Ciencia

La perra Laika, enviada a morir en el espacio

Fue el primer ser vivo que orbitó la Tierra, en 1957, camino que luego siguieron los humanos.

Laika

La perra Laika, a bordo de la nave rusa Sputnik II.

Foto:

AFP

01 de noviembre 2017 , 02:38 a.m.

El 3 de noviembre se cumplen 60 años de una misión enmarcada por un ambiente de tristeza y unas circunstancias realmente dramáticas: el lanzamiento de la perrita Laika, primer ser vivo en orbitar la Tierra.

Apenas un mes después del exitoso lanzamiento del primer satélite artificial por la Unión Soviética, el Sputnik 1 –el 4 de octubre de 1957–, los científicos y técnicos, encabezados por el ingeniero aeronáutico Serguéi Koroliov, se vieron presionados por el líder comunista Nikita Krushev para realizar un gran evento con motivo de la celebración de los 40 años de la revolución bolchevique. Krushev, específicamente, quería un espectáculo que le permitiera hacer propaganda sobre la superioridad tecnológica soviética en plena Guerra Fría con Estados Unidos.

El objetivo inmediato en esta carrera espacial era enviar un ser humano al espacio, pero se consideraba esencial, primero, colocar en órbita a un animal y traerlo de vuelta sano y salvo, comprobando su estado luego de la experiencia. Tal misión con sistema de retorno no estaría lista sino hasta la primavera de 1958 con el Sputnik 2, pero a los políticos del Kremlin les pareció ideal para celebrar y destacar la excelencia del comunismo. Los científicos y técnicos no tuvieron más remedio que adelantar la misión. El Sputnik 2 ya se encontraba en construcción, pero apenas contaban con unos 20 días para el lanzamiento y aún no había diseño del sistema de retorno. El animal moriría en el espacio.

Para la misión seleccionaron varios perros de la calle de Moscú, a los que sometieron a diferentes pruebas y entrenamiento. Por supuesto, se consideró que un perro callejero sería más resistente a las duras pruebas que una mascota casera. Los requisitos eran que pesara menos de 6 kilos y midiera alrededor de 35 centímetros de altura, esto para poder entrar en la pequeña cápsula del Sputnik 2. Laika –en ruso ‘ladradora’–, una perrita de unos tres años de edad, llenó todos los requisitos para convertirse en el primer ser vivo en orbitar la Tierra. Uno de los directores del programa de perros de prueba describió a Laika como “tranquila y encantadora”.

En 2002 se reveló un informe científico ruso que concluyó que Laika murió sofocada por el calor al fallar el sistema de refrigeración

En solo un mes se preparó todo, incluyendo acostumbrar a la perrita a una comida gelatinosa llena de nutrientes, y severas pruebas en centrífugas y en confinamiento progresivo en espacios reducidos hasta por varios días, lo cual deterioró su comportamiento. Esto fue muy duro para todos los involucrados, pues sabían que Laika no regresaría nunca a la Tierra y moriría en el espacio. Tiempo después, las protestas de los defensores de los animales apenas fueron respondidas por los rusos con la afirmación de la existencia de un mecanismo que a los diez días de vuelo liberaba un potente veneno para eliminar piadosamente a Laika. La documentación conocida luego confirmó que no lo hubo.

Laika fue colocada en el satélite tres días antes del lanzamiento. En esa época del año, el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, es extremadamente frío, por lo que una manguera conectada a un calentador mantenía la temperatura de la cápsula. Dos asistentes monitoreaban a la perrita continuamente. El animal iba atado con un arnés para contrarrestar los efectos de la ingravidez, y a su alcance estaban el agua y la gelatina. Además, la cabina contaba con un inhibidor de dióxido de carbono y un generador de oxígeno, así como con un ventilador que se activaba cuando la temperatura superaba los 15 grados centígrados. Uno de los técnicos que prepararon a Laika diría luego: “Después de sujetarla en el contenedor y antes de cerrar la escotilla, la besamos en la nariz y le deseamos buen viaje, sabiendo que no sobreviviría al vuelo”.

Varios sensores en el cuerpo de Laika monitoreaban su estado cardíaco, respiración y presión. Durante el lanzamiento su pulso se elevó tres veces sobre la velocidad normal, pero luego se estabilizó. Aproximadamente luego de cinco a siete horas de vuelo no se recibieron más señales de vida. Laika había muerto.

En 2002 se reveló, en un congreso en Houston, un informe científico ruso que concluyó que Laika murió sofocada por el calor al fallar el sistema de refrigeración. Con su pasajera inerme, el Sputnik 2 continuó su misión y dio la vuelta al planeta 2.570 veces hasta que se desintegró al entrar en la atmósfera terrestre el 4 de abril de 1958.

Cuanto más tiempo pasa, más me arrepiento. Simplemente no debimos hacerlo. No aprendimos nada de esta misión que justificara la muerte de la perrita

Muchos animales han sido lanzados al espacio desde entonces, pero Laika fue la única que, se sabía, iba a morir en su misión. Aunque podríamos pensar que no fue en vano, pues se demostró que el ser humano puede viajar al espacio exterior. En 1998, Oleg Gazenko, uno de los científicos responsables de enviar a Laika al espacio, expresó su dolor por el evento: “Cuanto más tiempo pasa, más me arrepiento.
Simplemente no debimos hacerlo. No aprendimos nada de esta misión que justificara la muerte de la perrita”.
La misión de Laika es un ejemplo clásico de un mal resultado de la intervención de la política en un programa científico.

Entre los nombres asociados al glorioso inicio de la era del espacio, el de Laika sobresale en la memoria de todos. Ella se encuentra en varios monumentos dedicados a los héroes de la cosmonáutica soviética, incluyendo el develado el 11 de abril de 2008 en las instalaciones militares donde se preparó la misión; allí está su figura colocada en la parte superior de una mano-cohete. También se destaca en el monumento a los Conquistadores del Espacio, construido en 1964. Muchos países crearon sellos de correo con su imagen y hasta un trozo de suelo de Marte fue denominado Laika por los técnicos de la misión Mars Exploration Rover, de la Nasa.

Sin embargo, tal vez el homenaje más conmovedor lo encontramos en los cientos de clubes de astronomía que por todo el mundo ostentan su nombre. Y algunos pensamos que tal vez Laika no murió y continúa su misión descubriendo las maravillas del universo.

GERMÁN PUERTA
Para EL TIEMPO
*Coordinador científico del Planetario de Bogotá@astropuerta

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