Ciencia

Se desvanecen esperanzas de que haya vida en Trappist-1

Un reciente estudio explica cómo varios fenómenos generarían un entorno hostil para el sistema.

Trappist-1: la vida y otros misterios

El sistema planetario Trappist-1 es una versión compacta de nuestro propio sistema solar.

Foto:

Nasa

20 de septiembre 2017 , 08:17 p.m.

Cuando, en febrero de este año, la Nasa hizo el anuncio, con bombos y platillos, del descubrimiento de cuatro planetas en la denominada ‘zona habitable’ de la estrella Trappist-1 –a 40 años luz de distancia de la Tierra–, capturó la atención del mundo y puso a volar la imaginación de miles con la posibilidad de encontrar vida en aquel sistema.

Conviene explicar que la zona habitable corresponde al rango de distancias con respecto a la estrella en donde sería posible que los planetas alberguen agua en estado líquido en sus superficies, con condiciones similares de presión atmosférica a las de la Tierra, dado que las formas de vida conocidas requieren agua para su supervivencia.

Sin embargo, una investigación reciente llevada a cabo por científicos del Centro de Astrofísica del Observatorio Smithsoniano y la Universidad de Harvard muestra que en dicho sistema las condiciones podrían ser mucho menos favorables de lo que inicialmente se pensó. El estudio ‘El entorno magnetizado amenazante de los planetas de Trappist-1’, publicado en la revista especializada The Astrophysical Journal Letters, asegura que el ambiente de Trappist-1 es extremo y presenta grandes desafíos para los planetas que allí orbitan.

Los investigadores llevaron a cabo diferentes simulaciones numéricas –con ayuda de un supercomputador– de la influencia que tiene el campo magnético de la estrella y sus vientos estelares sobre los planetas del sistema, los cuales serían incapaces de retener sus atmósferas y, por ende, su posible contenido de agua líquida.

Los científicos encontraron que existen dos razones principales que llevan a esta conclusión. La primera está relacionada con la posición de la zona habitable alrededor de este tipo de estrellas y la segunda involucra las características de su campo magnético, el cual puede llegar a ser cientos –o incluso miles– de veces más fuerte que el de nuestro Sol, algo característico de las estrellas del tipo enana roja ultrafría, como Trappist-1.

Así lo asegura el astrofísico colombiano Julián Alvarado Gómez, coautor de este estudio, egresado de la Universidad Nacional, con título de doctorado de la Universidad Ludwig-Maximilian (Alemania).

Una estrella fría

De acuerdo con Alvarado Gómez, Trappist-1 es una estrella con baja masa y apenas un poco más grande que Júpiter, el planeta más grande de nuestro sistema solar. Estas estrellas se ven rojas, lo cual significa que emiten poca energía, a diferencia de estrellas como el Sol u otras más masivas, que a simple vista muestran colores que van del naranja-amarillo hacia el blanco-azul (siendo estas últimas las que más energía emiten).

“Las estrellas como Trappist-1 tienen temperaturas en su superficie de entre 2.300 y 3.800 grados Celsius, mientras que la del Sol es de aproximadamente 6.000 grados Celsius. El hecho de que Trappist-1 sea más fría implica que si se quisiera mantener la temperatura adecuada para permitir agua líquida en la superficie de los planetas, estos tendrían que estar mucho más cerca de la estrella”, explica Alvarado Gómez, bogotano de 32 años.

Y continúa: “A diferencia de nuestro sistema solar, en el que los planetas se encuentran a una distancia considerable del Sol –la Tierra, por ejemplo, está aproximadamente a 150 millones de kilómetros, o una unidad astronómica (UA)–, en Trappist-1 todos los planetas hasta ahora detectados están a una distancia inferior a la que hay entre el Sol y Mercurio –el primer planeta de nuestro sistema solar, a 0,39 UA de la estrella–. En el caso de Trappist-1, el planeta más cercano a la estrella está aproximadamente a 0,01 UA (un centésimo de la distancia entre el Sol y la Tierra)”.

Según el experto, esta corta distancia hace que el viento estelar barra las atmósferas que los planetas puedan tener. “En el caso más extremo –asegura–, los planetas de Trappist-1 experimentarían vientos estelares 10.000 veces más intensos que los que experimenta la Tierra por el Sol".

Alvarado Gómez recuerda que la anterior no es una situación ajena a nuestro vecindario planetario: la Tierra es constantemente bombardeada por el viento solar y solo es capaz de retener su atmósfera gracias al escudo protector provisto por su campo magnético o magnetósfera terrestre.

Ahora, cabe preguntarse si no sería posible, entonces, que los planetas del sistema Trappist-1 cuenten con escudos magnéticos protectores que les ayuden a sobrevivir los intensos vientos de su estrella.

“Lamentablemente, las simulaciones predicen lo contrario. Dichos campos magnéticos planetarios serían totalmente dominados por el potente campo magnético de la estrella, dada la cercanía de los planetas, lo cual generaría un efecto opuesto, canalizando las partículas energéticas del viento estelar directamente hacia ellos. El campo magnético del planeta terminaría amplificando el proceso de erosión de la atmósfera por parte del viento estelar”, explica el astrofísico.

El experto considera que este tipo de hallazgos son importantes porque llevan a los científicos a tener expectativas más sensatas frente a la búsqueda de vida como la nuestra en otros lugares del cosmos.

NICOLÁS BUSTAMANTE H.
Redactor Vida / Ciencia

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