Proceso de Paz
PAZ con las farc

‘Ya perdoné a la guerrilla, pero olvidar es otra cosa’

Luis Eladio Pérez, excongresista que estuvo en cautiverio por siete años, habla de su secuestro.

Luis Eladio Pérez

El exsecuestrado Luis Eladio Pérez dedica sus días a la familia, en especial a sus cuatro nietos.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

04 de mayo 2017 , 11:20 a.m.

Luis Eladio Pérez, excongresista que estuvo en cautiverio por siete años en la selva, ve difícil que toda la sociedad perdone a las Farc. El secuestro significó su decadencia, dice.

“El secuestro político les representó a las Farc el fracaso y el desgaste. Las derrumbó y generó el rechazo de la comunidad nacional y extranjera, e incluso las hizo perder el apoyo que en algunos sectores lograron tener”.

Así, sin rodeos y con la tranquilidad de sentir que tras 9 años de haber recuperado su libertad ya logró perdonar a la guerrilla que lo tuvo alrededor de 84 meses consecutivos cautivo en la selva, Luis Eladio Pérez describe lo que para él fue una de las prácticas de horror de ese grupo ilegal que marcaron su declive histórico.

Este hombre, quien a sus 63 años decidió apartarse de la vida pública –confiesa que aún no sabe si es algo temporal o definitivo–, afirma que ya no siente rencor por la guerrilla y que incluso logró perdonarla, pero enfatiza que el olvido es algo que no tiene previsto y que a las Farc les falta pedirles perdón a sus víctimas si en verdad quieren cerrar definitivamente el conflicto armado.

Pérez, un político liberal que para la época en que fue secuestrado (2001) tenía una curul en el Senado, sustenta su tesis en que las Farc usaron el “mal estado físico” de los plagiados para presionar al Gobierno, lo cual le reveló al mundo cómo esa guerrilla menguó su dignidad y causó un rechazo generalizado por la forma en que los humillaron por años.

La opción de la muerte era una forma de recuperar la libertad, porque las opciones de vivir siempre fueron mínimas

Y no es para menos. En una extensa charla con EL TIEMPO, Luis Eladio Pérez recuerda que los dos primeros años que estuvo ilegítimamente privado de su libertad no tuvo ningún elemento de aseo y que lo más parecido a una cama que tuvo fueron tres tablas que esporádicamente le permitieron usar. En las pocas pruebas de supervivencia que la guerrilla hizo públicas se vio el resultado de los vejámenes a los que fueron sometidos él y sus demás compañeros durante el secuestro.

“La opción de la muerte era una forma de recuperar la libertad, porque las opciones de vivir siempre fueron mínimas”, cuenta este abuelo de cuatro nietos, con tristeza, al volver sobre los recuerdos del capítulo más oscuro de su vida y, en general, de los más cruentos en cinco décadas de guerra que tuvo Colombia con las Farc.

Y es así de sincero al narrar lo que sentía por aquella época debido a todo lo que tuvo que enfrentar, por la decisión de una guerrilla de privar de su libertad a distintas personas para presionar al Gobierno de turno por el cumplimiento de exigencias que creían tenían derecho a hacer desde la ilegalidad.

Luis Eladio cuenta que, por ejemplo, cuando había acciones militares cerca de los campamentos en donde los tenían aislados, las Farc los utilizaban como escudos humanos para evitar ataques frontales a sus tropas. En esos instantes –recuerda– sentía la muerte o, incluso, las ganas de entregarse a ella para liberarse de los vejámenes a los que lo sometieron durante poco más de 7 años de secuestro.

Consecuencias imborrables

“Su intención siempre fue menguar nuestra dignidad y lo lograron”, precisa Pérez, quien explicó que hubo ocasiones en que menores de tan solo 11 años de edad eran los encargados de cuidarlos y que lo supo porque ellos mismos confesaron sus edades durante cortas charlas con los plagiados. “Ver sus rostros en la guerra fue muy duro”, añade.

Toda esta situación, y el dolor y la incertidumbre que causan el estar contra su voluntad en la selva, víctima de uno de los delitos que mayor costo político ha tenido para las Farc, desembocaron en varios problemas de salud que por poco le cuestan la vida en cautiverio.

Relata Luis Eladio que recién comenzando su sexto año de secuestro, ya cuando estaba bajo la custodia de Alexander Farfán, conocido como ‘Gafas’ –en la manigua oriental de Colombia–, sufrió un infarto que casi le causa la muerte lejos de cualquier noción de civilización y familia.

No tuve asistencia médica de ninguna clase, solo me proporcionaron unas hojas grandes para que me sirvieran de colchón mientras me recuperaba”, explica este exsecuestrado que actualmente pasa sus días entre Bogotá y una población cercana a la capital del país, donde tiene una casa de descanso.

La ausencia de los cuidados adecuados y el tener que enfrentar ese impasse a la intemperie natural de la selva colombiana, dejó marcas en su piel y, por su puesto, en su estado actual de salud. Él mismo cuenta que luego de su liberación, en el 2008, ha sufrido otros dos infartos y que ahora –por recomendaciones médicas– debe hacerse chequeos constantes en su corazón para evitar que una situación similar le cueste definitivamente la vida.

Su intención siempre fue menguar nuestra dignidad y lo lograron

Claro que su estado de salud no fue lo único que se vio deteriorado durante el secuestro. Luis Eladio habla con algo de nostalgia sobre los momentos difíciles que vivió con sus compañeros de cautiverio en ciertos momentos. Eso sí, deja claro que el rencor no hace parte de su vida.

La persona que está secuestrada está en el filo de la vida y de la muerte, y en ese momento sus comportamientos se modifican mucho por el deseo de supervivencia que cada uno tiene, y para hacerlo se puede pasar por encima de quién sea”, concluye hoy, cuando el plagio que sufrió por cuenta de las Farc es un recuerdo doloroso que no puede borrar, pero con el que aprendió a vivir.

Luis Eladio Pérez prefiere no referirse a ejemplos específicos de lo que pasó en la selva, pues argumenta que no se puede revivir un dolor que no fue fácil de asimilar con los años luego de la liberación.

Los comportamientos de cada uno de nosotros se modificaban constantemente, porque al estar ad portas de morir hacía renacer el deseo de supervivencia”, es lo que prefiere comentar este político en buen uso (¿temporal?) de su retiro.

Aquí cabe recordar que Pérez, tras su liberación, ofició como embajador en Perú y luego en Venezuela, además de que fue candidato nuevamente al Senado de la República, y ha recibido algunos mensajes para tentarlo a volver al escenario público. Él confiesa que tampoco lo descarta.

Sin rencores

Tras sobrepasar el capítulo más oscuro de su vida –producto de alrededor de 84 meses secuestrado en la selva–, este político de estirpe liberal asegura que ya logró perdonar a las Farc, pero que advierte que es necesario que esa guerrilla le pida un perdón real y dé una reparación justa a las miles de víctimas que ha dejado durante casi seis décadas de actividad criminal en todo el territorio nacional.

La razón, a su juicio, es muy sencilla. Dice que si no se da ese proceso, que debe ser sincero y público, no solo los afectados por la guerra sino la sociedad colombiana en general no podrán aceptar su tránsito a la democracia y mucho menos entender que la paz pasa necesariamente por su reincorporación a la democracia.

“Ya perdoné a la guerrilla. No guardo ningún rencor frente a todo lo que nos tocó padecer y vivir a mi familia y a mí”, enfatiza este hombre que dice que ha dedicado los últimos meses a la actividad de abuelo y a gozar de su pensión, actividades que él mismo califica como “envidiadas por muchos”.

Para Luis Eladio, tal vez uno de los pocos exsecuestrados que no demandó al Estado luego de regresar a la libertad, es “una afrenta para las víctimas” que las Farc digan públicamente que no tienen dinero para reparar a sus víctimas. Recuerda, incluso, que las autoridades nacionales y extranjeras han corroborado sus lucrativas actividades ilícitas, como el narcotráfico y la extorsión.

Asegura, y lo recalca con tono enfático –según él– luego de tener un contacto constante con otras víctimas de la guerrilla, que hay ejemplos claros de que las Farc tienen mucho dinero y que es inadmisible negarlo.

Ya perdoné a la guerrilla. No guardo ningún rencor frente a todo lo que nos tocó padecer y vivir a mi familia y a mí

“Cómo las Farc no van a tener dinero siendo el mayor cartel de droga en este país durante muchos años, si hasta se les han perdido cantinas enterradas llenas de dólares”, dice.

El exdiplomático puntualiza: “Además, quién cree que no tienen dinero en el exterior cuando, incluso, los hijos de la mayoría de los comandantes que negociaron en La Habana se encuentran en Europa viviendo de ese dinero mal habido, supuestamente asilados”.

Eso sí, y lo dice con total convencimiento, Luis Eladio Pérez cree en el acuerdo de La Habana e, incluso, es optimista con el proceso de paz con el Eln. Es consciente de que hay muchos retos por superar, en especial que Colombia perdone la criminalidad de estas dos guerrillas, pero asegura que esta es la última oportunidad que tiene el país de acabar con una guerra que solo ha dejado ríos de sangre y dolor por más de 50 años.

“Veo difícil que la sociedad colombiana en su conjunto perdone”, dice bajo el argumento de que si las Farc no tienen la entereza de reconocer sus culpas y errores, será muy difícil que el país se reconcilie realmente.

Añade que, además, hay que entender que todos los sectores tienen que ceder en algo y que, como lo dijeron los negociadores del Gobierno en Cuba, habrá que “tragarse algunos sapos”.

Pérez, quien en la actualidad prefiere ver su secuestro como una dura enseñanza que le dio la vida y que –por supuesto– no quisiera volver a repetir, agrega que el reto que viene es el posconflicto y que ya quedó demostrado que matando con bombas a los guerrilleros no se acabará con la miseria y la desigualdad que en su momento sirvieron como llama para encender la guerra en el país.

Pero Luis Eladio ya perdonó y ahora quiere que el país lo haga.

“Lo único que yo espero, sinceramente, es que algún día la guerrilla me pida perdón y reconozca que se equivocó, pues no espero ningún tipo de reparación. Es más, a diferencia de algunos compañeros que también estuvieron secuestrados, no demandé al Estado y tampoco acepté una reparación administrativa que ascendía a 20 millones de pesos, y eso nunca va a justificar un secuestro”, concluye un optimista Luis Eladio Pérez que sueña, como dice, con vivir la paz antes de morir.

En febrero del 2008 (luego de 7 años) Luis Eladio Pérez fue liberado por las Farc, junto con otros políticos secuestrados, tras la mediación de Venezuela. 

Daniel Valero
Especial para EL TIEMPO

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