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La nueva vida del colombiano que fue mano derecha de Bill Gates

Orlando Ayala dejó a Microsoft luego de 25 años. Cree que la paz se construye con educación.

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Además de ser piloto de aviones, entre sus pasiones se encuentran el deporte y la educación. Ayala tiene cuatro hijas.

Foto:

Archivo particular

12 de septiembre 2016 , 04:02 p.m.

Orlando Ayala trabajó en el gigante informático Microsoft durante 25 años, fue mano derecha de Bill Gates y logró, con su compromiso, abrir 33 sedes en varios países, incluido Colombia.

Considerado uno de los siete ejecutivos más importantes de esa empresa, Ayala dijo, tras dejar su cargo: “Es el momento para emprender nuevos horizontes”.

Apasionado por el deporte, los aviones, la educación y la tecnología, este bogotano criado en el Valle del Cauca se graduó como administrador de sistemas de información en 1981, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de Bogotá.

Es padre de cuatro hijas y, según cuenta, logró una muy buena relación con Bill Gates, al punto que este, en 1994, le confió la apertura de una oficina en Colombia.

Además de coordinar la expansión en América Latina, el bogotano fue vicepresidente ejecutivo de la región intercontinental de Microsoft. Desde allí coordinó las estrategias de crecimiento e inversión en mercados en vías de desarrollo como India, África, el Mediterráneo y Medio Oriente, Latinoamérica, Asia del Sureste y Pacífico Sur. En tres años, la región intercontinental pasó de 500 millones a más de 1.000 millones de dólares en ingresos.

Ayala dirigió también el equipo de industria deportiva en el cual figuraba como patrocinador ejecutivo de la asociación tecnológica que tiene Microsoft con el Real Madrid. El último cargo que ocupó en la compañía fue presidente de mercados y modelos de negocios.

EL TIEMPO lo contactó mientras conducía en una noche lluviosa por las carreteras de España. En un español que usa con poca frecuencia, dijo que se retiró porque siempre ha tenido una inspiración por buscar nuevos escenarios y que es el tiempo para iniciar nuevos caminos.

¿Por qué tomó la decisión de dejar Microsoft?

Este tipo de trabajos requieren de una serie de ecuaciones interesantes respecto al uso del tiempo. En ese sentido, los trabajos no se pueden hacer a medias. Siempre existe esa aspiración de hacer algo nuevo; ese cambio se venía gestando desde hace algunos años y es el momento de hacer otras cosas que siempre he querido. Mi época de empleado ya pasó, pues estuve 40 años en la industria.

¿Qué cosas?

Por lo pronto, estoy en un par de consejos directivos en una compañía estadounidense dedicada al tema de la salud, que es pionera en EE. UU. y estamos expandiéndonos a otros países. Quiero en un futuro usar la tecnología para potenciar la vida de las personas, enfocarme en la educación y la tecnología, para que las nuevas generaciones se pueden beneficiar.

¿Fue fácil tomar la decisión?

Uno siempre tiene que saber cuándo es el momento de retirarse. La gente se acostumbra a lo que hace. La decisión no fue fácil. El otro día estaba haciendo un inventario del número de países que alcancé a visitar y creo que fueron más de 100. Sin embargo, cuando miro en detalle no conozco más de ocho, porque siempre iba a hacer negocios y a trabajar. Así que hay que saber irse y creo que esto aplica en todas las áreas.

¿Qué fue lo más gratificante de trabajar en Microsoft?

Pocas compañías tienen la capacidad de trasformación global. Sin duda la gran satisfacción fue expandir la agenda del acceso tecnológico a quienes no lo han tenido. Uno de los grandes avances de Microsoft fue bajarle el costo al acceso no solo a computadores personales, sino también al software. Esa agenda siempre estuvo muy conectada con el tema de la educación. Sin duda, la gran satisfacción que tuve fue abrir las oficinas de Microsoft en Colombia.

¿Cómo se convirtió en mano derecha de Bill Gates?

Tuve la fortuna de poder abrir cerca de 33 sedes en todo el mundo y como parte de ese proceso había una cercanía con Bill Gates, especialmente en lugares en donde trabajé en el proceso de la ocupación de los sistemas de innovación y desarrollo que se hicieron en 1994. Él siempre estuvo interesado en la presencia tecnológica global y en la agenda de globalización de Microsoft. Durante ese recorrido estuve muy cerca de él, oyendo sus consejos y opiniones.

¿Cómo percibe a Colombia en el escenario tecnológico?

Yo creo que Colombia ha hecho un buen progreso en los últimos años, especialmente en el tema de conectividad, lo cual es muy importante porque de ahí parte el acceso y la interacción con el resto del mundo. También pienso que ha hecho grandes esfuerzos en temas digitales, como por ejemplo los procesos de gobierno.

Sin embargo, hay un largo camino para estar a la altura por lo menos frente a otros países de la región. Se deben crear ecosistemas en donde converjan tres actores: el sector privado, la academia y el sector público.

Esa ha sido la magia en varias partes del mundo para que la innovación sea concebida como una conexión directa. Colombia tiene esa posibilidad, hay que entrenar a la gente y para eso es necesario tener educación de calidad y acceso a la tecnología.

En un momento coyuntural como este que vive Colombia con el proceso de paz, resulta importante tener una tecnología de investigación aplicada en los escenarios en donde se necesita, como es el campo, y aumentar la productividad.

¿Qué opina del proceso de paz?

Ojalá que cada colombiano votara por el ‘Sí’. Yo no creo que quede otro camino y votaré desde Estados Unidos. Quiero hacer una invitación, sobre todo a la juventud, porque cuando en el escenario hay guerra nada se puede dar. La tecnología es una plataforma para crear oportunidades.

En el proceso de paz de Colombia se tiene que poner la agenda tecnológica que le dé opciones a la gente que nunca las tiene. Mientras eso no se solucione va a ser muy difícil.

Ayala tiene 60 años. Su último día en Microsoft fue el 31 de agosto. Ese miércoles, ante un auditorio de 15.000 empleados, Satya Nadella, sucesor de Bill Gates al frente de la empresa, reconoció su trabajo y le dijeron adiós con aplausos.

CAMILO PEÑA CASTAÑEDA
campen@eltiempo.com
Redacción Tecnósfera

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