Proceso de Paz

La historia de una reportera del New York Times con el proceso de paz

Annie Correal relató el secuestro de su padre. Dice que él, antes de morir, perdonó a las Farc.

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Annie Correal, reportera del New York Times decidió contar, en una de sus notas los recuerdos que tiene de una de las tantas víctimas de la guerra con las Farc: su padre.

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Twitter: @anniecorreal

31 de agosto 2016 , 11:34 a.m.

La reportera del New York Times Annie Correal decidió contar, en una de sus notas para este importante periódico de EE.UU., los recuerdos que tiene de una de las tantas víctimas de la guerra con las Farc: su padre.

(Lea también: 'Guía práctica para entender los acuerdos de paz').

En el artículo, publicado el 28 de agosto, cuenta que desde que se inició la negociación entre Gobierno y las Farc, para ponerle fin a una guerra de medio siglo, Jaime Correal Martinz, quien estuvo secuestrado más de ocho meses, estuvo al tanto de todo lo que ocurría.

La reportera dice que pesar de ser escéptico frente a la guerrilla su padre tenía esperanza en los acuerdos, cuya firma (el pasado 24 de agosto) no alcanzó a ver, pues murió en junio pasado.

(Lea el texto completo del acuerdo final de paz)

Hoy que se abre la esperanza de un acuerdo de paz con sus victimarios, Jaime no está para vivirlo y su hija, Annie, asegura que su padre quería el logro de la paz para ponerle fin a un conflicto de más de 52 años.

El secuestro
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reportera del new york times relata el secuestro de su padre

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Luego de la firma y del inicio del cese del fuego, el pasado 29 de agosto, Correal decidió contar la historia de su padre y su familia en el New York Times.

(Lea también: 'Fin de una guerra: Gobierno y Farc inician cese del fuego definitivo').

Era 1999 y Jaime vivía en Bogotá junto con su esposa, Samantha; sus dos hijos menores, Nicolás y Lorena; y Annie, que terminaba su segundo año de Universidad en Estados Unidos.

Mientras que iba del trabajo a su casa fue capturado por delincuentes comunes que luego lo entregaron a las Farc.

Por más de ocho meses Jaime estuvo en manos de esta guerrilla, moviéndose constantemente de campamento y siendo ocultado en la espesura de la selva para no estar a la vista de los aviones militares. En ese tiempo durmió en 38 lugares diferentes.

Memorias de la guerra

“Mi padre rara vez mencionaba su tiempo con las Farc después de que volvió a casa. Una vez, en el supermercado, señaló un paquete de galletas. ‘Eso es lo que nos daban de comer durante las marchas’ dijo. En otra ocasión, me contó que las botas de goma eran una buena almohada si se metía una dentro de la otra”,dice Annie.

A pesar de que era poco lo que Jaime le contaba a su familia sobre este episodio, cuando lo hacía bromeaba y decía que fue un ‘eco-reto’ y unas vacaciones que necesitaba para proteger a su familia.

Diez años después de su liberación, el padre de Annie le contó un poco más de su tiempo en cautiverio.

“Sí, le dieron de comer, incluso cigarrillos. No, no estuvo amarrado con cadenas. Pero estuvo en solitario seis meses, confinado en su caleta, donde por la noche se quedaba despierto pensando o escuchando en secreto un programa de radio que transmitía mensajes para rehenes”, aseguró la hija de Jaime.

Como otros secuestrados por las Farc al padre de Annie también le tocó caminar días enteros por terrenos difíciles de la selva. Una de esas fue cuando los miliares se acercaron al terreno de la guerrilla y tuvo que caminar 11 días sin parar.

Jaime Correal no estuvo solo durante su cautiverio. Pudo conocer a los Ángulo, una pareja de casi setenta años que fueron asesinados debido a la lentitud con la que caminaba la señora por la hinchazón en sus pies. Esto, sin importar que sus hijos ya habían pagado por su rescate.

Pero Jaime logró ver un panorama más amplio de la guerra de las Farc: “Mi padre vio la complejidad del conflicto de cerca: la capacidad de las Farc para la crueldad y también la impotencia, si no la inocencia, de algunos guerrilleros jóvenes. Algunos de estos tenían solo 13 años. Muchos combatientes fueron sacados de sus casas y obligados a unirse desde niños”.

El día que rescataron a Jaime vio una cara conocida cuando terminó la balacera que se armaba fuera del campo.

Cuando solo quedaron soldados supo que, después de estar 265 días en cautiverio, era un hombre libre. Pero entre el cuerpo militar vio a una combatiente guerrillera que conocía.

Ella se escapó de la guerrilla y arriesgó su vida para poder liberar a su hermano de trece años que había sido forzado a unirse a las Farc. A pesar de que Jaime no supo si ella pudo encontrar a quien buscaba, ni tampoco lo que pasó con la exguerrillera, ella ayudó a liberarlo a él, y a cuatro más secuestrados, incluyendo al periodista Guillermo ‘La Chiva’ Cortés.

Después de la liberación de Jaime la familia se mudó a Panamá. Muy pocas veces volvieron a Colombia pero, según Annie, su padre estaba pendiente de las noticias sobre la guerrilla y el proceso de paz con el Gobierno.

“A lo largo del proceso de paz, mi padre estaba muy escéptico sobre la guerrilla, pero esperanzado”, dice.

Lamentablemente, su hija no pudo saber si su padre apoyaría la firma del fin de las negociaciones del Gobierno con las Farc, anunciada la semana pasada. Pues, Jaime murió en junio de este año.

Pero Annie está segura de que Jaime, “con un poco más de esfuerzo, soltó el rencor, la indignación por lo que había sucedido, sin sentido para él y para nuestra familia. Al igual que muchas víctimas del conflicto de Colombia ahora, en su momento, optó por la paz”.

El artículo fue modificado por las precisiones que hizo la autora de la nota original.

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