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Actualizado 03:05 p.m. - miércoles 23 de abril de 2014

Vida de hoy 10:48 p.m.

La generación verde

La generación verde

Concientes del cambio climático, los jóvenes luchan por crear conciencia ambiental en la sociedad.

Algunos dicen haberlos visto en buses de TransMilenio, de Bogotá, haciéndose preguntas sobre el cambio climático, pero de un puesto a otro y a 'grito herido'. Era un ejercicio público para que algún anciano, un niño, o aquellos que iban mirando lejos, comenzaran a pensar, así fuera por un segundo, en las consecuencias de este fenómeno que está acabando con el hogar de todos los seres humanos.

No faltó el pasajero que superó la pena y se metió a la fuerza en esa discusión armada a punta de frases distantes. Esa era la idea: llamar la atención sobre los daños ambientales que produce la transformación del clima.

Se hacen llamar Acción Climática Colombia, una organización integrada por al menos 25 alumnos de universidades como los Andes, Javeriana y Occidente, de Barranquilla, impulsada por Mathieu Lacoste, un francés que hace lo posible para mantenerlos unidos pese a las ocupaciones de todos, y que a lo largo de los últimos años han buscado un objetivo: aportar soluciones a la crisis ecológica, para que deje de ser un tema para tratar exclusivamente entre tableros y pupitres, y comience a salir a las calles.

No son los únicos que han armado 'parche' para hablar de medio ambiente. Ricardo Arias y sus compañeros del colegio Liceo del Norte cuidan el humedal de La Conejera, en Bogotá. En la institución educativa Paso Nuevo, en San Bernardo del Viento (Córdoba), se han dedicado a salvar los manglares. Y Janine Bernal, estudiante de octavo grado de la escuela de la vereda La Palma, de San Francisco (Antioquia), lidera una cruzada con sus compañeros de curso para que los agricultores usen pocos pesticidas, arrojen menos basura y no talen tantas palmas, con tal de que los peces de colores repueblen las quebradas.

Todos, además de demostrar el valor real de las pequeñas acciones, son un ejemplo más de la fuerza que han tomado en el país los grupos ambientales impulsados por niños y adolescentes, gomosos de lo sostenible, y entre quienes se mezcla la educación y el activismo, pero sin fundamentalismos.

A los 71 Ecoclubes que impulsa la organización OpEPA en nueve departamentos, en los que trabajan cerca de un millar de niños, se suman 37 grupos de investigación en colegios oficiales del país dedicados, particularmente, a indagar sobre temas relacionados con la ecología y que van desde el cuidado de las fuentes de agua y el reciclaje, hasta el análisis del comportamiento animal, según cifras de Colciencias.

Solo en Bogotá, hay una red de colegios para la protección ambiental integrada por 20 instituciones. Esto sin contar que en Colombia los proyectos educativos ambientales (Prae) forman parte del currículo de los colegios públicos y privados desde 1994.

Y aunque muchas veces se han quedado en documentos o estrategias que no conectan a los alumnos con la realidad, han incorporado el tema con algunas actividades puntuales en ciertas asignaturas y lo han atado a compromisos como el control en el gasto de luz y agua en los colegios, así como con acciones concretas para salvar un cerro, un bosque o un río. Incluso, hasta con la elaboración de ecoladrillos (botellas plásticas llenas de residuos no biodegradables como paquetes de papas y chitos, que van compactados, lo que reduce el volumen de basura).

Para explicar este auge por la causa 'verde', los creadores de otra red, llamada Jóvenes de Ambiente, respaldada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, usan una justificación general: "las problemáticas no se pueden resolver desde un sector de la sociedad. Esto es una reacción a la necesidad de solucionar las dificultades a través de un trabajo conjunto y articulado, en el que los pequeños reclaman espacio", dicen en sus estatutos.

Esta red ha capacitado a más de seis mil líderes en todo el país. Para algunos, el que cada vez haya más niños y jóvenes involucrados con la protección ecológica es una reacción a la falta de compromiso que han mostrado las generaciones que actualmente toman las decisiones para la preservación planetaria.

"Las nuevas generaciones de estudiantes no son indiferentes a los desastres que vivimos hoy. Se cuestionan y analizan que todo lo malo que pasa está ocurriendo, en parte, por la falta de acción y desidia de años de sus mayores. Y por eso piensan: si ellos no han hecho nada, ahora es nuestro turno", dice Juan
Fernando Sellez, experto en educación y profesor de Antropología de la Universidad de Navarra (España).

Esto ha llegado al punto de ver cómo los pequeños son ahora los que dictan cátedra. Como lo indica Paola Andrea Hurtado, docente especializada del gimnasio El Torzal, de Bogotá, dedicado a tratar niños con discapacidad, quien comentó que muchos de sus alumnos enseñan y presionan a sus padres a corregir ciertos defectos.

"Ellos son los que llegan a la casa a decirles cómo reciclar, a inculcarles que es importante ahorrar agua o apagar las luces que no se están usando, a hablarles de plantas, de ranas, del Amazonas. Muchos padres son receptivos, otros no, pero lo importante es que la conciencia se está formando entre los adolescentes", explicó Hurtado.

Sin desconocer la iniciativa juvenil por involucrarse con el boom 'verde', para otros también es el resultado de las soluciones que se han encontrado para darle una segunda oportunidad a la vida en el planeta. Los científicos del Panel intergubernamental para el Cambio Climático de la organización de Naciones Unidas (oNU), dicen que el deterioro de la Tierra se sentirá con toda intensidad dentro de 50 o 70 años, cuando la mayoría de los que dirigen los destinos del mundo serán historia.

El problema lo heredarán entonces quienes hoy apenas comienzan a caminar. "Pero al despertar en ellos la conciencia del cuidado ambiental, tenemos garantizado, hacia el futuro, un compromiso con el cuidado de los recursos naturales, pues lo asumirán como un proyecto de vida", afirma Ruth Elvira Buenaventura, directora de investigación y desarrollo del colegio Berchmans, de Cali.

Todo este entusiasmo ha llevado a muchos a pensar que es el resultado de los esfuerzos de un sector de la sociedad por plantear otro enfoque en la manera de enseñar, se basa en una pregunta: ¿puede cuidar el mundo quien no sabe cuidar su vida? "El intento que muchos hacen hoy para que la educación ambiental enseñe menos biología e incluya un mayor componente humano, lleva a los niños a reconocer que son parte del problema y de su solución", dice Felipe Cárdenas, director del Departamento de Ciencia Política y Derechos Humanos de la Universidad de La Sabana.

El abogado y experto en educación ambiental Gustavo Wilches Chaux lo reafirma cuando explica que nuestro modelo de desarrollo está motivando a los niños, porque no podemos convertirnos en una plaga frente a la cual el planeta pueda poner en marcha su sistema inmunológico con el único fin de desecharla.

"Cuando hablamos de territorio, dice Chaux, siempre lo hemos entendido como el escenario inerte e inagotable. Pero el territorio realmente es un ser vivo, también un ser social y hacen bien los colegios y grupos civiles cuando tratan de convertirse en aliados de su salud. Si queremos garantizar seguridad a los seres humanos, también tenemos que garantizar, en igual medida, seguridad a los ecosistemas", agregó.

La consigna por la sostenibilidad, ahora transmitida desde los menores, les dicta a los adultos y padres de familia una sentencia que, aunque obvia, no resulta tan fácil de aplicar: mejor, dirían los infantes en conjunto, preocupémonos por cuidar de sí mismos y aprendamos a relacionarnos con el mundo.

La multiplicación de esta coherencia en otras pequeñas acciones y en miles de personas, a través de la enseñanza, dejaría sin piso -y a mediano plazo- cualquier agresión contra la naturaleza.

Los niños de la Sierra

Pensando en el ecoturismo de su zona

El Ecoclub Jagui Janchiguetse se formó en marzo de este año. Son 30 niños y jóvenes de la Institución Educativa el Mamey (Magdalena) ubicado en la Sierra Nevada de Santa Marta. Su proyecto bandera es el manejo adecuado de los residuos sólidos en su comunidad y el embellecimiento de su institución educativa. Para los próximos años estos niños y jóvenes empezarán un proyecto ecoturístico donde ellos serán los futuros guías en la Sierra, para mostrar este lugar como una región importante a nivel de biodiversidad y cultura.

Para sacar la basura de Guarne

En Guarne, un municipio del oriente antioqueño, a una hora en carro desde Medellín, los miembros del Ecoclub Ecoguar, formado en el colegio Santo Tomás, fueron los primeros en implementar el método que transforma basura en sólidas rocas.

Con los ecoladrillos ya levantaron su propio oratorio. Un lugar al que los estudiantes acuden cuando quieren reflexionar y cuyas paredes son botellas de gaseosas llenas de residuos que, de haber terminado en los rellenos sanitarios, tardarían años en degradarse.

También les sirvieron para adecuar la huerta estudiantil, otro proyecto que emprendieron desde el Ecoclub y que ha servido para que los jóvenes de la institución aprendan no solo a cosechar, sino también para que conozcan el valor que tiene el suelo.

La huerta de los niños de Apulo

Ecoclub Pequeños Ambientales, Apulo, Cundinamarca. Huerta escolar. estos niños de los 8 a 10 años, pertenecientes a la vereda san Antonio en Apulo(Cundinamarca) de la institución educativa departamental Antonio Nariño, desarrollaron destrezas enfocadas a un gran proyecto llamado escuelas saludables. Allí, su principal actividad fue la creación de una huerta escolar para el uso propio.

En Barranquilla se cuida así

Conformado por 53 estudiantes del colegio Santa Magdalena Sofía, del barrio San Salvador de Carranquilla, el grupo Amigos de la Naturaleza es uno de los tres Ecoclubes que existen en el Atlántico. Todo empezó hace tres años, cuando a la institución distrital llegó con un proyecto denominado Brigada Planeta, auspiciado por Cartón Colombia; mediante carteleras y cartillas los motivó a estudiar más los temas ambientales como la biodiversidad y la importancia del agua.

Desde entonces, gracias a la gestión de Marlene Ochoa, profesora de ciencias naturales, el grupo se puso a la tarea de iniciar proyectos amistosos con el medio ambiente. "Ya nos habíamos dado cuenta de lo que se desperdiciaba acá y por eso creamos una microempresa para hacer tarjetas y bolígrafos con lo que recaudamos reciclando", comentó Ochoa. Kelvin Luna, de 11 grado, cuenta que cada vez que pueden adoptan los parques cercanos para limpiarlos y dejarlos en buenas condiciones. "es que si no actuamos frente a la naturaleza, ella misma se encarga de demostrarnos su poder. Por eso hay que tener políticas para preservarla".

Conexión de los niños con la Tierra

Luis Alberto Camargo, director OpePA, organización para la protección y educación ambiental.

La Organización para la Educación y Protección Ambiental, OpEPA, se fundó en 1998 como organización sin ánimo de lucro con el fin de reconectar a los niños y jóvenes con la Tierra para que actúen de manera ambientalmente responsable.

El origen de la organización remonta a la identificación de la necesidad de restablecer el vínculo y el contacto entre los niños y la población urbana en general con la naturaleza y la Tierra. Reconocemos que gran parte de la compleja problemática ambiental global está relacionada con el debilitamiento de la conexión entre las personas y el planeta en donde vivimos.

OpEPA ha hecho su apuesta en niños, jóvenes y educadores considerando que las futuras generaciones de tomadores de decisiones y líderes deben poder ser intencionales y entender el impacto de estas en el planeta, por ende en sí mismos, sus hijos y los hijos de sus hijos. Adicionalmente, enfrentamos problemas asociados a la desconexión con la Tierra, como el síndrome de déficit de naturaleza.

Al restablecer el vínculo con el planeta, fortalecer las destrezas de liderazgo y fomentar participación ciudadana podemos crear una futura generación de jóvenes saludables y activos, que trabajen simultáneamente por su propio bienestar, el de sus comunidades y el de la Tierra; el verdadero desarrollo sostenible.

El ejemplo de los jóvenes

Ernesto Cortés, editor jefe EL TIEMPO

Alguien me dijo hace poco que las nuevas generaciones, de las que hoy hacen parte millones de estudiantes de colegio y los muchachos que claman por un nuevo modelo económico o una educación superior de calidad, están destinadas a salvar el planeta.

No sé sobre qué base científica se apoyaba quien auguró tamaña responsabilidad, pero no cabe duda que a los muchachos les asiste una mayor preocupación por el entorno que los rodea, llámese político, económico, social o ambiental. Algo bueno debe estar pasando cuando son los niños y los jóvenes los que nos enseñan a reciclar, los que nos explican el peligro del cambio climático, los que nos insisten en comer sano o se indignan porque usamos el carro y no la bicicleta.

Hay una obsesión por el tema en millones de hogares. Yo lo vivo con mis hijos, que hasta me aclaran por qué no debo mezclar las pilas viejas con el cartón. Muchas razones explican este comportamiento: mayor conciencia ecológica en los colegios, mayor acceso a información a través de redes sociales, mayor despliegue mediático de lo que ocurre con el planeta. Los jóvenes están absorbiendo este cúmulo de información y son conscientes de que todo tiene que ver con el futuro que les espera y por eso se preparan.

En Curitiba, Brasil, el exalcalde Lerner consiguió mayor conciencia de sus habitantes cuando convirtió el tema ambiental en una cátedra que trascendió la escuela: si los papás no sabían de reciclaje, el hijo perdía la materia. En Pakistán, grupos de muchachos se citan los fines de semana para limpiar las calles.

En Colombia, son pocos los colegios donde no se aplican o se enseñan prácticas ambientales. Los muchachos no se equivocan: sí, vivirán en un planeta cada vez más amenazado y en las manos de ellos está la posibilidad de salvarlo. La pregunta, para quienes ya hemos transitado un buen trecho de vida, es: ¿queremos dejarles toda la carga a nuestros hijos o podemos aliviarla un poco para garantizar su supervivencia y la de sus futuras generaciones?

Para cultivar el amor al planeta

Internet y los juegos electrónicos han recluido a muchos niños en sus hogares, sin que desarrollen interés por las actividades al aire libre. Esto es lo que muchos expertos han bautizado como 'déficit de naturaleza'.

Precisamente frente a esta dificultad, un norteamericano llamado Joseph Cornell ha impulsado la educación ambiental como estrategia para desarrollar la personalidad. Se trata de enseñar menos y comunicar más. "No es llenar de información a los hijos, sino animarlos a que ellos busquen las respuestas. Si hablamos de biodiversidad, salgamos al parque con los niños a ver qué tanto de ella podemos encontrar", dice Cornell.

Recomendaciones:

-Transmitirles el valor de la identidad y de reconocerse como parte de un territorio y de cuyo respeto depende su subsistencia.

-Enseñarles solidaridad y equidad, para que no existan injusticias como las que viven algunos pueblos donde no hay agua, a pesar de que en sus veredas nace el líquido que va a las grandes ciudades.

-Decirles que hay recursos que, cuanto más usamos, menos tenemos (como el petróleo), pero que existen otros que, cuanto más usamos, más acaparamos, como el afecto. Cuanto más cariño doy, más recibo; asimismo se debe enseñar la ecología.

POR JAVIER SILVA
REDACCIÓN VIDA DE HOY EL TIEMPO

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