Ciencia

Las ‘botellas’ que se pueden comer y no contaminan

Producirlas requiere 9 veces menos energía que una botella PET.

Envases comestibles

Los envases comestibles se crean mediante la adaptación de una técnica culinaria llamada esferificación.

Foto:

Guillaume Couche / EFE

22 de mayo 2017 , 01:07 a.m.

¿Ya se tomó el líquido? ¡Ahora cómase el envase! Así puede resumirse el funcionamiento de la nueva “botella” que puede masticarse e ingerirse en vez de ser arrojada a la basura contaminando el ambiente como los envases plásticos.

Según sus inventores, esta innovación podría ayudar a evitar que, cada año, lleguen a ríos y océanos millones de botellas de plástico, una vez convertidas en residuos, y a que se emitan a la atmósfera 300 millones de kilogramos de dióxido de carbono (CO2), durante la fabricación.

La botella Ooho ha sido desarrollada por el diseñador, arquitecto e ingeniero Rodrigo García González y el ingeniero Pierre-Yves Paslier, fundadores de Skipping Rocks Lab (SRL), que cuenta con el apoyo del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT) y un equipo de investigadores de la universidad británica Imperial College London (ICL).

Su invento es simple en apariencia pero, según la revista de la Institución Smithsonian de Washington (EE. UU.), “puede ayudar a enfrentar una de las amenazas ambientales más preocupantes del mundo: la contaminación plástica”.

El primer lanzamiento de SRL es Ooho, un producto para la hidratación, fabricado a partir de algas marinas y plantas, que permiten encapsular el agua y los jugos en envases flexibles, comestibles y biodegradables, similares a burbujas gelatinosas del tamaño de una pelota de golf o tenis de mesa.

Este empaque está inspirado en la forma en que la naturaleza encapsula líquidos, usando membranas, y se basa en la técnica culinaria llamada esferificación. Fue ensayada con distintos ingredientes, proporciones y dimensiones, hasta encontrar la receta para crear Ooho mediante una doble membrana gelatinosa, según el EIT.

La esferificación se usa en la cocina moderna y consiste en recubrir un alimento líquido de una membrana fina, dándole forma de esfera, al aplicarle un espesante natural basado en un derivado de las algas pardas denominado alginato de sodio y en el cloruro de calcio, que le confiere a la capa exterior del fluido una consistencia de gelatina.

Según Paslier, estas cápsulas se descomponen al contacto con elementos químicos naturales por la acción de agentes biológicos, como el sol, el agua, las bacterias, las plantas o los animales en un periodo de cuatro a seis semanas, y están hechas de un material tan natural que puede comerse, si la persona lo prefiere, en lugar de poner sus residuos en la basura.

Para la producción de Ooho se requiere 5 veces menos CO2 y 9 veces menos energía que una botella de PET convencional, además de ser más barata que el plástico, dicen los inventores.

Paslier describió el producto al diario británico ‘The Guardian’ como un “fruto hecho por el hombre”, que usa una doble membrana para contener agua y explica que “el hecho de que sea comestible, demuestra lo natural e inofensivo que es este material”.

Las primeras versiones de este envase vienen en tres tamaños, de 20, 55 y 150 mililitros, contienen agua con distintos sabores y se comercializarán a menor escala en tiendas y festivales.

EFE

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