este 2018. El martes, a las 3:45 p. m., hora colombiana, el colosal Falcon Heavy, el cohete más grande que existe (70 metros de largo, 64 toneladas de capacidad de carga y una potencia de más de 500 millones de libras de empuje), despegó hacia el cielo en su primera misión de prueba que, unos minutos más tarde, se confirmó como exitosa.

Luego de un par de aplazamientos ese mismo día, y tras superar la tradicional cuenta regresiva, los 27 propulsores tipo Merlin-1D del vehículo –divididos en tres núcleos– se pusieron en marcha y el Falcon Heavy –que costó alrededor de 90 millones de dólares– partió de la plataforma 39A del Kennedy Space Center, en la Florida (Estados Unidos).

El primer objetivo de la misión se cumplió cuando los propulsores funcionaron correctamente bajo el mando de los controladores de SpaceX, empresa fundada y dirigida por el sudafricano Elon Musk, uno de los hombres más influyentes de la ciencia y la tecnología contemporáneas, que cuenta hoy con más de 5.000 empleados. Un hombre que, como lo describe el periodista Neil Strauss en un completo perfil para la revista ‘Rolling Stone’, más que un emprendedor o un filántropo, debe ser considerado como un ingeniero, un arquitecto del mañana.

Sin ninguna educación formal en ingeniería aeroespacial o aeronáutica, Musk, de 46 años, logró el martes un hito en la carrera espacial: recuperar, intactos, dos de los tres propulsores de su cohete para su posterior reutilización (el tercero, que debía llegar a una plataforma en el Atlántico, no pudo hacerlo y explotó).

Una hazaña que servirá para abaratar considerablemente los costos de la exploración espacial y que las agencias espaciales gubernamentales más importantes del mundo, como la Nasa, la ESA y Roscosmos, aún ven como un sueño inalcanzable.

La imagen de los dos cohetes (de 70 metros de largo) aterrizando en posición vertical justo en los blancos previstos, al mismo tiempo, y con una sincronización digna del mejor ballet es, para los conocedores, un momento que se podría describir como sublime. “Ver cómo aterrizaban, de forma autónoma, es algo que hace solo diez años parecía ciencia ficción; ahora es posible gracias a la revolución en la tecnología electrónica, computacional y de sistemas de sensores, que nos permiten ver estas cosas que son maravillosas”, explica el ingeniero aeroespacial Pablo de León, quien fue consultor de SpaceX y también ha sido contratista de la Nasa en el desarrollo de futuros hábitats humanos en Marte.

Ver cómo aterrizaban, de forma autónoma, es algo que hace solo diez años parecía ciencia ficción

De León, que fue testigo del hecho en Cabo Cañaveral, reconoce que sintió algo de pesar al ver cómo Elon Musk era capaz de una proeza que la Nasa aún no está cerca de cumplir. “Lastimosamente, y a diferencia de SpaceX, la Nasa en estos momentos no cuenta con los fondos suficientes para llevar a cabo revoluciones de este tipo. En este sentido, la industria privada lleva la ventaja, una ventaja que les da la libertad de, incluso, darse el lujo de cometer ciertas locuras”.

De León se refiera a que, en una demostración de la más excéntrica estrategia publicitaria, en lugar de las tradicionales –y aburridas– cargas que llevan los cohetes en sus vuelos de prueba, como bloques de concreto o agua, Musk decidió poner en la nave un automóvil Tesla (marca de su propiedad) del modelo Roadster.

El carro, que debía ir a una órbita alrededor del Sol, entre la Tierra y Marte, pero que, por un error de cálculo, seguirá un camino incierto, no fue el único detalle curioso del lanzamiento. A bordo del vehículo iba, a modo de piloto, un maniquí vestido con uno de los trajes espaciales futuristas diseñados por SpaceX. Además, y a modo de guiño para los amantes de la ciencia ficción, en el tablero del carro se podía leer la frase ‘Don’t panic’ (No te asustes), en una clara alusión al libro ‘La guía del viajero galáctico’, de Douglas Adams.

Para De León, estas arriesgadas licencias parecían imposibles hace una década, cuando SpaceX daba sus primeros pinitos. “Tuve la oportunidad de visitar las primeras oficinas de la compañía y de conocer a Musk. Confieso que cuando vi el nivel de improvisación de lo que hacían ahí me dije a mí mismo que aquello no iba a funcionar, que no tenía la más mínima posibilidad de éxito. No podía estar más equivocado”, asegura, en medio de risas, De León, y agrega que, en su opinión, aquella inexperiencia entre esos universitarios recién graduados jugó a favor de ellos. “Con esa poca ortodoxia se animaban a hacer cosas que los ingenieros no se atrevían”. Y si no funcionaba, seguían intentando de otra manera”, afirma.

Con él coincide Julián Arenas, coordinador del programa de ingeniería aeroespacial de la Universidad de Antioquia, quien destaca que “Elon Musk y SpaceX aparecen en escena en un momento en el que la exploración espacial se había vuelto aburrida, pues desde los programas Apollo y de los transbordadores no había habido mayores innovaciones. Había evolución, pero no una revolución”.

De acuerdo con el académico, buena parte del mérito de Musk, cuyo fin es ser recordado como uno de los pioneros de la conquista humana de Marte, consiste en haber roto el monopolio que tenían las agencias gubernamentales y algunos pocos privados como Lockheed Martin, que, de alguna manera, sentían que tenían asegurado el mercado de los satélites comerciales y militares.

En opinión de Arenas, lo que se viene en el futuro en relación con SpaceX será mucho más emocionante que lo vivido esta semana: “Estamos en un momento de la investigación aeroespacial en el que las empresas privadas, incluidas otras como Blue Origin, les toman la delantera a las agencias tradicionales. No sería de extrañar que, en el futuro, el logo de SpaceX sea más reconocido que el de la misma Nasa”, puntualiza este experto.

Los otros negocios de Musk

El primer gran emprendimiento de Elon Musk, nacido en sudáfrica y educado en EE. UU., y con el que comenzó a hacer su fortuna, fue la plataforma de pagos en línea PayPal. Ha incursionado en industrias variadas: carros eléctricos con su marca Tesla; generación de energía solar, con Solarcity; transportes innovadores, con Hyperloop (para transportar personas y mercancías en unos enormes tubos); sistemas de inteligencia artificial, con Openai; y finalmente SpaceX, que está revolucionando la industria aeroespacial.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
En Twitter: @nicolasb23

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA