Proceso de Paz

Lo que le exige una víctima al Eln

Testimonio de mujer que fue reclutada en su infancia en Norte de Santander. Pide no repetición.

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Fue reclutada cuando tenía 15 años de edad. Hoy le pide al Eln que reconozca el reclutamiento infantil que realizó como estrategia de guerra. También, espera un compromiso de no repetición.

Foto:

Ilustración / María Paula Cardona

07 de febrero 2017 , 02:08 p.m.

Ya en la selva, con camuflado y botas pantaneras puestas, debía cuidar secuestrados. Patrullaba en las noches y ocasionalmente fue obligada a disparar su fusil en los habituales enfrentamientos contra el Ejército. Su día a día fue caminar entre montañas y “ser la mujer” de algún guerrillero que la pretendiera. Fue obligada a abortar una vez y vio abusos sexuales entre sus compañeras, de los cuales luego no se podía hablar.

La vida a sus 14 años de edad era la de estar al servicio de la estrategia armada del Eln como una niña más, reclutada para engrosar sus filas en las montañas del Catatumbo, Norte de Santander. Cuatro años atrás, a sus 10 años, desde la casa de sus papás, cuando iba al colegio, y entre sus 11 hermanos, ya había sido entrenada como un “correo humano” que le comunicaba a la guerrilla en sus puestos de control los movimientos del Ejército por intentar retomar la zona.

María* no había terminado la primaria. María* tampoco había salido alguna vez del caserío en el cual vivía, a seis horas de Cúcuta, la ciudad más cercana. Y, sin embargo, ya era un peón más de la guerra que se libraba en el oriente del país. Hoy, en Bogotá, y a sus 32 años, le duele recordar los abusos que sufrió, así como todas las dificultades que vinieron después, tras intentar retomar una vida bajo el rótulo de exguerrillera.

Ahora que se conoce que el Eln y el Gobierno adelantan un proceso de paz para finalizar la lucha armada, víctimas como ella piden, más allá de condenas a prisión, compromisos que abran el camino para que se esclarezcan los crímenes cometidos durante la guerra, como el reclutamiento de menores del que fue víctima, para que estos hechos de violencia no vuelvan a ocurrir en sus territorios.16812364AUDIO-16812364-0.mp3

“Quiero que, por un lado, digan la verdad. Que no se queden con eso guardado y digan por qué pasó. También, que hagan un compromiso más grande con el que protejan a esa gente que está allá (comunidades)”, señala.

En 2016, la Fiscalía General de la Nación anunció la imputación de cargos a altos mandos de esa guerrilla por 15.896 hechos delictivos los cometidos. De estos, 930 están relacionados con reclutamiento. El secuestro es el delito que más ha cometido el Eln, de acuerdo con registros del Observatorio Nacional de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica. Según sus informes, entre 1978 y 2015 se reportan más de 6.700 víctimas de secuestro.

Hoy, con una carrera universitaria y tras fugarse de la guerrilla y acogerse a un programa del Gobierno, María* cree que el país se enfrenta al desafío de acompañar a comunidades que históricamente han vivido bajo el dominio de grupos guerrilleros. Y ante eso, lo que le exige al proceso de paz es que tanto guerrilla, Gobierno y sociedad civil se comprometan a mirar zonas como el Catatumbo, de donde ella proviene, y que hoy en día sigue siendo escenario de la guerra.

“La mayoría de quienes están en el ELN toda la vida han estado en la guerra”, dice, por lo que cree que se debe desarrollar un plan de acompañamiento a quienes salgan de la selva. Por otro lado, será vital un trabajo de presencia del Estado a zonas donde no ha llegado.

“No es solamente un compromiso de ir a dejar unas armas y entregar un fusil y unas balas y ya. No. Yo creo que es también pensar cómo van a invertir en ellos en la zona”, agrega.

Su pasado evita contarlo porque cree que el estigma sigue presente en la sociedad. Algunos novios, por ejemplo, la han dejado cuando se enteran de lo que vivió y teme también que sus compañeros de trabajo, en el sector público, la rechacen y juzguen si se enteran de su pasado.

“A mí no me interesa que paguen cárcel, ni que me pidan perdón. Para mí es suficiente que se comprometan a que mañana no lo van a volver a hacer con otros”, cuenta.

María ha vuelto varias veces a su pueblo; sabe que la guerrilla sigue allí, enquistada en la frontera con Venezuela, que la pueden reconocer y que pueden cobrarle la información que pudo entregarle a las autoridades cuando aprovechó un descuido de sus superiores y huyó.

Pero a ella no le importa. Cree que es más importante aprovechar sus vacaciones para volver a las empolvadas calles de su caserío, ver a los suyos y tratar de imaginar una vida con sus papás, entre los cafetales que nunca pudo ayudar a sembrar.

*Identidad reservada por motivos de seguridad.

JULIÁN I. ESPINOSA ROJAS
Subeditor multimedia ELTIEMPO.COM
En Twitter: @julerck

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