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Actualizado 08:35 a.m. - sábado 19 de abril de 2014

Vida de hoy 07:40 p.m.

Nariño, superlativo de la belleza

Nariño, superlativo de la belleza

Paisaje del sur de Nariño.

Este departamento asombra con su paisaje de retazos verdes. Tierra de volcanes y lagunas.

Nariño fue una epifanía para mí cuando, casi sin salir de la niñez, fui trasplantado de la magia de mis cafetales quindianos, ahora patrimonio de la humanidad, al hechizo nariñense de los trigales y cebadales que el viento convierte en mares de suaves oleajes.

'Campestremente' hablando, Nariño es el departamento más bello de Colombia, sobre todo en su extremo sur, con centro en Ipiales.

Se llamó Provincia de Obando porque cuando Bolívar pasó por la "ciudad de las nubes verdes", como llamó a Ipiales el ecuatoriano Montalvo, en una fiesta en su honor las señoritas Obando fueron las encargadas de ponerle una corona de laurel al Libertador.

Hoy la región se denomina Federación de Municipalidades de la exprovincia de Obando y engloba todos los municipios que rodean a Ipiales.

Aquí la belleza recibe todos los apelativos y superlativos: belleza idílica en la vida sencilla de los campesinos; belleza cromática en el colorido de las parcelas del trigo, la papa, el haba y la cebada; belleza majestuosa en los volcanes Chiles, Cumbal, Azufral y en el lejano Galeras, y cálida belleza del alma nariñense; en el corazón de cada habitante late un artista de la música y un campeón de la amabilidad.

La primera y obligada visita es al santuario de la Virgen de Las Lajas, una de las maravillas de Colombia. Impactan los miles y miles de placas que los devotos agradecidos allí han dejado. Las hay de expresidentes de Colombia, artistas, científicos, viajeros ilustres y gentecitas del montón, de Colombia y del extranjero. Una placa llama a la Virgen "contrabando del cielo".

Saliendo del enorme cañón del Guáitara, del cual parece brotar el santuario, nos empeñamos en recorrer los pueblos. Siempre me he declarado embelesado en el paisaje de las cuadrículas del minifundio, limitadas por cercas de árboles y que yo llamo 'retazo de calzón de pobre'.

En el campo nariñense puede haber pobreza, pero no hay miseria. El campesino es trabajador, estoico y perseverante, y hace rendir "la tierrita". Hablar con él, con el hombre de campo, es una delicia por los modismos típicos y por la musicalidad del tono.

Extraña comprobación: Nariño, la región que se opuso tenazmente a Bolívar en los albores de la independencia, tiene, sin embargo, los más espectaculares monumentos al Libertador.

Se trata invariablemente del héroe montado a caballo y la estatua se lanza al aire sostenida solamente por los cascos de las patas traseras; así se admiran las estatuas de Contadero, Guachucal, Gualmatán y Puerres.

La graciosa historia  de Carlosama es memorable. El pueblo se encuentra cerca de Ipiales y en la frontera con Ecuador. En la Conquista los nativos enviaron a Carlos V un regalo consistente en los frutos de la tierra.

Las papas viajaron así a lomo de mula hasta Honda, donde bajaron por el Magdalena y atravesaron el Atlántico para llegar a España y todavía seguir por tierra. Fue un viaje de meses y los tubérculos llegaron ya nacidos. El emperador, agradecido, les envió un mensaje que decía, entre otras cosas: "Carlos os ama"; y el pueblo quedó Carlosama.

Los habitantes de Contadero también le ponen humor, ese delicioso humor nariñense, a la historia de su pueblo. Dicen que se llama así porque en aquellos tiempos reunían el ganado en la plaza para contarlo. Este era el único lugar plano del pueblo. Entonces contaban el número de cachos y lo dividían por dos.

Dominan la gran meseta ipialeña los volcanes Cumbal, siempre empenachado de vapores, el Chiles y el Azufral. Al Cumbal suben los nativos y bajan azufre que venden para hacer ácido sulfúrico y también bajan grandes trozos de hielo envueltos en hojas de frailejón.

Con el hielo hacen deliciosos cholados, que venden en la plaza del pueblo de Cumbal. Por la cima del Chiles pasa la frontera entre Colombia y Ecuador.

El ascenso al Azufral, que con sus 4.000 metros es el más bajo de los tres volcanes, es relativamente fácil por un sendero que de manera suave lleva al caminante desde la vereda de El Espino hasta depositarlo en la cima, cuyo cráter llena una laguna que semeja una esmeralda verde oliva.

Vecino al Azufral se eleva un pico que se dispara solitario y filudo, como queriendo perforar el cielo. Lo llaman Gualcalá o Dedo de Dios.

Casi a la cumbre del Azufral se puede llegar por un carreteable que sale de Túquerres. Cerca de este municipio se encuentra Guaitarilla, cuyo entorno tiene, para mí, los más bellos paisajes de las cuadriculas del minifundio boyacense.

La iglesia de Guaitarilla es un soberbio y colorido templo que se divisa ala distancia en medio del pueblo, como coronándolo.

Quizas la mas espectacular estatua del Libertador se encuentra en Gualmatán, pueblo que se ufana de ser la cuna del inventor del helicóptero, y un monumento al cacique que vivió en esas tierras así lo proclama.

Un inmenso páramo, llamado Pajablanca, posdesgracia cada vez más esquilmado. Corona toda la gran meseta de la exprovincia. Del paramo se alimentan los acueductos de siete municipios y de una cincuentena de veredas. Toda esta región goza de clima frío y todas sus montañas sobrepasan los 3.000 metros sobre el nivel del mar.

Estando en Ipiales es imposible no visitar la frontera con Ecuador y avanzar hasta Tulcán, pueblo que se enorgullece de uno de los cementerios más bellos de América.

Los setos de pinos artísticamente tienen formas de figuras humanas, de animales, de cosas. Son varios centenares de figuras. Al regresar a Ipiales encontramos una pared en la que brilla el admirable ingenio de los 'pastusos', como suelen denominar equivocadamente los colombianos a todos los nariñenses. En la pared se dice que el lote no esta en venta y se lee: "Informes en el teléfono tal y tal".

¿Cómo terminar la visita a esta prodigiosamente bella región de Colombia sin degustar en Pinzón la cumbre de la gastronomia nariñense, el cuy? Al animalito, juiciosa y limpiamente alimentado con pasto, lo atraviesan de parte a pàrte con un palo. 

(¡Ay dolor!). Y así lo van dorando a la vista del ávido comensal. Los comensales éramos nosotros, Ricardo Orbes, mi ipialeño compañero en todos los viajes por el departamento, y yo. Nariño debe ser destino preferido de todos los colombianos.

Andrés Hurtado García
Enviado especial VIAJAR

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