Proceso de Paz

'El camino de la paz está tan lejos como lo quiera el pueblo'

A propósito de la firma del Acuerdo Final, uno de los guerrilleros de más edad se pronuncia.

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25 de septiembre 2016 , 07:46 p.m.

 Soy Luis Jaime Nevado, de Medellín. Respondo por la parte cultural en la unidad Pablo García, del Frente 33, Bloque del Magdalena Medio, que opera en el Catatumbo. Estoy en las Farc hace mucho tiempo.

Tengo 92 años. Bueno, no exactamente. Lo que pasa es que perdí esas cuentas. El hombre debe utilizar a diario el tiempo y el espacio, olvidarse de atrás y mirar hacia el futuro. Además no es malo olvidar la Colombia sangrienta, pero sí es bueno pensar en la Colombia nueva.

Hice parte del Partido Comunista Colombiano. Mi primera escuela fue la Juventud Comunista en Medellín.

Fui concejal en Segovia, un pueblito de Antioquia, por la UP y un día le puerta de la casa me la rompieron con hacha. Como vi que no podía hacer política por las vías legales, porque peligraba mi vida, me tocó refugiarme en las Farc.

No tengo nietos, pero dentro de poco sí. Tengo dos hijos, una muchacha y un muchacho, ya grandes y profesionales. Viven fuera del país porque aquí me los matan.

La paz me la imagino con niños sin hambre, correteando, con sonrisas, alegres, nutridos, letrados. A los ancianos repartiendo su experiencia, a las madres no llorando a sus hijos muertos en la guerra. A los padres trabajando dignamente.

Mi trabajo siempre ha sido pedagógico. Hubiera querido ser comandante, pero tal vez no he servido para serlo. Aquí nosotros jugamos a aprender y aprendemos. Llega gente que no sabe leer ni escribir.

En los ingresos pasan cosas. Alguna vez llegó un muchacho muy joven, emocionado de estar en las Farc. Trabajaba mucho y ahora es comandante. Era un tipo que así como trabajaba comía. A la semana de estar en el movimiento se notó que no recibió desayuno, no recibió almuerzo y no recibió comida. Al otro día pasó lo mismo. Estaba haciendo huelga de hambre. "Quiero irme para la casa", respondió.

Me le acerqué y me respondió: "Me equivoqué, esto no es lo mío. Soy católico y cargo un librito del Nuevo Testamento. Un día alguien llegó y me dijo: 'para qué lee esa mariscada' , lo cogió y lo botó y me tiró en la cara El Capital de Marx". Entonces le dije: "Tiene toda la razón en querer irse. El Nuevo Testamento es muy bueno y el Antiguo es mejor. La Biblia es un libro bueno".

Ese modo tan brutal como le sale otro guerrillero también de base, que creía que ya era marxista a morir y que tenía la razón de a puño, fue para él muy violento. Le dije: "mañana voy a empezar a dictar un curso de filosofía, te invito y vamos a hablar de Cristo y de Dios, para que te des cuenta que nosotros no estamos lejos de Cristo ni de Dios. Cristo predicaba el amor, la igualdad. Y una de las reivindicaciones que consigue Cristo a través de toda su historia, aún vigente, es la caridad".

Duramos cinco años sin vernos y cuando lo encontré en otro campamento dictaba un curso de filosofía y hablaba de lo mismo.

Llegó otro día a la guerrilla un sociólogo interesado por saber en dónde estaba el hombre nuevo. Había que cargar cinco bultos de maíz y éramos cuatro. El tipo se sentó: "Yo no vine aquí a cargar maíz. Quiero saber dónde se forma el hombre nuevo". Y le respondí: "Cuando usted termine de cargar ese bulto y lo lleve allá, allá encuentra al hombre nuevo. De resto no lo va a encontrar nunca".

El sacrificio, la conciencia y el espíritu de querer hacer las cosas bien es lo que hace que aprenda rápido algo, porque a nosotros por fuerza mayor nos toca hacer las cosas bien. Porque cuando hacemos las cosas mal, nos matan.

Sobre el acuerdo

Del Acuerdo Final debo decir que es un paso dialéctico. Esto indica que todo tiene movimiento, cambio y desarrollo. Todo lo que nosotros ganamos está en la Constitución. Ahora salimos a hacerlo cumplir pero no con armas. Y vamos a hacerle entender al pueblo que este país hay que cambiarlo por el buen vivir de los colombianos.

Nosotros dejamos la parte militar, pero a través de nuestra historia hemos digo siempre subordinados a nuestra Conferencia y a nuestro Estado Mayor Central. De aquí en adelante la disciplina nuestra es la subordinación a lo que acordó esta conferencia. Seguiremos siendo los mismos, solo que ya no utilizaremos las armas.

Tenemos que asimilar que el espacio que vamos a ocupar para vivir tiene que ser digno, no una vaina suntuosa. Una cama, un baño, un sanitario, un patio, un comedor. Que no nos sentemos a comer en un tronco.

El tránsito a lo que viene será al principio un poquito extraño, pero tenemos que ser conscientes de que necesitamos llevar una vida digna para trabajar por la construcción de La Paz.

En la política yo no diría que Petro, Robledo y Cepeda se acerquen a las Farc, sino a un movimiento amplio que cambie este país. Somos todos los que debemos llegar. Tenemos que hablar de lo que nos une, no de lo que nos separa.

El camino de la guerra nos llevó hasta aquí. La lucha por el poder sigue. El camino de La Paz está tan lejos como tú lo quieras, como lo quiera el pueblo. La lucha por el poder no es de las Farc, ni es del nuevo movimiento que surja en este proceso. Es del pueblo.

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