Proceso de Paz

Tres meses cuesta arriba para sacar adelante leyes pendientes de paz

La brecha entre lo que falta y lo que es posible sacar en el Congreso es muy grande.

Leyes para la paz

El Gobierno radicó esta semana en el Congreso el proyecto para despenalizar a los pequeños cultivadores de hoja de coca.

Foto:

Johnny Hoyos / Archivo EL TIEMPO

24 de marzo 2018 , 11:55 p.m.

El presidente Juan Manuel Santos, que hizo del fin de la guerra con las Farc el eje de su gobierno, tiene solo tres meses para jugarse sus restos en el Congreso y sacar adelante lo que pueda de las legislaciones pendientes para materializar los acuerdos de La Habana y apalancar la paz por la que luchó desde el principio de su mandato.El panorama no luce fácil por la polémica que generan algunas de esa leyes y porque no son pocas las que faltan por aprobar.

Pendientes están el código bajo el cual la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) juzgará a los autores de los graves crímenes de la guerra; la ley de tierras, que regulará la entrega de predios a campesinos pobres; el catastro rural, para actualizar el predial en el campo; la despenalización de los pequeños cultivadores de hoja de coca, y una reforma del Plan de Desarrollo que aseguraría los presupuestos para implementar los acuerdos de paz.

Aunque las 16 curules para las víctimas en la Cámara están en el aire y el senador Roy Barreras presentó esta semana un nuevo proyecto para concretarlas –requiere 8 debates porque es una reforma constitucional–, el Gobierno no las incluye en la lista de pendientes porque las considera aprobadas.

Espera que así lo ratifique el Consejo de Estado al resolver un recurso de nulidad que interpuso para tumbar la decisión del Congreso de archivar el proyecto, en diciembre pasado.

Tampoco incluye la reforma política para garantizar mayor transparencia en el sistema electoral, porque más que un compromiso de los acuerdos de paz, la considera una deuda con el país.

Pero el hecho es que tres meses son nada. Sobre todo si se toma en cuenta que ya no hay mecanismo abreviado para votar las leyes de la paz (‘fast track’) y que la Unidad Nacional que acompañó al presidente Santos en la impopular tarea de cerrar el conflicto con las Farc por la vía negociada quedó desfigurada por las vanidades electorales.

Frente a esta realidad, ¿cuál es la apuesta del Gobierno?

Una fuente oficial le dijo a EL TIEMPO que el ambiente “es complejo” pero que el Gobierno hará “todo lo posible” por sacar las leyes que les dan un tratamiento especial a los pequeños cultivadores de hoja de coca, la que garantiza recursos para la paz en los planes de desarrollo y la del catastro rural.

El realismo político le indica que es difícil aspirar a más en momentos en que la favorabilidad de Iván Duque en las encuestas hará que en el Congreso pocos estén dispuestos a enfrentarse al uribismo, el mayor opositor de los acuerdos. Esto, a pesar de que el andamiaje para una paz estable depende de algunas de esas leyes.

Por ejemplo, el comienzo de los juicios en la JEP está sujeto a la aprobación del código de procedimiento en el Congreso. El Gobierno recibió de los magistrados un proyecto con más de 200 artículos y está trabajado en reducirlo. No es seguro que pueda concluir esta tarea antes de que termine esta legislatura.

Lo posible

Dentro de la complejidad política y jurídica que rodea a las leyes de la paz, el proyecto con más futuro parece ser el que despenaliza al pequeño cultivador de plantas ilegales (coca, marihuana y amapola) y que el ministro de Justicia, Enrique Gil, presentó esta semana.

Según un sondeo que este diario hizo a comienzos de marzo con varios congresistas sobre la postura de sus partidos frente a las leyes pendientes de la paz, la mayoría respalda la idea de no criminalizar a esos pequeños cultivadores siempre y cuando erradiquen.

Frente al catastro rural, los legisladores condicionaron su apoyo al texto que se presente.

Es innegable que las leyes faltantes para concretar los acuerdos de paz entraron en un camino cuesta arriba desde que arrancó la campaña electoral. Y ahí siguen.

Este hecho, y el triunfo del No en el plebiscito, le debe haber mostrado a la exguerrilla de las Farc que era importante acelerar el paso de las negociaciones en La Habana para darle un tiempo razonable al gobierno de Santos para sacar adelante las leyes de la paz.La realidad es contundente y está a la vista del Eln, una guerrilla que ha sido mucho más reacia que las antiguas Farc con las urgencias que imponen los tiempos políticos.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
margir@eltiempo.com
En Twitter: @MarisolGmezG

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