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Actualizado 08:18 p.m. - miércoles 23 de abril de 2014

Vida de hoy 01:52 p.m.

Adolescentes, cada vez más, se drogan con medicamentos psiquiátricos

Adolescentes, cada vez más, se drogan con medicamentos psiquiátricos

Foto: Fotolia

Estos medicamentos, cuando se usan con fines recreativos, son el inicio de los futuros adictos.

"Porque lo tranquilizaban, lo relajaban y le daban sueño". De esta manera, Ómar, de 16 años, explicó por qué empezó a utilizar unos fármacos recetados a su mamá para dormir.

"Se llamaba Ativán", contó este estudiante de noveno grado, que hoy asiste a terapias psicológicas en un hospital de Bogotá.

Nancy Janeth Angulo Castañeda, toxicóloga de la IPS Universitaria Clínica León XIII, de Medellín, explicó que este fármaco es uno más de la familia de las benzodiacepinas, que tienen un efecto directo sobre el sistema nervioso central y que clínicamente son utilizados como sedantes, ansiolíticos o anticonvulsivantes.

Un medicamento del mismo grupo llevó a siete adolescentes de entre 14 y 16 años al Hospital Santa Clara, centro de referencia en toxicología de la capital, el 6 de octubre pasado.

"Eran estudiantes de un colegio de San Cristóbal. Llegaron con somnolencia, pérdida del equilibrio y alteraciones en el lenguaje. Al parecer, una compañera del colegio, que conocía los efectos, llevó a clase unas gotas de Rivotril (Clonazepam) y se las dio a sus compañeros; todos terminaron en la enfermería del centro educativo, que finalmente nos los remitió", recordó Pilar Acosta, toxicóloga de la clínica del Santa Clara.

La especialista dijo que cada semana atiende, en promedio, a 12 personas, la mayoría menores de 17 años, que consumen este tipo de medicamentos con fines recreativos.

Augusto Pérez, doctorado en psicología clínica de la Universidad de Lovaina (Bélgica) y director de la Corporación Nuevos Rumbos, aseguró que en un estudio hecho en el año 2006 por las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (Cicad), "Colombia ocupó el primer lugar en consumo de benzodiacepinas entre adolescentes de 12 a 17 años".

Falta control

Para Pérez, se trata de "un problema real, favorecido porque en el país la distribución de estos medicamentos en farmacias no tiene el suficiente control; hay muchos de estos negocios, sobre todo en barrios, que los venden sin fórmula, pese a que la norma dice que debe exigirse receta médica. Este control depende de las secretarías de salud".

Estas sustancias proveen una especie de borrachera barata, que los jóvenes a veces potencian, con mucho riesgo, mezclando alcohol.

Acosta insiste en que rara vez usan una sola sustancia. "Las alternan o consumen simultáneamente; el problema serio es que esta polifarmacia suele ser el paso previo a la utilización de drogas más duras", aseguró.

Ómar, que lleva seis meses en tratamiento, confesó que se volvió dependiente del Ativán. "Simplemente no lograba dormir si no lo usaba; después, un amigo me convenció de combinarla con marihuana. Ahí se dieron cuenta mis papás; por ellos empecé este tratamiento", dijo.

Estas sustancias, de síntesis química, son depresoras del sistema nervioso central; a este grupo pertenecen cerca de 24 drogas, entre las que están el Valium (diazepam), el Ativán (lorazepam), el Rivotril (clonazepam), el Rohypnol (flunitrazepam) y el Restoril (tenazepam).

Deprimen la actividad mental, disminuyen el estado de alerta y la ansiedad e inducen relajación y sueño; en algunas personas pueden producir agitación y malestar.

En los casos de intoxicación, como el de los jóvenes del San Cristóbal, pueden generar incoordinación, dificultad para hablar, sedación severa y baja de la presión arterial.

Producen adicción

Las drogas producen sensaciones artificiales de bienestar a expensas de engañar a millones de neuronas. Estos medicamentos producen reacciones químicas en el cerebro que elaboran sustancias que provocan sensaciones de placer.

Otras drogas
Solventes, otra moda

Hace poco, se registró en Medellín el caso de un papá que tuvo que ir al colegio a preguntar por las causas de la modorra de su hijo. Uno de los profesores recordó que, a pesar del calor, el estudiante usaba un buzo al que le olía la manga permanentemente; tras algunas averiguaciones, los docentes supieron que algunos alumnos tenían la costumbre de impregnar las prendas con dicloruro de metilo o 'dic', solvente industrial de bajo precio, usado para limpiar máquinas. "Lo inhalan y su efecto es inmediato".

CARLOS F. FERNÁNDEZ / SONIA PERILLA
REDACCIÓN SALUD

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