Proceso de Paz

Apuesta poética contra el dolor

La construcción de poemas como un instrumento de sanación para las víctimas de Córdoba.

Víctimas

Helen Ramos, Esmeralda Issa, Cristina Gutiérrez, Luis Carlos Páez Peña y María Zabala.

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El Espectador

26 de mayo 2017 , 05:49 p.m.

Cuando tenía 6 años, escribí mi primer poema pensando en que se lo dedicaría a mi padre cuando él volviera. Lo guardé en una caja vieja que me regalaron, y allí fui guardando otros que fui haciendo porque tenía que irle contando aquellas cosas que me pasaban a medida que el tiempo transcurría. La idea era que él supiera lo mucho que lo extrañaba y que me conociera a través de las letras.

No obstante, Papá volvió vuelto huesos y en un ataúd pequeño cuando yo tenía 19, así que podrán imaginarse cuánto papel había gastado y cuantas letras había escrito con la intención de que él las leyera. Quemé la caja con los poemas cuando volvimos del cementerio. Casi alcanzo a jurar que no volvería a escribir cosas semejantes.

Tendrían que pasar muchas cosas para que yo entendiera que esas palabras que escribí tenían un significado más allá del que yo pensaba, esas palabras eran como hilos que me ayudaban a sostener la vida.

Cuando llegué a la Sub-Unidad de Víctimas de Justicia y Paz a hacer mis prácticas de consultorio jurídico, hace un poco más de tres años, empecé a interesarme por aquello que reflejaban las miradas de las personas que iban allí a contar lo que les había pasado en relación con el conflicto armado interno que vive este país. Las historias eran terriblemente desgarradoras y quienes escuchábamos (la fiscal y yo), no éramos ajenas a esos padecimientos. La fiscal es viuda y yo, huérfana. En ambos casos la culpa es de la guerra.

Las personas me contaban acerca de “los asuntos de la tristeza”, puntualizaban en la necesidad del homenaje a los ausentes, los muertos y los desaparecidos, algo que les permitiera contar desde otro ángulo la historia que se volvía un trámite judicial, y yo pensé en la poesía como ese puente que nos comunica con las emociones, que las describe y nos describe con ellas. Así nació mi ‘Apuesta poética contra el dolor’.

Estos poemas no son para cortejar a alguien, pero reflejan los amores más grandes que se puedan concebir.

Mi trabajo no es sencillo porque no solo pasa por escuchar el horror y el dolor, sino que de algún modo pretende exorcizarlos. Las personas me van contando poco a poco, en ese ejercicio de la memoria que nos sitúa en el pasado con todo y sus emociones, lo que hace que recordar la tragedia sea un acto doloroso. Pero también se habla del presente, incluso del futuro, de los ausentes, no solo para hablar del hecho de la muerte, sino para recordar quiénes eran, sus gestos, las cosas que hacían, lo que representan para quienes los extrañan.

Mucha gente empezó a decirme que ahora recordaban a sus familiares o amigos con un gesto en particular, casi siempre con una sonrisa, ya que el relato les había ayudado a transformar esa última imagen de la muerte que tanto les atormentaba.

Con las víctimas de desplazamiento forzado armábamos tertulias con cinco y a veces hasta con 10 participantes. Ellos se organizaban y me invitaban a que escuchara sus narraciones, y construíamos un primer borrador con la secuencia de las historias; yo les explicaba paso a paso lo que iba registrando en mis notas, puesto que la mayoría de las personas que participaban nunca habían ido a la escuela y no sabían leer ni escribir. Ver que su historia estaba siendo plasmada en un texto que no obedecía a un trámite administrativo o judicial, sino que buscaba hacer memoria y ante todo utilizar esa memoria como instrumento de sanación, les causaba una grata emoción. Ellas elegían entre el verso y la prosa y las distintas formas de rima, casi siempre preferían verso y rima. Hacíamos juegos de palabras, las palabras con mayores significados para cada historia.

Cuando se trata de la desaparición forzada, el escenario es aún más complejo porque hay una incertidumbre eterna y no hay lugar para el duelo, siempre hay esperanza que regresen con vida… la terca esperanza. Por ello, el homenaje toma valor, porque es un acto de amor y de dolor, es el duelo.

La guerra también se ensañó contra los cuerpos de las mujeres, los cuales guardan todo tipo de heridas, en especial las que no pueden verse. Denunciar la violencia sexual es una de las tareas más duras que deben afrontar quienes son víctimas de tan macabra acción, por lo cual en muchas ocasiones hacíamos el poema antes y luego la denuncia, porque ellas sentían que en el proceso de contar desde las emociones e incluso los sueños ganaban el impulso para contar desde el horror.

Por eso, con las mujeres víctimas de violencia sexual el ejercicio de construir los poemas fue totalmente distinto. Yo sabía que para ellas el recuerdo de esa situación era devolverlas en el tiempo y volver a situarlas en el estallido de su dolor. Ellas dirigían la conversación, contaban lo que querían, sin afanes, sin escuchar juicios o señalamientos, a veces escribían párrafos cortos que aún no se atrevían a pronunciar y me decían que tratara de ponerle magia a esas palabras, porque allí estaba el peso de su testimonio. Estos encuentros no eran grupales en sus primeras etapas, las conversaciones iniciales eran solo de a dos. Eso cambió cuando un grupo de mujeres me propuso hacer un taller de poesía para ellas, y luego esos grupos eran cada vez más grandes y había una especie de hermandad y un círculo de confianza muy bello.

Hablar de los muertos es evocar a los ausente, es buscar con palabras reconstruir sus vidas. “No quiero que mi hijo sea un número, él era de carne y hueso, nació de mis entrañas, entonces no entiendo cómo es que hablan solo de una cifra”, me dijo alguna vez una señora. Estas personas también preferían hacer el ejercicio narrativo estando presente solo yo. Era un encuentro más íntimo donde dibujábamos los significados, gestos y anécdotas de ese ser que ya no estaba. “Yo quiero quitarme de la mente la imagen de ese charco de sangre, yo quiero recordarlo con su sonrisa, porque él tenía la sonrisa más bella del mundo”.

En muchas ocasiones, el poema era la antesala a la denuncia, porque en este podíamos gastar semanas, incluso hasta meses, pero la denuncia debía ser cuestión de minutos… el tiempo de la justicia. Por eso era fundamental llegar con fuerza, valentía y determinación a hacer la denuncia, eso no significaba que iba a ser fácil, pero ya no se devolvían de la puerta de la Fiscalía.

Así, ellos y ellas me cuentan sus vivencias, me hablan desde las profundidades del dolor y desde la grandeza de su alma, desde su don de perseverancia, desde la fragilidad, desde la fuerza, desde los sueños… Yo solo soy la armadora, la que ubica las palabras, la que busca los sinónimos, la que se da a la tarea de entender, pero que respeta absolutamente al dueño o dueña de la historia.

EstherEsther
Esther

Esther Polo presenta el trabajo que ha realizado con las víctimas.

Poemas

La coincidencia logró juntarnos
aún recuerdo tu expresión
cuánto llegamos a amarnos
y con tal fascinación.

Fuiste lluvia mar y cielo
rocío de madrugada
pero llegó el desconsuelo
como una puñalada.

La masacre y el horror
me obligaron a enterrarte
maldito perpetrador
de mí logró arrancarte.

Cada día es un reproche
porque me faltas tú
te recuerdo noche a noche
cual si fuera un déjá vu.

Ahora soy sobreviviente
en medio de esta guerra
no te aparto de mi mente
mientras lucho por mi tierra.

María Zabala

María Zabala

María Zabala.
En memoria de su esposo Antonio Polo.
Asesinado el 14 de diciembre de 1989.
Leído por Esther Polo Zabala.

***Siempre presentes en mis recuerdos de niño
brotando en cada lágrima que se escurre en mi mejilla
Mamá y Papá: cuán grande es mi amor y mi cariño
que su ausencia se ha colado como luz por la rejilla.

Cuánto los he extrañado
no lo alcanzo a imaginar
en mi memoria se han quedado
y allí nunca morirán.

Siempre están aquí en mi mente
estoy lleno de dolor
pero mi corazón latente
agradece por su amor.

Luis Carlos Páez Peña

Luis Carlos Páez Peña

Luis Carlos Páez Peña, víctima sobreviviente de la guerra en Colombia.
En memoria de sus padres Guillermo Enrique Páez Castillo y Marleny Rosa Peña.
Asesinados el 10 de julio de 1995.

***Voy andando sobre mis sueños
voy vestida con esperanza
desatando viejos recuerdos
envolviendo mis añoranzas.

Voy pensando en toda mi gente
en aquellos que ya no están
de mi tierra me encuentro ausente
junto a aquellos que ya se van.

Voy enredando sosiegos
sin saber lo que me espera
ellos abrieron su fuego
y encendieron una hoguera.

Un camino hacia la nada
la condena es el destierro
no hay rocío de madrugada
ni lluvia en el invierno.

Voy con ganas de volver
y encontrar viejos amores
ver la tierra renacer
y el encanto de las flores.

Gregoria Gutiérrez

Gregoria Gutiérrez

Gregoria Gutiérrez Herrera, víctima de desplazamiento forzado.

***Corazones rotos por el dolor
ojos cargados de lágrimas
por el recuerdo del pasado
ese pasado marcó mi vida
para siempre.

Noches de familia contemplando las estrellas
mañanas de neblina y campo fresco
tardes de cielo violeta
esos tesoros los tuve que enterrar
por una guerra que no termina.

Dashel Ramírez

Dashel Ramírez

Dashel Ramírez, 16 años, víctima de desplazamiento forzado

***A él le encantaba cuidarme
era un hombre extraordinario
jamás dudó en mimarme
mi abuelo legendario.

Ese día salió a trabajar
lo esperaba su compadre
pero al llegar al lugar
todo fue un baño de sangre.

Él sintió un remezón
a todos habían matado
se le rompió el corazón
y allí quedó tirado.

Nos tuvimos que marchar
con un dolor irremediable
siempre vamos a extrañar
a ese hombre irremplazable.

Katy Girón Martínez

Katy Girón Martínez

Katy Girón Martínez, víctima de desplazamiento forzado.
En memoria de Roberto Mestra (murió de un infarto al presenciar el homicidio de su compadre y amigos).

***La guerra marcó mi vida y mi alma
no sé si podré curarme de sus males
porque aún no ha vuelto la calma
ni el agua a sus manantiales.

Tengo recuerdos gratos
de una vida tranquila
una lágrima escurre a ratos
por el borde de mi mejilla.

Quiero que sea diferente
lo que está por venir
que haya paz para mi gente
y volvamos a sonreír.

Cristina Gutiérrez.

Cristina Gutiérrez.

Cristina Gutiérrez, 17 años, víctima de desplazamiento forzado.

***A mí me quitaron todo
la casa y la cosecha
y sin hallar acomodo
mi alma quedó maltrecha.

No sé si podré volver
nunca pierdo la esperanza
de mi tierra de nuevo ver
porque esa es mi añoranza

Hombre, víctima de despojo y desplazamiento forzado

Hombre, víctima de despojo y desplazamiento forzado

Hombre, víctima de despojo y desplazamiento forzado.
(Leído por Piero)

***Y así lo recordaba ella
como el más maravilloso de los hombres
el de la sonrisa más bella
cuando pronunciaba su nombre.

Aquel médico escudero
que significaba esperanza
de ella el curandero
el de toda su confianza.

Lo obligaron a partir
la tristeza hizo su entrada
el corazón dejó de latir
y ella está desconsolada.

Sin embargo, es muy valiente
y ha luchado con fervor
contra esta guerra penitente
que nos llenó de dolor.

Esmeralda Issa Martínez.

Esmeralda Issa Martínez.

Esmeralda Issa Martínez.
En memoria de Jairo Romero.
Asesinado el 22 de marzo de 2001.

***Eso fue de madrugada
ella solo pidió rezar
y allí cerca en la quebrada
su sangre empezó a brotar.

Después se llevaron todo
la lluvia empezó a caer
y en una tumba de lodo
la tuvimos que meter.

Ella era de alma humilde
pero su hijo se fue a la guerra
y no pudo ni decirle
que regresara a su tierra.

Nancy Molinares

Nancy Molinares

Nancy Molinares
En memoria de una gran amiga.
Asesinada el 18 de mayo de 2001.

***Vivíamos en Urabá
allá trabajábamos la tierra
pero todo empezó a cambiar
por culpa de la guerra.

Imponían todas sus reglas
con sus armas levantadas
pesadilla de tinieblas
no era un cuento de hadas.

A Montería nos fuimos
no había dónde vivir
porque todo lo perdimos
al momento de salir.

Yo tan solo era una niña
lo recuerdo con tristeza
ya nunca volví a la viña
pero tengo fortaleza.

Martha Suárez

Martha Suárez

Martha Suárez, víctima de desplazamiento forzado.

***Desde que tengo memoria
hemos estado sufriendo
podría escribir una historia
de cómo estamos viviendo.

La dureza de esta guerra
que se resiste a su final
y de paso nos encierra
haciéndonos tanto mal.

Tengo una lista de sueños
quiero poder estudiar
poner todo mi empeño
para poderme graduar.

Estudiar es privilegio
no un derecho que tienes
ya lo supe en el colegio
estudias si puedes.

Qué injustas son las cosas
pero yo no me resigno
tendrán espinas las rosas
y yo un estudio digno.

Helen Ramos

Helen Ramos

Helen Ramos, 18 años, víctima de desplazamiento forzado.

***Mi vida ha sido muy dura
me quitaron lo más querido
todo se ha vuelto amargura
mientras yo me resisto al olvido.

¿En qué lugar te dejaron?
mi anhelo es poder hallarte
tus hijos también dijeron
que sueñan con encontrarte.

La guerra ha sido inclemente
nos encadena al dolor
se ensaña con inocentes
pues no conoce el amor.

Este vacío que siento
se llena con tu presencia
no sabes cuánto lamento
tener que vivir tu ausencia.

Flor Gutiérrez Herrera

Flor Gutiérrez Herrera

Flor Gutiérrez Herrera, víctima de desplazamiento forzado.
En memoria de Víctor Gaviria.
Desaparecido el 3 de junio de 1990.

ESTHER POLO
Montería
La nota fue asesorada por Gloria Castrillón, periodista de 'El Espectador', en Bogotá.

*Este artículo se publica gracias a la beca '200 años en paz, storytelling para el posconflicto', apoyada por la Escuela de Periodismo de EL TIEMPO, la Embajada de Suecia, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Universidad de La Sabana.

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