Proceso de Paz

Militar revela secretos detrás de la operación Jaque

Testimonio desde el anonimato con detalles del golpe que permitió la liberación de 15 secuestrados.

Liberados en la operación Jaque

Los 15 liberados y sus familiares en una oración de agradecimiento tras la operación, en la base aérea de Catam en Bogotá.

Foto:

Rodrigo Arangua / AFP

01 de julio 2018 , 03:04 p.m.

Todo se hizo en 22 minutos. Éramos 13 militares en total: dos helicópteros, dos pilotos, el ingeniero, el técnico y 9 de nosotros representando papeles de la Misión Internacional Humanitaria que, según les habíamos hecho creer a los guerrilleros, trasladaría a los secuestrados al campamento de ‘Alfonso Cano’, el nuevo comandante de las Farc para 2008.

Cuando me bajé del helicóptero me acerqué a ‘César’, el carcelero. Atrás estaban Ingrid, los tres estadounidenses y los 11 militares secuestrados. Le di la mano al guerrillero y le dije: “Camarada, vamos a pasar a la historia”. ‘César’ sonrió muchísimo y yo respiré aliviado porque había acabado de salirme del guion que llevaba practicando un mes entero.

La genialidad de Jaque está en el engaño. Sobre todo, el engaño electrónico: se interrumpieron las comunicaciones entre el frente oriental, que daba las instrucciones de ‘Alfonso Cano’, y el frente que comandaba ‘César’, a cargo de los secuestrados.

Lo que lograron los de inteligencia fue que ‘César’ recibiera órdenes de un falso bloque oriental, creado por el Ejército. También se suplantó el frente de ‘César’ para que los del Bloque Oriental no sospecharan.

Buscamos radiooperadoras con voces similares a las de las Farc. Como no había suficientes en el Ejército, participaron incluso esposas de miembros de inteligencia. Fue tan exitoso que logramos “juntar la carga”, en lenguaje de la guerrilla, o sea que estuvieran ahí los 15 secuestrados el 2 de julio.

Esa fue la base, pero el engaño estuvo en todos los niveles. Desde el presidente, quien hizo manifestaciones públicas diciendo que iba a aceptar la negociación con las Farc para liberar a los secuestrados. Para que la información escuchada por radio por los guerrilleros coincidiera con las órdenes que estaban recibiendo por las comunicaciones interceptadas.

Incluso nos engañaron a nosotros mismos, para mantener en secreto la operación. Al momento de reclutarnos, nos dijeron que volviéramos a Bogotá porque se había caído el avión de ‘Iván Márquez’. Cuando llegamos, uno de los oficiales, que también fue a la operación, explicó todo y cerró con una frase que me dejó frío: “Las Farc están obedeciendo nuestras órdenes”.

Primero pensamos en un rescate a sangre y fuego. O mejor, en llevar a los guerrilleros a un punto y quitarles a los secuestrados con fuerzas especiales. Pero entonces uno de los oficiales dijo: “¿Y por qué no les decimos que toca trasladar a los secuestrados a otro lado?”

Su plan implicaba pararse sin armas frente al enemigo y en su territorio. Al final, el que lo propuso no fue; sintió miedo. Su hija había nacido hacía poco. Yo en cambio estaba soltero en esa época, tampoco tenía hijos y además... les cogí una bronca a los bandidos porque arruinaron económicamente mi región a punta de extorsión. Las Farc mataron a mi tío porque se cansó de pagarles.

Por eso me arriesgué en muchas misiones para golpear a la guerrilla. Pero, la verdad, no creíamos que llegara a hacerse esta operación tan loca. Hasta un día en el que el comandante del Ejército Nacional, mi general Mario Montoya, me llamó y me mostró una foto en su celular: estaban pintando el helicóptero militar con los colores de la Misión Humanitaria Internacional, una organización ficticia a la que le hicimos un logo, una página web y hasta una oficina.

Ahí sentí miedo; supe que la cosa iba en serio. Ya lo habían aprobado el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla; el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y el presidente Álvaro Uribe.

Nos concentramos en preparar nuestros papeles en tierra. A mí se me ocurrió que fuéramos a una academia de teatro. Se llama Charlot, en Bogotá. Nos hicimos pasar por profesores y tomamos unas cinco clases. Necesitábamos sentir que éramos actores para tener confianza.

Entre los papeles que hacíamos estaba el jefe de la misión, un ‘árabe’ miembro de la Cruz Roja; dos con la camiseta del Che Guevara, el médico, una enfermera, un periodista, un camarógrafo, etcétera. Como en las misiones internacionales suele haber gringos, le pedimos a Estados Unidos que nos pusieran algunos que los interpretaran, pero dijeron que no. Por eso nos tocó buscar oficiales colombianos con esos rasgos y que hablaran bien inglés.

Se le tuvo que informar a Estados Unidos días antes de la operación, para que no se molestaran. No participaron, pero tomaron fotos del sitio con aviones y nos dieron equipos de comunicación.

Por esos días, por los nervios, algunos recuerdos se me vinieron a la cabeza y los empecé a percibir como señales preocupantes. Cuando era niño me gustaba ir a la finca de mi abuelo y orinar sobre las dormideras, esas plantas que se cierran cuando uno las toca. Nunca las volví a ver desde entonces, hasta que estando en Tolemaida, antes de salir hacia el Guaviare para la operación; me bajé del helicóptero a orinar y vi un campo lleno de dormideras... Me impactó.

Para mí, las cosas eran 80/20, en contra nuestra, por eso en un día de permiso en el que me reuní con tres amigos, les dije: “Pidan el whisky más caro que yo lo pago”. Ellos pensaron que tenía una enfermedad terminal.

El día D, el 2 de julio, ya montados en el helicóptero y sobre el punto de encuentro, nos preocupamos. Los guerrilleros no cumplieron ninguna de las tres señales que les habíamos pedido: no hicieron el fuego para producir humo, no nos contestaron el mensaje que les enviamos desde el aire y al bajar nos dimos cuenta de que los secuestrados no iban vestidos con camisetas blancas. Pero ya no había vuelta atrás. Tras meses de un gran trabajo de inteligencia había que tener sangre fría. Y si fallábamos en eso, estábamos muertos.

Afortunadamente, ‘César’ estaba tranquilo. Iba a llegar como el héroe que le llevaba los secuestrados a ‘Cano’. Hasta nos invitó a apagar el motor porque nos tenía un sancochito. Le dijimos que no había combustible y finalmente accedió a subir al helicóptero con los secuestrados. Ahí lo inmovilizamos junto al otro guerrillero.

En el fondo siento pesar por ‘César’. Era un guerrero y perdió el tesoro más grande de las Farc. Incluso se quiso tirar mientras volábamos. “Me quiero morir”, decía. Y, luego, las Farc lo satanizaron diciendo que era un traidor, que se había vendido. Nosotros promovimos esa versión al principio, para proteger el trabajo de la inteligencia militar, pero al final el presidente ordenó decir toda la verdad.

Se ha atacado injustamente la operación Jaque. Antes de bajar ese día, por ejemplo, el ‘árabe’ se asustó y se puso un peto de la Cruz Roja. Sabíamos que no estaba permitido usar ese logo, pero no nos enojamos con él. ¡Cómo no iba a ir alguien de la Cruz Roja para que fuera creíble la misión! Tú vas a un lugar donde te pueden matar y la gente en este país se pone con esos moralismos... Y todavía hay personas que dicen que ‘César’ no está en ninguna cárcel, pero está en una prisión de Estados Unidos. Eso lo tenemos comprobado.

Da rabia. Nunca se había hecho algo como la operación Jaque. Deberíamos sentirnos orgullosos de ella. Es doloroso tener que dar explicaciones después de que uno arriesgó la vida de semejante manera.

Freddy Padilla, el hombre a cargo
General Freddy Padilla

El general Freddy Padilla era el comandante de las Fuerzas Militares cuando se ejecutó la operación Jaque.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda

El 2 de julio del 2008, el comandante de las Fuerzas Militares, Freddy Padilla de León, pasó los 22 minutos más largos de su vida mientras se desarrollaba la operación Jaque. Diez años después habla sobre ese hecho histórico.

¿Cuál era el plan B si algo salía mal?

La instrucción era crear un cerco alrededor del lugar donde se iba a hacer la supuesta entrega humanitaria, que incluía 30 helicópteros y 3 batallones de las fuerzas especiales. Debía ser lo suficientemente cercano para que no pudieran escapar, pero lo suficientemente lejano para que los guerrilleros no entraran en pánico y cometieran una barbaridad. El plan era lanzar volantes y perifoneo desde aviones para que los insurgentes se rindieran y entregaran a los secuestrados.

¿Cómo fue la preparación?

Los que participaron tomaron clases de teatro para interpretar sus roles y hubo un ensayo en Tolemaida. Allí se simuló el abordaje al helicóptero y había bastantes nervios. Con palabras de soldado, el comandante del Ejército, Mario Montoya, los animó. Eso les dio confianza.

¿Cómo ha sido la vida de estas personas en el anonimato?

Se les confirió la máxima condecoración que tiene Colombia, la Cruz de Boyacá, pero en una ceremonia absolutamente privada para que no saliera a la luz quiénes habían participado. En ese momento salieron del país para estudiar y alejarse de ese contexto y luego volvieron. Entre las Fuerzas Militares se los reconoce, son héroes, pero se les mantendrá en el anonimato.

Cronología de la operación

Julio del 2007

El plan se empieza a tejer tras la fuga del subintendente Jhon Frank Pinchao, quien da las primeras pistas de la zona donde se movían los miembros de las Farc con los secuestrados canjeables.

Abril del 2008

Inteligencia militar logra penetrar el primer anillo de seguridad del frente primero de las Farc, encargado de los secuestrados desde el 2004. Dos hombres de inteligencia se ganan la confianza del jefe de seguridad, ‘César’, el ‘carcelero’ de las Farc, quien tenía en su poder a los secuestrados y le respondía al ‘Mono Jojoy’.

Mayo del 2008

Un grupo de las fuerzas especiales recibe de los hombres de inteligencia las coordenadas del lugar de uno de los campamentos donde están los secuestrados.

Junio del 2008

Los infiltrados logran, a través de un guerrillero, convencer a ‘César’ de trasladar a los secuestrados hacia el sitio donde está ‘Alfonso Cano’, en ese entonces jefe de las Farc. Lograron reunir tres grupos de plagiados distanciados 50 kilómetros y que el grupo entero se moviera otro tramo.

Julio 2 del 2008

La operación comenzó a las 5 a. m. Dos helicópteros rusos M-I pintados de blanco y rojo se internaron en las selvas de Tomachipán, Guaviare, a 62 kilómetros de San José. Solo uno aterrizó. En él iban 9 militares disfrazados de delegados de una supuesta misión humanitaria. Al aterrizar el helicóptero (1:15 p. m.), los militares, con chalecos y logos de la falsa misión, sugirieron esposar a los secuestrados y subirlos al helicóptero para llevarlos al sitio pactado. Los captores accedieron. En pleno vuelo, los dos miembros de las Farc que abordaron, ‘César’ y ‘Gafas’, fueron reducidos. Luego se oyó una voz: “Somos el Ejército Nacional. Están libres”.

JUAN MANUEL FLÓREZ
Escuela de Periodismo EL TIEMPO
En Twitter: @juanduermevela

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Operación Jaque

Relato de liberados durante la operación. Archivo.

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