Proceso de Paz

“Quiero dejar huella en este país”: hijo de diputado del Valle

Sebastián Arismendy cuenta por qué decidió ser activista de la paz y apostarle al perdón. 

Sebastián Arismendy

Sebastián Arismendy.

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Colprensa

20 de mayo 2017 , 12:11 a.m.

“El paso es sencillo. Si uno se queda toda la vida llorando, nadie lo va a escuchar. La única manera de ser escuchado y atendido, que en últimas es lo más importante, es dejar simplemente de permanecer en un estado pasivo; de quedarme sin hacer nada y pasar a un estado activo; mover las personas, mover las ideas para ser atendido”.

Así es como define Sebastián Arismendy el momento en que decidió dejar de ser víctima para convertirse en un activista de la paz. A simple vista parece sencillo.

Pero si uno revisa la historia personal de este joven de 19 años, hoy estudiante de dos carreras en la Universidad de los Andes, quizás concluya que no ha sido tan sencillo, que como él mismo lo define, en otro momento, ha sido una apuesta por perdonar, para seguir adelante.

Sebastián Arismendy Mesa fue uno de esos niños que a raíz del conflicto, el país vio crecer en la televisión, en la prensa, en la radio. Tenía apenas 4 años cuando a su papá, Héctor Fabio Arismendy, las Farc lo secuestraron junto a otros 11 diputados de la Asamblea del Valle del Cauca, el 11 de abril de 2002. Y tenía apenas 9 años, cuando el 28 de junio de 2007 el mundo se estremeció al saber que 11 de los 12 asambleístas, entre los que se encontraba el papá de Sebastián, habían sido asesinados en cautiverio, en el que fue uno de los hechos más atroces cometidos por esa guerrilla.

El año pasado, en septiembre, el chico de Cartago les cantó la tabla a los miembros del secretariado de las Farc en La Habana y les dijo que siendo un niño los quiso matar, señalando uno a uno a los hombres que tenía en frente. De cómo los odió por destrozarle la vida, por arrebatarle a su padre, su infancia y su vida ideal. Y de cómo el tiempo lo hizo sanar y ya no sentía rencor, porque el perdón lo hizo libre.

Desde entonces, asiste a cuanto evento tenga que ver con la construcción de la paz en Colombia. No tuvo miedo a los insultos que por haberle hecho campaña al ‘Sí’ en el plebiscito le hicieron en las redes sociales, ni a los que siguieron después. Lo suyo es un compromiso decidido con la construcción de un nuevo país en el cual quisiera que no hubiera clientelismo, corrupción, pesimismo y en el que sueña, incluso llegar a ser Presidente.

Así piensa hoy el chico que al escuchar las canciones que compuso su padre siente que él le habla, le da tranquilidad, lo aconseja. El chico que se hizo el hombre de la casa prematuramente para cuidar de su mamá y de su hermano. El chico que siente que ayudando a otras víctimas de alguna manera también encuentra su propia reparación, su verdad.

¿En qué momento y por qué decidió dedicarse activamente al tema de la paz y el posconflicto?

Un día, cuando llegué a la universidad, mi mamá prendió el televisor y entonces estaba hablando el presidente Juan Manuel Santos diciendo que ya había acuerdo de paz y que lo iban a publicar para que todo el mundo lo viera. A mí me sorprendió demasiado, porque no pensé nunca que en serio se iba a llegar a un acuerdo. Cuando escuché eso, no sé, a mí me llegó como la inspiración y me senté a escribir. Dejé la comida a un lado y cogí el computador y escribí mi primera carta que publiqué en Facebook antes de ir a La Habana. Y ahí empezó todo. Y dije que confiaba y que esperaba que todo mundo de verdad quisiera que se acabara ya está guerra, que nos dejó tan mal a tantas personas. Esa fue la primera carta. Ese fui el día que decidí dedicarme a esto.

Ya después de ir a La Habana, cuando hablé con el Secretariado, empiezo a ser entrevistado en los medios y por mi cuenta empiezo a hablar con más víctimas y a entender que puedo aportar más allá de mi situación. Que puedo darles más a otras personas y continúo en esto.

¿Qué aprendió en La Habana, tras su conversación con el Secretariado de las Farc?

En La Habana aprendí a ser más berraco. Fue muy difícil porque jamás pensé que eso fuera posible, verlos y decirles lo que tenía adentro. Cuando eso pasó, volví a ver la rabia, el rencor. Eso me hizo ser una persona más fuerte, mucho más valiente, delante de todas las personas; volver a tener vida. Un aprendizaje de esa experiencia es decir las cosas con total sinceridad. No guardar nada y ser cada vez más maduro. A pesar de la edad, puedo hacer cosas grandes y llegar al punto de perdonar y poder dar enseñanzas. Uno no se alcanza a imaginar esto hasta que lo vive, lo siente y lo cree.

¿Por qué fue bueno para usted perdonar?

Perdonar es necesario para seguir con la vida, para poder estar tranquilo, porque si uno continúa en incertidumbre de dolor y venganza, su vida se mantiene en ese rencor, en la venganza, en llorar, en estar triste. La vida encaminada en el mismo sentido. Si tú perdonas, no olvidas, pero te alejas de ese dolor y aceptas lo que pasó.

Nada puede volver atrás, pero hacia adelante todo puede ser mejor. Es el futuro de una familia, de una sociedad, y así se construye mejor para poder ser feliz.

Algunos jóvenes como usted no perdonaron y tienen muchos cuestionamientos sobre la paz. ¿Cómo es su relación con las demás familias de los diputados asesinados? ¿Habla con ellos?

Sí. Después de La Habana nos reunimos, tenemos un grupo de WhatsApp, charlamos. Hay unas familias que no están de acuerdo, pero con el paso del tiempo nos escuchan; claro que no son adeptos a esto, pero han abierto mucho su corazón y han mejorado su perspectiva

De la gente que ha conocido en este trasegar de paz, ¿qué personas le han dejado huella?

Muchas víctimas y los nobeles de paz. Hay víctimas que tienen unas ideas increíbles y que le hacen a uno recordar que hay gente que ha sufrido mucho más que uno. En el Congreso Mundial de Nobeles de Paz tuve la oportunidad de aprender de muchos que su esfuerzo, esperanza y dedicatoria les sirvió para seguir adelante.

¿Qué está haciendo actualmente para continuar aportando a la paz?

En Facebook y en mis redes sociales sigo apoyando todo el proceso, con opiniones. En la universidad, siempre que tengo oportunidad, hago debate con mis profesores y mis compañeros para empezar a construir el tejido social desde las aulas. Y estoy liderando un grupo para empezar a mover todo lo que tiene que ver con la política juvenil desde Los Andes. Me parece importante que no solamente se enfoquen en el exterior y más allá de las fronteras, sino que también se pongan aquí a manejar los problemas internos, que es lo que deberíamos estar haciendo.

También, hablando con víctimas, les escribo, les respondo, hablo con el director de la Unidad de Víctimas para que les respondan y les ayuden más rápido. He estado haciendo lo posible por ayudarlos, y eso mismo les pido a los medios: que nos ayuden con las víctimas que no son escuchadas, que quieren mostrar sus historias.

¿Qué espera de justicia y reparación en el caso de la muerte de su padre?

Estuve en la firma del decreto de reparación y justicia. Que nos cuenten qué pasó, quiénes planearon su secuestro, que nos ayuden a construir una memoria de su secuestro, qué hacían, cómo dormían, los recorridos que hicieron, cómo se daban cuenta de nosotros, todas esas cosas que nos quedan de recuerdo, porque para nosotros es algo que se perdió.

¿Qué le preocupa del posconflicto en Colombia?

Tantos escándalos. La corrupción. Y sobre la paz, lo débil que a veces pareciera estar esto. Me explico: me preocupa mucho que cualquier rumor, que cualquier red social, cualquier comentario dañe esto. Aparecen cosas como la amenaza de que Maduro va a sacar todos los secretos del proceso de paz. Ese presidente es capaz de decir cosas que no son ciertas con la única intención de dañar las relaciones, de dañar el ambiente y eso puede llevar a que nos odiemos más después de lo que dejó el plebiscito.

Me preocupa también que las Farc no estén cumpliendo, que no usen todo esto solo por política y se muestren con caras lindas, sino que de verdad hagan las cosas. Me preocupa es que el Gobierno se pasa con los beneficios a las Farc y está dejando de lado a las víctimas. No es bueno que todo sea para las Farc, que haya igualdad.

¿Cuál es el principal problema que le preocupa del país?

Los problemas microsociales del tejido social. El pesimismo y las ganas de que todo vaya mal. Puede que los gobernantes hagan algo bueno, pero si en general hay pesimismo, las cosas van a ir más mal. Eso es lo que veo en las redes sociales, que la gente no cree en nada, que siempre está esperando que las cosas vayan mal. Y eso es malo. En economía hay algo que se llama la ecuación de Fisher, que compara el desempleo con la inflación y la inflación esperada y lo que dice es que si la gente espera que haya más inflación, pues habrá más inflación; si la gente piensa que el banco central está bien y va a poder controlar las tasas y que la inflación va a estar buena, a la inflación le va a ir mejor. En general, las intenciones y el pensamiento de la gente influyen en la realidad. Hay un problema microsocial en tanto a construir algo mejor. Siempre se debe tener una actitud de construcción y eso es lo que más preocupa.

Un niño y luego un adolescente que por la guerra en Colombia tuvo una vida distinta como la suya, ¿ve diferente el país?

Yo no crecí en una burbuja. Desde muy niño viví otro cuento: salir de mi casa, que secuestraron a mi papá, salir a marchar, ponerme camisetas raras, que no puedo jugar porque estoy ocupado. Desde chiquito en tarimas, entrevistándome; yo creo que esas cosas lo van formando a uno.

Veo diferente el país gracias a que he vivido en varias ciudades, he conocido muchas personas, una buena abstracción de lo que es Colombia.

Usted ha dado síntomas de que va a terminar en la política, heredando la vena de su padre. ¿Dónde se ve a futuro? ¿Qué sueña ser cuando termine sus estudios?

Cada vez me gusta más la política, me encanta opinar, dar ideas y saber que muchas cosas que hacen los actuales líderes no son lo mejor. En el futuro me gustaría trabajar en una empresa privada. Y luego seguir como empresario. Abrí hace poco una empresa en Cartago (de alimentos) y espero poder abrir sucursales en otras ciudades, creo que por ahora mientras estudio también seguiré ayudando a las personas.

Y ya en la política, ser un buen senador, un ministro. Si Dios me lo permite y si Dios lo quiere, me encantaría darle mucho a este país y generar más plusvalía de la que se necesita, alguna vez de pronto ser Presidente. Me fascinaría poder dejar huella en este país que tanto amo, el cual no me gustaría abandonar, me gustaría morir aquí.

¿Cómo cree que les irá a las Farc cuando participen en política?

Apoyo el proceso de paz por construir una sociedad más íntegra ante el tejido social que se partió, pero jamás votaré por un miembro de las Farc, no se lo merecen. Les faltan muchísimos años para construir esa autoridad moral que destruyeron, para venir a hablar de equidad y del daño de la corrupción.

¿Cómo cree que les irá a los desmovilizados cuando se incorporen a la vida civil?

Espero que les vaya bien, que los empresarios los ayuden, que comprendan que tienen un gran papel en este proceso; son gente con grandes habilidades para construir empresas agropecuarias, cultivos que le generen al PIB. Construir cosas buenas si les brindan una buena formación.

¿En qué no está de acuerdo sobre la forma en que se negoció y lo que estamos viviendo ahora?

De que este gobierno para sacar adelante la paz tuvo que hacer algunas cosas que no fueron buenas, ceder en justicia, reparación y verdad. Pero creo que a veces es necesario ceder para conseguir algo y recuperar mucho más. Ganar utilidades. Eso es lo que deberíamos estar haciendo, pensar en cómo aportar y no simplemente atacar en redes sociales diciendo que esto es un ‘mierdero’. Yo no pienso así.

Sebastián Arismendy 1

Sebastián posa junto a su mamá y su hermano.

Foto:

El País, de Cali

Sebastián Arismendy 2

Sebastián se encuentra con las Farc, tras los diálogos de paz.

Foto:

El País, de Cali.

Sebastián Arismendy 3

Héctor Fabio Arismendy fue secuestrado por las Farc el 11 de abril de 2002.

Foto:

El País, de Cali.

Sebastián Arismendy 4

Héctor Fabio Arismendy fue asesinado el 28 de junio de 2007.

Foto:

El País, de Cali.

El lado íntimo

Tres momentos inolvidables junto a su padre

El primer momento es indiscutiblemente cuando me cargaba en caballito por la casa. Le encantaba tirarse al suelo y que yo me subiera sobre él. Cogía un trapo y se lo metía en la boca y hacía como si estuviera galopando, nos íbamos por toda la sala; los juegos con él eran muy lindos.

El segundo era con los dulces. Mi mamá era demasiado rígida; mi papá era muy laxo, y a él le encantaban los dulces como a nosotros, entonces hacíamos un complot con mi papá, mi hermano y yo comprando dulces, y mi mamá nos regañaba. Nos íbamos a un lugar en Cartago a comprar dulces americanos y los escondíamos para que mi mamá no los viera.

Y el tercero, una pelea con mi mamá, quien siempre fue mucho más estricta hasta que secuestraron a mi padre. Recuerdo que le hice una vez un berrinche muy grande a mi mamá y me regañó y me hizo vomitar, y mi papá no soportó verme vomitar por la rabia y me defendió y me alcahueteó la llorada.

Tres enseñanzas que le dejó para siempre

La enseñanza más linda que me dejó es amar. Amar a la familia, a mi hermano a mi mamá, a mis primas, a mis tías... A respetar muchísimo. Siempre he llevado la batuta del respeto tanto a la mujer como al hombre, nunca me ha gustado pelear, siempre me ha gustado sacar todo por la vía de la palabra. Y tercero, amar con berraquera, porque todo con amor se puede: si tú amas el estudio, lo haces bien; si tú amas tu trabajo, trabajas con pasión. Esas son las tres mejores enseñanzas que me dejó mi papá

Ante la ausencia de su padre y usted siendo el hijo mayor, ¿cómo fortaleció su relación con su mamá y su hermano? ¿Qué ha aprendido de ella, de su rol, de su visión femenina?

La relación con mi mamá cambió demasiado cuando a mi papá lo secuestraron. Aunque era un niño muy pequeño, siempre dije que me iba a dedicar a mi familia, a ser el hombre de la casa, así tuviera 5 años, y empecé mi transformación. Mi mamá se convirtió en mi mejor amiga, en mi princesa. Desde los 12 años en mi casa se toman las decisiones de manera conjunta. Siempre nos da consejos de cómo se tienen que hacer las cosas y nosotros tenemos el albedrío de hacerlo o no, y gracias a esa libertad no estamos en ninguna senda rara. En mi casa jamás me dijeron que obedeciera a tajo como en el Ejército. Siempre ha sido una deliberación con libertad de opinión hasta en la casa.

Alguna vez me contó que había canciones con las cuales se comunicaba con él, ¿cómo es ese momento y otros en los que siente que le habla su padre?

A veces, cuando cierro los ojos y me relajo porque estoy demasiado cansado, siempre siento que él me habla y eso me parece superreconfortante. Hay que aceptar las cosas, yo soy muy realista y sé que no tengo papá desde los 4 años, pero a él siempre lo siento al lado de mí. Y cuando escucho la música de él es increíble, es más, mi hermano se puso a componer; yo me he dedicado a la sociedad.

En frases cortas

Una canción: “Amigo, adiós”.

Un libro: “Psicología de masas”.

Una frase que lo defina: “Hagas lo que hagas nunca te defraudes a ti mismo”.

Un momento de su vida: “Compartir con mi mamá cada instante”.

¿A quién quisiera conocer?: “Al papa Francisco”.

¿Hasta dónde quisiera llegar?: “Hasta donde Dios, la vida y el universo me quieran llevar”.

PAOLA ANDREA GÓMEZ P.
Jefe de redacción de 'El País', de Cali.

*Este artículo se publica gracias a la beca '200 años en paz, storytelling para el posconflicto', apoyada por la Escuela de Periodismo de EL TIEMPO, la Embajada de Suecia, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Universidad de La Sabana.

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