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Felicitaciones: internet y el celular están de cumpleaños

Los inventos más revolucionarios e impactantes de la era moderna celebran su nacimiento.

Felicitaciones: internet y el celular están de cumpleaños

¿Cuántos celulares hay hoy en el mundo? Nadie lo sabe con exactitud, ni la ONU, ni los espías de la CIA –que lo saben todo– ni los computadores más modernos de Microsoft.

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Lluis Gene / AFP

27 de junio 2018 , 08:24 p.m.

Usted hace treinta llamadas diarias por celular, manda veinte mensajes, escribe diez correos electrónicos, les toma fotos a sus hijos, lee periódicos y libros por internet, oye música, escucha radio, ¿pero alguna vez se ha preguntado quién inventó el celular, y a quién se le ocurrió la idea de mantener comunicados por computador a los seres humanos?

La gente no conoce a los Cristóbal Colón que descubrieron este nuevo mundo, tan fascinante y estremecedor. Es más: en medio del estropicio electoral que se armó en Colombia por estos meses, con falsedades y manipulaciones a través de las redes sociales, atribuyéndole a uno lo que uno nunca ha escrito, pasó inadvertido un acontecimiento genuinamente histórico.

Para no darle más vueltas al asunto, déjenme decírselo de un solo manducazo: por una de esas bromas que suele hacer el destino, incluso a la tecnología más refinada, en estos días están cumpliendo años, al mismo tiempo, en una afortunada coincidencia, internet y el teléfono celular, los dos inventos más espectaculares de nuestro tiempo, que integran juntos la gran revolución de esta época frenética.

Militares y profesores

La invención de un servicio de computadores que comunicara al mundo entero, de manera interactiva e inmediata, fue tan estremecedora como la creación del telégrafo en su época. O de la imprenta. Vale la pena contarles cómo empezó semejante epopeya.

Comenzando la década del sesenta, en el reciente siglo veinte, hace ya sesenta años, el ejército de Estados Unidos tenía en la cabeza una serie de inquietudes relacionadas con la Guerra Fría en que estaban enfrascados con el régimen comunista de la Unión Soviética. Una de sus más graves preocupaciones era esta: en caso de un ataque contra nuestro territorio, ¿cómo podrá acceder el ciudadano a la información militar desde cualquier lugar del país y de forma instantánea?

Ante una pregunta tan inquietante, el comando militar norteamericano se puso en contacto con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las universidades más prestigiosas del mundo por sus carreras técnicas y científicas. Fue entonces cuando el MIT creó un programa especial de investigación para el cual designó como jefe al profesor Joseph Licklider, que tenía apenas 45 años y era psicólogo e investigador de los gigantescos computadores de aquella época, que no se podían mover de su cuarto.

La red mundial y la web

Fue Joseph Licklider el primero que concibió la posibilidad de crear una red mundial por computador. El antecesor directo de internet. Eso sucedió en junio de 1962, lo que significa que en este momento internet está cumpliendo 56 años. Happy birthday to you.

Pero todavía faltaba que pasaran diez años más antes de que se pudiera construir el primer computador personal. Creo que Bill Gates apenas estaba gateando. Y se necesitaron treinta más para que estallara la gran explosión mundial de internet. El profesor Licklider había muerto dos años antes. Dolorosamente, no pudo ver el terremoto que su invento causaría en el mundo entero.

En julio de 1994, hace ahora 24 años, apareció, para pasmo y dicha de la humanidad entera, un físico inglés llamado Tim Berners-Lee, que estableció la primera comunicación inmediata entre dos seres humanos por computador. Había nacido la web. El mundo jamás volvería a ser el mismo de antes.

Joseph Licklider

El profesor Joseph Licklider, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, primero en concebir la posibilidad de crear una red mundial de computadores.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Ajá, ¿y el celular?

Nos falta la otra parte. Vamos ahora con el teléfono celular. Déjenme hacerles esta pregunta: ¿cuántos celulares hay hoy en el mundo? Nadie lo sabe con exactitud, ni la ONU, ni los espías de la CIA –que lo saben todo– ni los computadores más modernos de Microsoft. Los usuarios tampoco conocen la increíble historia de su invención. Ni siquiera saben quién lo inventó.

Empecemos por el principio. Hoy es un anciano sonriente de barba blanca que en diciembre cumplirá 90 años. Nació en Chicago, frente a los grandes lagos de Estados Unidos, y cuando era un niño soñaba con un teléfono que uno pudiera llevar adonde fuera. Quería tener ese juguete. Estudió ingeniería electrónica y consiguió empleo en Motorola, la famosa empresa de comunicaciones y sonido.

Se llama Martin Cooper y llegó a ser director de investigaciones en aquella compañía. A un periodista amigo suyo le comentó que estaba a punto de crear un teléfono inalámbrico con el que se podría hablar desde cualquier parte del mundo. El periodista –incrédulo como todos sus colegas– se burló de él. Hasta que una tarde de junio, en 1973, Cooper lo llamó por teléfono y le puso cita en una esquina de Nueva York.

Martin Cooper

Martin Cooper es el artífice de la magia del celular. Tiene cerca de 90 años y vive de su pensión en una pequeña urbanización de Nueva York.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Una caja de madera

Se encontraron a las cinco de la tarde. Cooper bajó del carro, y su amigo se quedó con la boca abierta al verlo sacar del baúl una caja grande de madera. En ella iban unos extraños aparatos y una batería que era casi del mismo tamaño de la de un carro.

Cooper ni siquiera lo saludó. Armó aquella cantidad de tornillos y cables como si fueran un rompecabezas. Entonces sí le habló al periodista, tendiéndole un teléfono enorme, que pesaba casi tres kilos y le llegaba de la oreja a la garganta.

—Te presento el primer teléfono móvil –le dijo sonriendo–. Hecho con células electrónicas, es decir, un celular.

El periodista creyó que le estaba tomando el pelo, pero Cooper marcó un número y se comunicó con el ingeniero Joel Engel, que trabajaba para la competencia, y resulta que este tampoco le creyó que le estuviera hablando por un teléfono sin cables desde el otro extremo de la ciudad. Entonces los puso a hablar entre ellos dos.

Así fue como dos testigos incrédulos asistieron al nacimiento del primer celular de la historia, hace 45 años en este momento.

Como la rueda

De modo, pues, que el señor Martin Cooper ya anda en los noventa años, está jubilado y vive de su pensión en una pequeña urbanización de Nueva York. Por las tardes sale a caminar y hace ejercicios para no perder la lucidez de la mente ni la elasticidad del cuerpo. Los que lo ven pasar ni siquiera saben que fue él quien inventó el celular por el que están hablando en una acera.

Un reportero de la cadena BBC de Londres lo entrevistó el otro día, y Cooper le dijo que, en su opinión, en la historia humana la invención del celular ha sido tan decisiva como la invención de la rueda.

—¿Cómo lo logró? –le preguntó el periodista.

—Soñando –contestó el anciano–. Soñando. No son las ideas las que mueven el mundo; son los sueños.

Al leer esa respuesta luminosa, yo recordé de inmediato a Pedro Calderón de la Barca, aquel literato español que escribió hace cuatrocientos años:

Soñemos, alma, soñemos, y atrevámonos a todo...

Ten mucho cuidado. No permitas que el celular te quite tu libertad

La cosa es trabajando

Pero a los sueños hay que meterles esfuerzo, lucha, sacrificio, ahínco. Mientras investigaba las historias de estos genios contemporáneos, como Licklider, Berners-Lee y Cooper, también recordé una célebre anécdota de otro personaje fascinante, también inventor, estadounidense él, nada menos que Thomas Alva Edison, el hombre que creó la cámara de cine y el bombillo eléctrico. (Aunque también le atribuyen varios de esos hallazgos al serbio Nicolás Tesla, que después de tantos años de anonimato ahora se ha vuelto famoso).

Un día, en otra entrevista, un reportero le preguntó a Edison si era cierto que la genialidad bajaba del cielo, como un rayo bendito que ilumina a los elegidos. El sabio se lo quedó mirando y le dijo:

La genialidad consiste en un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración.

Magistral. Porque la cosa es sudando. Es trabajando, mijito, trabajando. A Pablo Picasso también le plantearon el mismo dilema en una conferencia que se realizaba en París, a la cual asistían varios poetas surrealistas. El gran pintor respondió: “La inspiración no existe. Lo que existe es la disciplina y el trabajo. Pero admitamos, en gracia de discusión, que la inspiración puede llegar a existir. Entonces yo espero que, cuando llegue la mía, me encuentre trabajando”.

Las desventajas

A mí me pareció que, como la gente no ha tenido tiempo de descubrir esas historias, porque la vida moderna se ha vuelto muy vertiginosa, era mi deber de periodista dedicarme a averiguarlas.

Eso sí: tampoco es conveniente ni saludable olvidar que el uso desmedido de dichos aparatos, por milagrosos que sean, nos puede llevar a una adicción descontrolada, al aislamiento social, a la soledad tecnológica, a la esclavitud mecánica.

No hay que abusar de ellos ni olvidar que existe la comunicación humana, directa, el calor de una voz, la sonrisa que no se ve en un correo electrónico, el gesto tan expresivo de cariño o de enfado. El propio Martin Cooper, a pesar de las maravillas que logró con su prodigioso invento, hizo en cierta ocasión una advertencia sabia y profunda:

Ten mucho cuidado. No permitas que el celular te quite tu libertad”.

Adicionalmente les digo que hay que tener los ojos abiertos y los oídos atentos ante tantos embaucadores y farsantes, de los cuales está llena la Colombia de hoy, que usan las redes, el celular, el Facebook, y hasta los falsos tuits, cuya maldad está acabando con la confianza que inspiran y que habían logrado conquistar esos inventos geniales.

Epílogo

De manera, pues, que nuestros amigos internet y celular están cumpliendo años por estos días de junio y julio. Es hora de felicitarlos. Como ya quedó contado en esta crónica, los primeros esbozos de internet son anteriores al celular.

Por eso, según me cuentan, cada vez que se encuentran ellos dos, lo cual ocurre varias veces al día, el celular saluda a internet llamándolo “señor”. Porque a los mayores hay que respetarlos...

JUAN GOSSAIN

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