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Actualizado 03:32 a.m. - jueves 17 de abril de 2014

Vida de hoy 12:14 a.m.

El drama de un joven que vive de milagro luego de sufrir un atentado

El drama de un joven que vive de milagro luego de sufrir un atentado

Foto: CEET

Una mujer, cuyo hijo sobrevivió a dos balazos en la cabeza, clama por que se haga justicia.

Detrás de la historia de un joven que estuvo cuatro meses como NN en el Hospital Santa Clara, de Bogotá, hay un impresionante drama que parece no tener fin: un intento de homicidio, que investiga la Fiscalía, con un componente escalofriante: el propio afectado señala a un cercano familiar suyo como el presunto autor intelectual.

Tenía 17 años cuando le dispararon. Como lo creyeron muerto, sus agresores lo abandonaron debajo de un puente, en el barrio Tunjuelito, en el sur de Bogotá, una noche de abril del año pasado.
La Policía lo encontró en estado agónico y lo llevó al hospital de Bosa y, de allí, al Santa Clara, donde permaneció meses sin doliente. Los medios, incluso, registraron su caso como el de un habitante de la calle, sin identidad, que había sobrevivido milagrosamente a dos impactos de bala en la cabeza.

Los médicos lograron salvarle la vida, pero le quedaron graves secuelas neurológicas, que hoy lo mantienen postrado en una cama y atado a una silla de ruedas: perdió la movilidad de brazos y piernas, la capacidad de hablar y el control de los esfínteres. Y, aun cuando requiere apoyo permanente y terapia física y respiratoria, su EPS se ha negado a autorizarle algunas de las sesiones que necesita para ayudar a su recuperación.

"Me ha tocado a mí hacérselas varias veces. Ha sido muy difícil... Sin embargo, ya muestra signos de recuperación y comienza a pronunciar algunas palabras", dice su mamá, esperanzada. Y, en las pocas frases que el muchacho ha logrado articular, asegura que fue ese pariente muy cercano quien dio la orden de quitarle la vida. "Inexplicable y doloroso", dice la mujer. Por eso, prefiere mantener oculta su identidad, porque teme represalias.

Ambos viven de la caridad. Ella logró que reconocieran su condición de desplazada y espera que suceda lo mismo con su hijo. En su desespero, le ha escrito cartas al presidente Juan Manuel Santos, para que le ofrezca alguna ayuda.

Desplazados por la violencia

Ella tenía un ranchito y un pequeño restaurante en Buenaventura. Vivían estrechos, pero felices, hasta el día en que llegaron los paramilitares a su morada. Como no quiso entregarles a su hijo, estos, en represalia, los expulsaron del puerto.

No tuvo más opción que hacer un nuevo rancho en un pueblo del Pacífico y enviar a su hijo a vivir con su papá, a Bogotá, para que estuviera seguro. Esto fue a comienzos del 2009.

Tuvieron contacto permanente durante un año, hasta que un día, simplemente, dejó de tener noticias de él.

Cada vez que lo llamaba a la casa del papá, este le respondía que andaba "por ahí", que lo veían "en las esquinas", pero no le daba razón de su paradero. Parecía no importarle. De hecho, le dijo que no quería volverlo a ver. "Yo lloraba, iba a la iglesia y le pedía a Dios que me ayudara a encontrarlo, así fuera para darle cristiana sepultura", recuerda la mujer con amargura.

Con el paso de los días, empezó a sospechar de la aparente actitud negligente de su ex compañero. Su hijo, incluso, una tarde le había contado que cuando ella dejaba de enviarle dinero, no le daban comida. "Lo explotaban", agrega, y afirma que poco antes de que perdieran contacto él le manifestó que lo habían sacado de la casa en que vivía.

Decidió, entonces, reportar su desaparición. No tenía otra salida. En la oficina donde radicó la denuncia le advirtieron que debía viajar a Bogotá para obtener mayores resultados, pero no pudo hacerlo por falta de dinero.

Transcurrieron los meses y una mañana de noviembre escuchó en su celular un mensaje del papá del muchacho, en el que le decía que su hijo había salido en un noticiero de televisión en condiciones lamentables. Su hermana le confirmó esta aterradora noticia.

Pidió plata prestada y se trasladó a la capital. El adolescente estaba interno en un centro asistencial de Bogotá registrado como NN, en estado de indigencia. Tenía llagas y muchas heridas en el cuerpo. No hablaba. Había salido del coma y solo movía los ojos. Sus brazos estaban rígidos, como pegados al pecho. Esta escena, dice, la marcó de por vida.

Los médicos le advirtieron que el estado de su hijo era delicado. Le habían practicado dos cirugías y una más estaba en camino. Incluso, estuvo varios días conectado a un ventilador para poder respirar.

Una de las balas, según el reporte médico del hospital, entró por encima del oído izquierdo y salió al mismo nivel por el lado derecho. En su recorrido, destruyó tejido y dejó esquirlas, pero no comprometió áreas vitales. El otro disparo fue en la cara y le dejó una fractura complicada en la mandíbula derecha.

"Sin embargo, sí se presentaron alteraciones en las áreas temporales y parietales de las cuales dependen el habla y la comunicación, y hubo daño en estructuras que le impiden caminar y moverse de forma autónoma", dijeron expertos consultados por EL TIEMPO.

Fiscalía, tras responsables

Al verlo en ese estado, la madre del joven denunció el hecho en la Fiscalía y tocó las puertas de varias oficinas gubernamentales mendigando ayuda económica.

El día de los hechos, dice la mujer, basada en las palabras que ha logrado pronunciar su hijo, este fue despojado de sus pertenencias y documentos y uno de sus familiares lo envió a la calle con otros muchachos.

Y esa noche, debajo de un puente, lo golpearon con el arma en la cara y, con toda la frialdad del caso, lo hicieron arrodillar para matarlo, mientras él les imploraba que no le hicieran daño. Solo quería regresar con su mamá. Pero sus súplicas fueron en vano. Y aunque logró sobrevivir, sus condiciones de existencia hoy son lamentables.

"La Fiscalía está indagando los hechos en los que resultó herido el adolescente para dar con los responsables", le dijo a EL TIEMPO el investigador del CTI que lleva el caso.

Hasta el momento, agrega, se investiga la supuesta participación del familiar en el intento de homicidio del muchacho, así como actividades ilegales que, presuntamente, este realizaba y en las que habría involucrado al joven, pues, antes del incidente, la Policía lo encontró en posesión de estupefacientes, afirma.

Mientras la investigación avanza, la mujer pide a gritos que alguien se conduela y les tienda la mano.

ANDREA LINARES GÓMEZ
Redactora de Vida de Hoy
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