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Actualizado 12:15 a.m. - viernes 18 de abril de 2014

Vida de hoy 11:17 p.m.

Ya no es un adagio popular, ¡la envidia puede matar!

Considerada 'pecado capital', cuando se vuelve un trastorno mental puede llegar a ser mortífera.

Carlos Aguilar, padre de Christian, el joven colombiano que fue asesinado por su mejor amigo, Pedro Bravo, el año pasado en Florida (EE. UU.), les dijo a los medios de comunicación que una de las razones que tuvo Bravo para matar a su hijo fue la envidia.

El joven cometió el crimen precisamente después de enterarse que Christian había ingresado a la Universidad de Florida.

En el 2009, se hizo famoso el caso de un muchacho argentino, de 15 años, que mató a su hermana y a su sobrino porque, según confesó, sentía envidia de que les fuera bien.

"Los principales casos de envidia patológica en su máxima expresión y que terminaron en muerte o en agresión están en la Biblia", nos dice el doctor Saúl F. Salischiker, psiquiatra y psicoterapeuta argentino. "Caín mata a su hermano Abel por envidia, y José, hijo menor de Jacob, es vendido como esclavo por sus hermanos por lo mismo2, recuerda.

La envidia, no solo es una de las más potentes causas de infelicidad sino que, "siendo universal, es el más desafortunado aspecto de nuestra naturaleza", según el filósofo británico Bertrand Russell (1872-1970), Nobel de Literatura 1950.

El griego Aristóteles decía que envidiamos, por lo general, a quienes son como nosotros en cuanto a género, edad, nivel social y hoja de vida.

Todos sentimos envidia, en mayor o menor grado, pues "siempre surgen señales como el de calificar de 'injusta' la ventaja que tiene otro sobre uno o, de ‘arrogante’ al sujeto de nuestra envidia", nos dice el doctor Richard Smith, psicólogo e investigador de la universidad estadounidense de Kentucky, quien escribe un libro sobre el tema.

Pero, para algunos, la envidia es un vía crucis: los enferma, les impide dormir, comer, amar o simplemente disfrutar de las cosas buenas de la vida.

La envidia puede ser muy peligrosa e incluso convertirse en obsesión. El envidioso patológico no dudará en emplear las peores armas para exterminar a su víctima, tanto social, profesional, familiar, emocional y hasta físicamente, y utilizará los métodos más despreciables como la difamación, el chisme o la agresión física o psicológica.

Investigaciones

Hoy los investigadores estudian los circuitos neuronales y evolutivos de la envidia y el porqué se puede llegar a padecer este mal como si fuera una enfermedad física.

Los japoneses descubrieron, por ejemplo, que cuando una persona sentía rabia y hostilidad por su envidiado, se activaba la región cerebral donde se registra el dolor físico y que, cuando sentía placer por su ruina, se activaban los circuitos de recompensa del cerebro, según una reciente publicación de la revista Science.

Otros comienzan a analizar hasta dónde, con el desarrollo de la tecnología, las comunicaciones y la utilización de la red, se podría considerar a la envidia como un grave problema de salud pública.

De acuerdo con el doctor Smith, podría llegar a constituirse en un grave problema colateral de salud pública "si tenemos en cuenta la validez general de los hallazgos encontrados al respecto en Facebook… Existe alguna evidencia de que el uso de estas páginas exacerba sentimientos negativos relacionados con la envidia".

Facebook, en su opinión, "crea la falsa sensación de que los demás la pasan mejor debido, en parte, a que se presentan de manera positiva y dan una imagen de felicidad y éxito que, por lo general, no tienen".

Podrían ayudar a respaldar esa tesis algunos de los múltiples casos de matoneo, en los que se ha llegado hasta el suicidio, motivado por la difamación empleada por los envidiosos de turno. Según cifras extraoficiales, entre enero y mayo del 2011 se habrían suicidado unos 64 jóvenes colombianos, muchos de ellos por la presión del matoneo.

En un mundo tan materialista y consumista como el actual, en el que el dinero y el poder marcan el éxito o el fracaso, asociado a la inmediata difusión garantizada por la red, "es real que aumenten las posibilidades de un ser humano vacío y envidioso patológicamente, que no se detiene ante nada y que echa mano de todo tipo de herramientas para alcanzar lo que desea", admite el doctor Salischiker.

Pero, hoy no existe un diagnóstico clínico sobre la personalidad del envidioso, pero "debería existir", sostiene Smith. Tampoco "hay suficiente material empírico pero, el disponible, se relaciona, sobre todo, con el sentimiento de infelicidad, la baja autoestima y una actitud cínica frente a la vida", añade.
"El envidioso tiene la sensación de haber sido maltratado por el destino en la repartición de las riquezas y atributos y, por eso, para equilibrar, acude a la arbitrariedad, al abuso de poder, la zancadilla, el descrédito, etc., para hacer daño a su envidiado", dijo en una ocasión el psiquiatra colombiano Carlos Climent.

¿Qué es la envidia? Es definida como el sentimiento o estado mental que produce dolor y desdicha, por lo que tiene el otro en talento, inteligencia, éxito, dinero, cualidades sobresalientes, belleza o suerte, entre muchas otras cosas. También es "el pesar o la amargura que siente una persona cuando a su prójimo le va bien".

Otros la califican como "un vicio", que pocas o pocos tienen la fortuna de evitar y que, casi nadie desea experimentar porque nos hace sentir pequeños e

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