Proceso de Paz

Campesinos de Risaralda luchan para dejar atrás la guerra

En Guática, con la cosecha de café especial buscan que la paz sea “un respiro largo”.

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Luis Francisco Arias

31 de mayo 2017 , 05:24 p.m.

Angie Yulieth y Emanuel solo tenían 2 y 5 años de edad cuando llegaron hace 12 años a la vereda El Porvenir, del corregimiento de San Clemente, en Guática (Risaralda). Sus padres salieron huyendo de Puerto Rico (Caquetá), donde tuvieron que dejar abandonadas sus pertenencias al ver que sus vidas peligraban en medio de la guerra.

Los adolescentes creen hoy firmemente, como sus padres Jackeline Vargas Barreto y Emanuel Augusto Franco Muñoz, que en el campo pueden tener un futuro. El joven está en grado 11 en la Institución Educativa Santa Ana, de carácter agropecuario, pero también aprende barismo y tostión con el Sena, y se esmera en conocer más sobre los cafés especiales.

Angie Yulieth, quien narra entre sonrisas la triste experiencia que vivió cuando sus padres apenas levantaban un rancho de zinc y plásticos donde hoy está la humilde casa que habitan, se muestra orgullosa de ser la inventora del nombre ‘Las Delicias’ para el café que procesan en la pequeña parcela y que hoy aspiran llevar a mercados internacionales. Inclusive, para mostrar las bondades del producto, la niña hizo el año pasado un video que subió a YouTube donde muestra todo el proceso del café y las bondades del producto a 2.000 metros de altura.

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Los campesinos Rubén Darío Villa y Emanuel Franco, desplazados por la violencia, vive hace 12 años en Guática. Los acompaña el sacerdote marianista español Sebastián Uribe.

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Los siete campesinos que comparten la parcela en el sector de El Porvenir esperan que el Estado compre la servidumbre de un camino por el que ingresan a las casas. 

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La familia Franco Vargas tiene 4 mil palos de arábico, castilla rosario y Variedad Colombia. Sus hijos Emanuel y Angie, y su esposa Jackeline también ayudan a coger el café.

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Emanuel subraya que el de su parcela es café orgánico, que no tiene broca y no tiene que ser fumigado.

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Gracias a la ayuda de su amigo sacerdote español Sebastián Uribe, la familia Franco Vargas cuenta ya con un secadero de café a prueba de lluvias. Sin embargo, sueñan con unas mejores instalaciones.

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Al pie de la parcela que comparten las siete familias desplazadas corre el río Guática. Ellos aprovechan los distintos pisos térmicos para no solo cultivar café, sino también maíz y lulo.

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Pese a que sufre tres hernias discales, Emanuel se mantiene activo y sueña con concretar el sueño de que su café traspase las fronteras del país.

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Emanuel Franco hijo está a punto de terminar su bachillerato agropecuario, y con el Sena ha aprendido acerca de barismo y muchos aspectos de los cafés especiales.

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Rubén Darío Villa es uno de los vecinos, también desplazado, de la familia Franco Vargas. Él también está a la expectativa de recibir recursos.

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De manera informal, Emanuel ha vendido el grano a extranjeros que han visitado la zona. En su parcela tiene sembrados cafetos Variedad Colombia, arábicos y Castilla Rosario.

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Sus padres ven cómo los jóvenes crecen convencidos de poder tener un futuro en paz en el campo, y por eso en lugar de ser pasivos y esperar la indemnización administrativa de la Ley de Víctimas, se han rebuscado para trabajar fuertemente y concretar el sueño de ser campesinos prósperos, pese a las múltiples dificultades halladas en el camino. De todos modos, esperan que muy pronto cuenten con dicha indemnización para impulsar como quieren su proyecto productivo.

Don Emanuel Franco, de 57 años, es un hombre enérgico y amable que piensa incluso más allá del bienestar de su familia; está convencido que al lado de los seis vecinos de la parcela, también desplazados y que llegaron en el 2006 a esos terrenos entregados por el Incoder, pueden posicionar un café especial por el cual paguen lo suficiente para tener ingresos que les aseguren una buena calidad de vida.

Su vecino Rubén Darío Villa coincide en la actitud de luchar para sacar adelante los sueños. “Si con las uñas estamos tratando de salir adelante, que al menos nos den la indemnización que ordena la ley, que con eso podemos hacer mucha cosas”, expresa.
Aunque al comienzo no creía mucho en el proceso de paz con las Farc, don Emanuel hoy cree que sus efectos pueden ser muy buenos. “Hay un respiro y eso hay que reconocerlo y cuidarlo, ojalá no sea un respiro cortico, sino que sea un respiro largo, porque eso es lo que necesitamos, que haya paz, una paz en la que la gente tenga salud, educación y una mejor calidad de vida”.

No obstante, también considera que puede ser peligroso que los compromisos asumidos por el Gobierno Nacional no se cumplan con rapidez: “Lo de la paz puede ser peor de aquí en adelante si a esto no se le pone juicio”.

Para la familia Franco Vargas es prioridad que la Unidad de Restitución de Tierras le entregue oficialmente la tierra que ocupan desde hace 12 años, y que el desaparecido Incoder no les legalizó. El proceso está en manos de un juez de tierras. Si cuentan con ese título pueden certificar sus cultivos de café y seguir con los trámites de Cámara de Comercio y el Invima para perfeccionar su proyecto de Café Especial Las Delicias.

“Yo cojo el café, que está aquí a 2.000 metros sobre el nivel del mar, lo seco al sol, lo trillo en un pilón, de ahí lo tuesto en un sartén, lo muelo con la máquina con la que molemos el maicito para las arepas, y lo peso y lo vendo así”. Aunque todavía le falta perfeccionar el proceso, recibe por libra mucho más que sus vecinos que venden el grano verde.

Café RisaraldaCafé Risaralda
Café Risaralda

“Todo esto es manual, hecho a mano”, explica la niña, quien también es la creadora del diseño con el cual se promociona el café especial, que actualmente es empacado en bolsas de papel metálico, pero aún no al vacío. “Aquí humildemente hacemos uno de los mejores cafés de Colombia, un café campesino”, complementa su padre.

La maquinaria para trabajar este café aquí me cuesta 38 millones: una despulpadora que me saque el café sin mucílago; un secador mejor que lo mantenga aislado; esa es una fruta que va al paladar, entonces el beneficiadero tiene que garantizar que no tenga ninguna traza de bacterias; la tostadora de seis libras, una trilladora, un molino, un aparato para medirle los grados y la empacadora al vacío.

Emanuel hijo ve claro el futuro con el café, cuando piensa que un tinto preparado con café especial en Pereira puede costar hasta $ 7.000. Igualmente, su padre piensa que en el futuro puede ser posible darles trabajo a otras personas para que recojan café como ellos quieren: solo el de color vino. “Esas personas se pueden poner tapabocas, guantes y recogerlo, entendiendo que es un artículo al que hay que garantizarle una trazabilidad absoluta, porque va para el paladar de las personas; una cosa que sea especial, especial de verdad”.

La yuca del récord
La yuca del récord

La yuca del récord: 2,35 metros de longitug, 81 centímetros de diámetro y 44 kilos de peso.

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Cortesía. Unidad para las Víctimas.  

Don Emanuel Franco logró un hecho inusitado el año pasado, cuando descubrió en su parcela una yuca de 2,35 metros de larga, 81 centímetros de diámetro y 44 kilos de peso, la cual fue inscrita en los registros Ginness Records.

Aunque por su tamaño y edad el tubérculo no pudo ser consumido por personas, sí sirvió para alimentar cerdos. De acuerdo con las cuentas del campesino, la yuca fue cultivada en un maizal y por varios años él solo podó la mata, hasta que un día se decidió a sacar la raíz. Para describir la sorpresa de haber cosechado semejante tubérculo, don Emanuel solo atinó a decir: “Es un mensaje de Dios para que las víctimas de la violencia regresen a sus tierras”.

LUIS FRANCISCO ARIAS
Periodista de 'La Patria', de Manizales.

*Este artículo se publica gracias a la beca '200 años en paz, storytelling para el posconflicto', apoyada por la Escuela de Periodismo de EL TIEMPO, la Embajada de Suecia, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Universidad de La Sabana.

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