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Actualizado 03:41 p.m. - sábado 19 de abril de 2014

Vida de hoy 11:04 p.m.

¿Por qué el uso de yagé puede ser letal?

¿Por qué el uso de yagé puede ser letal?

El yagé se prepara con una mezcla de plantas.

Foto: Juan Carlos Escobar / Archivo

Advierten sobre consecuencias de consumirlo sin precauciones médicas y fuera de su contexto.

Lo llaman el bejuco del alma, "el remedio que cura por dentro y por fuera". Hace una semana, durante el Encuentro Internacional de Culturas Andinas, en Pasto, veinte personas recibieron de manos del taita Rufino Criollo -que venía de Sucumbíos, Ecuador- un sorbo largo de yagé.

Pasaron en fila. Primero los hombres y después las mujeres, como es costumbre ("los ojos femeninos no deben estar al inicio porque el yagé es macho", dicen los chamanes). Lo tomaron de noche para evitar el ruido y facilitar la concentración, explicaba Claus Criollo, hijo y aprendiz del taita Rufino. "La gente acude al yagé para conocerse a sí misma, para curar enfermedades, sanar males de amor... Cuando tienen reacciones fuertes es porque las personas llevan malos espíritus, y el yagé los quiere sacar", agregaba Criollo, mientras sonaban cantos indígenas. Durante la toma, el taita Rufino vigilaba la reacción de cada asistente y decidía si podía darles otra copa o no. Así, hasta la madrugada.

Ese mismo fin de semana, en Piedecuesta, Santander, un grupo más numeroso -algunos dicen que unas 80 personas, otros que 120- también se había reunido para una toma de yagé. El encuentro, sin embargo, terminó en mala noticia: dos de los asistentes murieron después de recibir la bebida. Aldemar Mendoza Pabón, de 37 años, y José Alberto Renoga Cáceres, de 29, llegaron sin signos vitales al centro asistencial de Floridablanca al que fueron llevados.

No es la primera vez que titulares de prensa hablan de la muerte de una persona tras participar en un ritual de yagé. Sucedió en el 2008, con una mujer de 40 años, en el occidente de Bogotá.
Luego, el año pasado, con un hombre de 33 años, también en Bogotá. Casos esporádicos que han puesto en la mira una tradición indígena milenaria que se repite cada día más en las ciudades y, muchas veces, sin ningún control ni rigor en el sentido ritual. Según el sociólogo experto en el tema Ricardo Díaz Mayorga, solo en Bogotá se realizan entre cinco y diez tomas por semana. "El yagé salió de la mano de los indios", dice Díaz, haciendo alusión a una frase que escribió el periodista estadounidense Jimmy Weiskopf en su libro Yagé, el nuevo purgatorio.

Conocedor como pocos de la historia y usos del yagé, Weiskopf, quien hace años reside en Bogotá, afirma que esta bebida debe ser tratada con seriedad: "El yagé castiga los desequilibrios físicos y emocionales y genera un proceso de purga doloroso". No es para todos. Eso lo dicen hasta los propios taitas, muchos de ellos molestos con la popularidad que ha tomado su planta sagrada. Otros -hay que decirlo- han aprovechado su creciente popularidad para hacer un buen negocio.

***

A mediados del siglo pasado el yagé -o ayahuasca, nombre del bejuco del que se extrae el principal componente de la bebida- empezó a ser conocido por fuera del mundo indígena. Antes, el explorador inglés Richard Spruce había hablado de él. También aparecía en estudios hechos por el etnobotánico Richard Evan Shultes. Sin embargo, fueron dos escritores norteamericanos los que llevaron la ayahuasca al interés del mundo occidental: William Burroughs y Allen Ginsberg.

Ambos, dentro de sus aventuras, incluyeron viajes a Suramérica -Colombia, incluida- para experimentar con el bejuco. "Me invadió una oleada de vértigos y la choza empezó a dar vueltas. Vi luces azules frente a los ojos. Apenas podía caminar. No tenía ninguna coordinación. Los pies eran como bloques de madera. Estaba en cuatro patas, convulsionado por las contracciones de las náuseas", le escribía Burroughs a Ginsberg en una carta desde Puerto Asís. La recopilación de esta correspondencia se volvió un libro mítico de los 60: Cartas del yagé.

La ayahuasca es una mezcla de plantas cuyo principal componente es la Banisteriopsis caapi, una liana que contiene harmalina, sustancia inhibidora de enzimas cerebrales con efectos antidepresivos. La planta que se le combina puede variar según la región o la tradición de los taitas, aunque siempre buscan que contenga dimetiltriptalina, otra sustancia de alta potencia visionaria.
La suma produce efectos inmediatos en el sistema nervioso central.

"Los chamanes descubrieron -hace un tiempo inmemorial- que si se combinaban estas plantas no solo podían beberse, sino otorgar una experiencia más prolongada y menos abrupta psíquicamente.
El resultado es un brebaje de toxicidad mínima y efectividad máxima", escribió el filósofo Antonio Escohotado en Aprendiendo
de las drogas.

Un brebaje que, para las culturas indígenas del piedemonte andino y amazónico, es la medicina por excelencia. La más poderosa. "El yagé limpia primero el cuerpo y después el alma", aseguran los taitas. Y quien haya pasado por esta experiencia sabrá que primero llegan los vómitos y la diarrea -por su efecto laxante- y luego aparecerá ' la pinta' o 'la borrachera', en palabras de los indígenas.
Es decir: el viaje alucinatorio.

Este recorrido, no obstante, debe ser siempre guiado pues, de lo contrario, el camino puede estar lleno de riesgos.

¿Cuándo es peligroso el yagé? Díaz Mayorga responde que su peligrosidad depende directamente de las condiciones en que se tome e insiste en tres puntos para tener en cuenta. El primero, la persona debe saber qué busca yendo al ritual. "Estar informada, contar con referencias respecto a lo que va a encontrar", dice el sociólogo. La segunda condición es que exista un marco ritual: "El yagé no se puede tomar de cualquier manera. La toma tiene que estar liderada por un conocedor, un taita que sepa cantar, porque el canto en este ritual es lo más importante, es lo que conduce la toma". El tercer elemento de seguridad es la presencia en el ritual de alguien experto en traducir estos elementos propios indígenas a la mirada urbana. Puede ser un psicoterapeuta, por ejemplo, dice Díaz, alguien que tenga experiencia ante posibles casos de brotes psicóticos, para saber manejarlos.

Estas precauciones muchas veces no se siguen. Se han vuelto encuentros de cientos de asistentes en los que se trata de darlo, sin considerar, por ejemplo, que para personas con determinadas enfermedades no es conveniente, como tampoco que se llegue habiendo consumido alcohol. "Es una situación que está fuera de control. Alguien tiene que meterle mano a esto para ordenarlo", dice Díaz.

En algo coinciden los taitas más tradicionales y los científicos más ortodoxos: al provocar estados alterados de la conciencia (similares a los del LSD), el yagé no es un juego. Entre los indígenas, el de mayor jerarquía es quien se encarga del manejo de esta planta, y solo suele emplearla en usos terapéuticos o en momentos de toma de decisiones importantes. Pero, ahora, muchos lo buscan como experiencia de fin de semana, sin tener en cuenta el listado de advertencias que atender para antes de su toma, que van desde una alimentación liviana durante la semana anterior hasta la abstinencia sexual.

El uso desordenado del brebaje, sin que se consideren siquiera los mínimos antecedentes médicos de quien va a tomarlo, puede conducir a casos fatales como el de Santander. Los toxicólogos son radicales en el riesgo para el organismo: se puede provocar, por ejemplo, una hepatitis tóxica, por una reacción del hígado ante la bebida; en pacientes con historial de enfermedades coronarias, puede llegar a ocasionar infarto o crisis de hipertensión; para los que de base presentan trastornos mentales, como bipolaridad o esquizofrenia, también podría desencadenar episodios psicóticos; igualmente, en quienes no tienen nivelados adecuados de electrolitos -calcio, potasio, sodio, entre ellos-, puede generar efectos adversos, debido a su poder laxante.

Con seguridad, son muchos más quienes toman yagé y viven sus 'pintas' y regresan a sus casas sintiéndose aliviados de cuerpo y alma, como muchos cuentan después de sus experiencias.

"Me parece un excelente brebaje -opina Diana, quien pasó por una toma de yagé-. Prefiero llamarlo remedio. Permite descubrir enfermedades del cuerpo y corrige cuando estamos mal de comportamiento en la vida".

Pero también hay quienes no regresan de este descubrimiento, por ignorancia y por falta de quién les advirtiera sobre las precauciones, al enfrentar al llamado 'bejuco del alma', que, según los chamanes, todo lo ve, incluso lo que hay dentro de la persona".

El uso de esta bebida sagrada indígena puede resultar letal. No es un divertido plan turístico de fin de semana.

MARÍA PAULINA ORTÍZ
REDACCIÓN EL TIEMPO
CON INFORMACIÓN DE NICOLÁS CONGOTE

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