Ciencia

El misterioso estallido en Tunguska, explicado por Germán Puerta

En junio de 1908 tuvo lugar este extraño fenómeno natural, que aún es objeto de estudio.

Tunguska

El 30 de junio de 1908, en los bosques del río Tunguska en Siberia, a las 8 horas y 17 minutos hora local, se produjo una violenta explosión.

Foto:

Archivo particular

29 de junio 2018 , 05:32 p.m.

El 30 de junio de 1908, en los bosques del río Tunguska, en Siberia, a las 8 horas y 17 minutos, hora local, se produjo una violenta explosión. Una inmensa área forestal de aproximadamente 2.200 kilómetros cuadrados fue completamente asolada; en su centro todo quedó destruido, y a su alrededor todos los árboles cayeron en forma radial, apuntando hacia el centro, mientras rebaños enteros de renos quedaron aniquilados.

Por fortuna, la zona estaba deshabitada. Los primeros testigos, a 60 kilómetros del siniestro, reportaron una extraordinaria luminosidad y una brusca elevación de la temperatura que quemó algunas cabañas y hasta el pelo y la ropa de varias personas. La detonación se oyó a más de 900 kilómetros, con tal fuerza que se reportó rotura de cristales a 650 kilómetros del sitio. Los sismógrafos de la ciudad de Ikustsk, 2.000 km al sur, registraron un sismo en una remota región llamada Tunguska.

El fenómeno también se sintió a escala mundial: dos ondas de presión atmosférica le dieron la vuelta al planeta, y las altas capas de la atmósfera se iluminaron de modo extraño durante dos meses. ¡En Moscú se podía leer el periódico en las noches sin luna!

Pero el evento de Tunguska pasó inadvertido por los científicos durante 20 años, debido a las enormes dificultades de acceso a una región tan remota y a la turbulencia política de la Rusia de entonces. En 1927, el geólogo ruso Leonid Kulik lideró la primera expedición científica al sitio y constató la destrucción del bosque, la ausencia de un cráter y ningún rastro de fragmentos de meteoritos. Pruebas magnéticas, excavaciones y sondeos en lagos y pantanos fallaron en detectar un simple gramo de algún metal meteórico. Entonces, ¿qué sucedió en Tunguska?

¿Era un meteoro?

Algunas explicaciones muy originales mencionan el choque de partículas de materia con antimateria, un agujero negro errante y hasta el accidente de una nave extraterrestre. Ahora se sabe que la explosión de Tunguska fue un evento necesariamente producido por un objeto proveniente del espacio exterior. Si el impacto hubiera ocurrido apenas unas ocho horas antes, la ciudad rusa de San Petersburgo habría desaparecido.

Las investigaciones aéreas se iniciaron en 1935 y permitieron establecer que, a juzgar por la disposición de los restos del bosque, la catástrofe fue producida por una explosión a unos 7 km de altura. Las primeras estimaciones aseguraron que el evento tuvo la fuerza equivalente a 180 veces la bomba atómica que arrasó Hiroshima. Según los testigos entrevistados, el objeto responsable entró con un ángulo de entre 10 y 30 grados sobre el horizonte, y la cola de fuego del bólido tenía 800 km de largo.

Si el impacto hubiera ocurrido apenas unas ocho horas antes, la ciudad rusa de San Petersburgo habría desaparecido.

Hay diversas hipótesis que señalan al responsable del evento como un meteoro, fragmento de asteroide o de cometa. Simulaciones realizadas muestran que un objeto tipo bólido, de entre 5 y 100 metros de diámetro, al ingresar a la atmósfera es sometido por el aire a una intensa presión en el frente y a otra casi inexistente en la parte trasera. Como resultado de la diferencia de fuerzas y temperaturas, el objeto se deshace súbita y violentamente.

A su vez, los fragmentos son sometidos a la misma diferencia de presiones y continúan destruyéndose.
Todo esto sucede en décimas de segundo, por lo que un objeto sólido se transforma en una nube de residuos y, literalmente, en una explosión en el aire. Y lo que produce el daño es la onda de choque.

El misterio sobre la identidad del intruso aún permanece en cuanto a si contenía hielo, roca, hierro o algún otro material; su grado de porosidad, o cuáles fueron su velocidad y su verdadero ángulo de ingreso. Los meteoritos metálicos son fuertes y densos y pueden caer casi intactos. Entonces, el objeto ideal en Tunguska, para un grupo de estudio de la Nasa, sería un meteoro pétreo de unos 50 metros cuya explosión arrojó suficiente polvo en las capas altas de la atmósfera como para bloquear la luz del Sol durante varios días.

Sin embargo, a los rusos les gusta la idea del cometa y no les atrae la del asteroide. Simulaciones recientes indican que el objeto que asoló Tunguska era más pequeño de lo estimado, lo cual tiene serias implicaciones, pues tales colisiones serían entonces mucho más probables. La nueva teoría indica que la explosión generó una onda que se transportó hacia abajo a una velocidad mayor que la del sonido y tomó la forma de un chorro de gas de alta temperatura que se ensanchó con violencia, tumbando árboles y matando los animales. Esta interpretación afirma que en el momento del choque, el bosque no gozaba de buena salud, por lo que las estimaciones anteriores exageraron algunos aspectos de la devastación.

¿Y si ocurriera en el presente?

¿Cuál sería el resultado de un evento tipo Tunguska sobre una zona habitada o urbana? Respuesta inmediata: una catástrofe.

Las tablas de riesgo de colisiones señalan que un impacto de la Tierra con un objeto de entre 50 y 100 metros sucede una vez cada 50 a 500 años. Pero impactos menores son muy frecuentes, como el que ocurrió en la ciudad rusa de Chelyabinsk en 2013, que produjo más de 1.000 heridos por rotura de cristales y ventanas; o el acaecido el 9 de marzo de 1687 sobre Santafé de Bogotá, hacia las 8 p. m., cuando se escuchó un ensordecedor ruido que produjo un intenso pánico entre los habitantes. Aquel evento se conoce como ‘el tiempo del ruido’.

El estudio de cometas y asteroides es prioritario en las agendas de las agencias científicas, y su monitoreo es constante para detectar en el espacio estos peligrosos visitantes, pues el estallido de Tunguska es la prueba reina de un evento que ha sucedido muchas veces antes, y con toda certeza volverá a suceder.

GERMÁN PUERTA RESTREPO
Divulgador científico

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