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Deben asumir su poder / Análisis

Si no se autorregulan, las ‘grandes tecnológicas’ pueden pagar un precio más alto de lo que creen.

Empresas de tecnología

En la medida en que las empresas tecnológicas van alcanzando una importancia sistémica, las actitudes hacia ellas cambian.

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123RF

10 de febrero 2018 , 09:59 p.m.

Con el tiempo, la rápida acumulación de poder de mercado de las principales empresas tecnológicas ha llevado al nacimiento de oligopolios, e incluso de actores monopólicos. Su influencia social, económica y hasta política se ha disparado. Facebook y Twitter, por ejemplo, desempeñaron un papel central a la hora de convocar a los manifestantes durante la Primavera Árabe de 2011.

Pero esto plantea serios riesgos. Con todo lo beneficiosas que son las innovaciones de las grandes tecnológicas, también pueden servir como importantes canales para que actores estatales o no estatales generen sus propias disrupciones. En la campaña previa a la elección presidencial del año pasado en Estados Unidos, algunas plataformas de redes sociales permitieron la difusión de desinformación. Y grupos extremistas como el Estado Islámico han apelado a las redes sociales para reclutar gente y con fines de propaganda.

Así las cosas, lo que comenzó como una actitud de ‘laissez-faire’ hacia las grandes tecnológicas, de desatención benévola –en gran medida como resultado de una ignorancia y un descuido– está transformándose en algo más enérgico. En la medida en que las empresas tecnológicas van alcanzando una importancia sistémica, las actitudes hacia ellas cambian.

En los últimos años, las firmas tecnológicas importantes enfrentaron un mayor escrutinio de sus prácticas competitivas, su comportamiento impositivo, el uso que hacen de los datos y las políticas de privacidad. Y también han surgido cuestiones más amplias sobre su contribución al desplazamiento laboral y otros temas. Es claro que a mayor importancia sistémica, más escrutinio, y mayores esfuerzos por regular sus actividades.

Sin embargo, el sector tecnológico todavía parece subestimar su creciente importancia sistémica. En consecuencia, las empresas pueden demorarse en reconocer la necesidad de actualizar sus operaciones, recursos y mentalidades para reflejar su transformación de un pequeño agente de disrupción a un actor poderoso y dominante. Y cuanto más tiempo lleve este proceso, mayor será el riesgo para ellas de perder el control de la historia. No solo por la vía de la regulación y la supervisión por parte de entes gubernamentales, sino también por el riesgo de una reacción negativa de la gente.

Las grandes tecnológicas pueden y deben desempeñar un papel más importante en ayudar a toda la economía a evolucionar de una manera ordenada y beneficiosa para todos. Esto requerirá, antes que nada, que internalicen su propia importancia y que ajusten sus perspectivas y comportamientos en consecuencia. Pero esto también exigirá una mucho mejor comunicación, y que los objetivos y operaciones de las empresas se vuelvan mucho más transparentes. Y, finalmente, requerirá el compromiso de una mejor supervisión de sí mismas y de sus pares, además de una acción colectiva más efectiva cuando fuera necesario.

Si el sector tecnológico no logra llevar adelante estos cambios, la supervisión y regulación gubernamental inevitablemente se intensificarán. Y no es claro que las consecuencias de esto sean positivas para la sociedad, ni mucho menos para los negocios.

MOHAMED A. EL-ERIAN
Exasesor del presidente Obama en temas de desarrollo
© Project Syndicate

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