Proceso de Paz

Oportunidad con más riesgos que certezas

La buena voluntad del Ejército y la Policía será clave para el cese definitivo del fuego.

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Luego de los acuerdos, inician los momentos de ejecución en los que la construcción de la paz no está exenta de riesgos.

Foto:

Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

30 de agosto 2016 , 09:43 p.m.

“Quiero informarles a los colombianos que como jefe de Estado y como comandante en jefe de nuestras Fuerzas Armadas, he ordenado el cese definitivo al fuego con las Farc a partir de las 00:00 horas del próximo lunes 29 de agosto. Se termina así el conflicto armado con las Farc”, señaló el Presidente Juan Manuel Santos el jueves de la semana pasada luego de entregar al Congreso el acuerdo final entre el Gobierno y las Farc.

“En mi condición de Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, ordeno a todos nuestros mandos, a todas nuestras unidades, a todos y cada uno de nuestros y nuestras combatientes, a cesar el fuego y las hostilidades, de manera definitiva, contra el Estado colombiano, a partir de las 24:00 horas de la noche de hoy”, declaró Timochenko desde La Habana el pasado domingo.

Con las anteriores declaraciones y después de poco más de cincuenta años, se da comienzo a la terminación efectiva del conflicto armado entre el Estado colombiano y las Farc. De esta manera se cierra un ciclo de intentos de negociación que duró más de 32 años, desde cuando el Gobierno de Belisario Betancur decidió buscar la finalización del conflicto priorizando la negociación política. Fueron tres décadas en los que no obstante los desencuentros, frustraciones y fracasos, tanto el Estado como las Farc acumularon la experiencia necesaria para que en esta oportunidad no se incurriera en los mismos errores y se lograra cerrar la negociación.

Ahora bien, habiendo llegado al “todo está acordado” y al cese del fuego y las hostilidades, inician dos grandes momentos ya no de negociaciones sino de ejecución de lo acordado en los que el comienzo de la construcción de la paz no está exenta de riesgos.

En concordancia con el cronograma que aparece en el acuerdo final, en los siguientes seis meses las Farc deberán concentrarse en las zonas transitorias de normalización y en los campamentos, y al mismo tiempo deben ir entregando sus armas a la ONU. Luego vendrá la reincorporación a la sociedad tanto en lo económico como en lo político y lo social, lo que puede tomar al menos una década.

Un asunto importante por aclarar es si el día D inició el lunes 29 de agosto de 2016, con el cese del fuego, o si inicia con la firma oficial del acuerdo por parte del Presidente y el Jefe de las Farc, que es lo que se ha dicho y quedó plasmado en el documento final. Esta aclaración es importante porque de ese día D depende que el mecanismo tripartito de monitoreo y verificación empiece oficialmente a cumplir sus funciones en el terreno. Si el día D no fue el pasado lunes, el cumplimiento de lo pactado dependerá principalmente de la buena voluntad y disciplina tanto del Ejército y la Policía como de la guerrilla. Y también de manera especial de los medios de comunicación y su compromiso con la verdad.

De cualquier manera, es vital que los medios verifiquen muy bien las informaciones antes de difundirlas puesto que muy probablemente va a haber “spoilers” o sencillamente oportunistas que, delinquiendo a nombre de las Farc, busquen utilizar a periodistas afanados por “la chiva” para lograr sus propósitos delictivos. Si los medios no actúan con la profesionalidad que es de esperar pueden incluso dar al traste con lo alcanzado.

De todos modos, la decisión del cese del fuego y las hostilidades bilateral y definitivo contribuirá sensiblemente a mejorar el ambiente político en las siguientes semanas previas al plebiscito, a realizarse el 2 de octubre. Pero para mantenerlo cobra importancia el estricto cumplimiento por parte de todos los miembros de las Farc, no tanto del cese del fuego que han venido cumpliendo unilateralmente desde hace un año, sino especialmente del cese de las hostilidades hacia la población civil.

En concreto es vital que terminen con las extorsiones y demás actividades ilícitas para la financiación de la organización. De no ser así la tenue confianza que han ido ganando en las ciudades, es decir donde habita la mayoría de la población colombiana, se vendría al piso dándole buenos argumentos a la campaña de los partidarios del “no”, lo cual colocaría el proceso de pacificación bajo pronóstico reservado.

Esperemos que lo anterior no ocurra y por el contrario el cese de hostilidades se irradie también al “país político” para de esta manera poder tener un intenso pero respetuoso debate público para que los colombianos depositen en las urnas más con la razón que impulsados por la polarización negativa.

Carlos Alfonso Velásquez
Profesor Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana

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