Proceso de Paz

Me arrepiento de tantas víctimas del conflicto: ‘Romaña’

El jefe subversivo habló de su paso por las Farc y de los planes que tiene para el futuro.

Henry Castellanos, ‘Romaña’,

Henry Castellanos, ‘Romaña’, en la zona veredal de Tumaco, Nariño. Le gustaría dedicarse a la ganadería.

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Ernesto Mastrascusa / EFE

28 de junio 2017 , 12:23 a.m.

–¿De qué vamos a hablar? –querrá saber Henry Castellanos Garzón, ‘Édison Romaña’, miembro del Estado Mayor Conjunto de las Farc y reputado combatiente de esa organización.

–De la paz, de usted...

El jefe subversivo aclara la garganta y cruza los brazos. Se encuentra en la zona veredal de transición Ariel Aldana (vereda La Variante), área rural de Tumaco.

En distintos juzgados, Castellanos suma 82 órdenes de captura, 52 medidas de aseguramiento y 50 sentencias condenatorias por crímenes que incluyen secuestro, homicidio y desaparición forzosa. Un récord alcanzado con su militancia insurgente, iniciada cuando era un niño de 13 años, en 1978. Su rango más alto ha sido el de comandante del bloque Oriental de las Farc, por lo cual Bogotá, Cundinamarca y los Llanos fueron sus zonas de impacto.

Quizás el lector identifique mejor a ‘Romaña’ al apuntar que fue uno de los artífices de la toma de Mitú, Vaupés, en 1998 (30 policías muertos y 61 secuestrados; 11 civiles fallecidos). O, cerca de la capital, se lo recuerda por sus pescas milagrosas, sobre todo en la vía Bogotá-Villavicencio.

Las pescas milagrosas, según cifras manejadas por el Ministerio de Defensa, generaban hasta 3.000 secuestros (exprés o de larga duración) por año. Es decir, los viajes por carretera se convirtieron en fuente de incertidumbre.

En los diálogos de La Habana entre el Gobierno y las Farc, ‘Romaña’ ocupó un puesto entre los negociadores del grupo guerrillero que acordaron el fin del conflicto y la dejación de armas.

Mientras responde la entrevista, despacha una bolsita de agua. Saca un iPhone y lo revisa. WhatsApp ya no es una rareza para él y los 300 combatientes (o excombatientes) que permanecen en la vereda. Hay que pasar tres avanzadas de seguridad para llegar a él.

Usted es tristemente recordado por las pescas milagrosas...

No las llamo pescas milagrosas, porque eran acciones planificadas para conseguir recursos y sostener una lucha revolucionaria. Nos tocó tirarnos a las ciudades y a las carreteras, para no dejarnos morir de hambre y defendernos de los ataques del Gobierno y el Ejército.

También se lo recuerda por tomas guerrilleras... ¿Siente que debe pedir perdón?


La guerra ha dejado muchas heridas, una estela de sangre. Ahí es donde nosotros decimos que, así como fuimos valientes para la guerra, vamos a ser valientes para la paz. En el futuro se harán documentales, reportajes y películas, y se contará la verdad de la guerra.

¿De qué se arrepiente?

Me arrepiento de tantas víctimas que ha dejado el conflicto. Me arrepiento de eso porque ahora que estamos en un proceso de paz, uno habla con la gente, con los campesinos, y todos somos víctimas. Los muertos los pone el pueblo, pero no los hijos de presidentes o senadores... Cuando la guerra llega a una etapa avanzada, se vuelve tragedia.

¿Y de qué no se arrepiente?

De haber sido guerrillero.

¿Qué sintió al dejar el fusil?

Las armas no son más que un medio de defensa. Cuando ingresamos al movimiento guerrillero no lo hicimos por el fusil, sino por la consciencia de que hay que transformar al pueblo, por los valores que defendemos. Uno el fusil lo quiere como una parte de la vida, porque por él estamos vivos, pero también sentimos que hemos hecho un compromiso con Colombia y el mundo para dejar la guerra y hacer política. Al final, lo que importa es que se cumplan los acuerdos.

Los muertos los pone el pueblo, pero no los hijos de presidentes o senadores... Cuando la guerra llega a una etapa avanzada, se vuelve tragedia

Usted estuvo en Bogotá...

Decían que yo era de Kennedy (localidad de Bogotá) y que pertenecía a las Juventudes Comunistas, pero no, yo solo era un campesino. Estuve en Bogotá, en las localidades; en los cerros de Guadalupe y Monserrate estuve tres años, con 400 guerrilleros, y en los páramos de la zona, que son fríos y difíciles de operar. En Bogotá estuve varias veces manejando taxi y vendiendo cobijas, siempre en misiones de inteligencia.

¿Cómo sobrevivió?

La guerra no es buena, no es fácil. Supuestamente, me han matado muchísimas veces. En realidad, una cosa es decir qué es la guerra, sentados acá tomándonos un agua, y otra cosa es vivirla, porque la guerra es dura.

¿Para usted, qué es la paz?

Inversión social para todos.

Y su familia...

Mi familia ha sido perseguida: tengo 22 familiares muertos por los paramilitares y la Fuerza Pública. A pesar de eso, no guardo rencores, ha sido una guerra dura.

¿Cómo se ve en diez años?

Tengo que moler el presente para ver qué será el futuro, porque este país es incierto.

¿Cómo le gustaría verse?

Ayudando a este país. Sé de agricultura y ganadería. También me gusta el derecho.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO

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