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Actualizado 07:43 a.m. - jueves 24 de abril de 2014

Vida de hoy 06:52 p.m.

Necoclí, playas con selva incluida en Urabá

Necoclí, playas con selva incluida en Urabá

En Urabá está este pueblo con 95 kilómetros de playa.

Foto: Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Con 95 kilómetros de playa, se mezclan las aguas del Caribe con las del río Atrato.

En Necoclí, los niños aprenden a bailar a la orilla del mar, de ese infinito Caribe que se descubre tras los cultivos de banano y una frondosa vegetación, que llega hasta el océano con el rumor de la selva.

Necoclí, con 503 años, es el municipio más antiguo del territorio continental americano. En sus 95 kilómetros de playas están condensados el Caribe colombiano, el empuje paisa y la estrecha relación con el Chocó, que es su vecino en el golfo de Urabá.

Hasta allí llegan las corrientes del Caribe y el furioso río Atrato, con sus seis bocas, que lo convierten en el segundo estuario más importante de la región.

“Los españoles fundaron aquí su primer poblado, por encontrar, según ellos, el primer mar de agua dulce del mundo. Botaron el agua podrida que traían en sus barriles y la cambiaron por la de este mar”, dice Óscar Higuita, guía turístico del municipio.

Él explica que, en la época en que arribaron los conquistadores, el Atrato era tan poderoso y vertía en el Caribe tal cantidad de agua que hacía que la del mar fuera mucho menos salada que ahora, por lo que entonces era posible beberla.

Visitamos esta región, en la que conviven la música, la selva y el mar.

Arena, selva y fútbol

Antes de llegar a Necoclí queda grabada la visión de una montaña achatada, entre el verde de los pastizales, los geométricos cultivos de banano y las montañas del Chocó, que se divisan a lo lejos.

Es el mar de Urabá, el que carga en sus aguas la esencia de la selva, los troncos y las plantas que llegan del Chocó.

“Este mar es de playa larga y para toda la familia. Solo a los muchos metros comienza a tornarse hondo”, resalta Jorge Arango, quien creó su sueño, Urantia, un jardín hotel a la orilla de las playas de San Sebastián, por Cañaflechal, allá donde pisó tierra el conquistador Alonso de Ojeda.

Esta es una de las varias playas que se pueden disfrutar cerca. En el propio municipio están las del Pescador, muy concurridas.

A 20 kilómetros hacia el sur se asoman las de El Totumo, donde se concentra la rumba. Hacia el norte, a unos 15 minutos, las playas de San Sebastián, que son las más ecoturísticas. Aún más lejos, a casi una hora, están las playas contiguas al cerro del Ángel y el manglar de la ensenada de Rionegro, al que se llega en lancha.

En estas franjas de arena también se aprende a jugar fútbol y a elevar cometa.

La esencia del Caribe

Cuando crecen, los necocliceños se tornan voluptuosos, sensuales. Acogen la rumba y descubren sus cuerpos caribeños, que se hicieron para sentirse y acogerse sin censuras ni convencionalismos. Basta con verlos bailar champeta o vallenato junto al mar para entender de qué se trata este mundo.

Aunque Necoclí pertenece a Antioquia, se rige por el reloj del Caribe. Aquí, la gente anda sin prisa, llevada y traída por la cadencia de un mar que es caníbal con su propia playa, que la va comiendo poco a poco y no respeta sus espolones.

En Necoclí, a diferencia de otras playas, la arena es fértil. Arango le atribuye esa cualidad a todo el material orgánico que por cientos de años ha dejado el río Atrato.

Por eso allí crecen besitos, sanjoaquines, veraneras, nísperos y almendros. Un paisaje que, sin duda, es distinto del que viene a la mente cuando se piensa en una playa.

Una recomendación importante al llegar a Necoclí es estar preparado para comer bien. Por eso hay que preguntar por doña Geo, quien prepara un delicioso arroz con cangrejo. Otro plan infaltable es probar la sierra de la región y, también, gozar del dulce de icaco, del bollo de maíz, el plátano y el coco, además del sudado o sancocho de pescado.

Carlos Mario Cano R.
Enviado especial de EL TIEMPO
Necoclí (Antioquia)

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