Partidos Políticos

¿Oposición tiene tintes de la extrema derecha europea y americana?

Polarización colombiana, entre santismo y uribismo, no es nueva en sus fundamentos ideológicos.

Los presidentes Emmanuel Macron (Francia) y Donald Trump

Los presidentes Emmanuel Macron (Francia) y Donald Trump (Estados Unidos) encarnan polos contrapuestos de la política internacional.

Foto:

Bertrand Guay / Reuters

25 de julio 2017 , 11:41 p.m.

Con la llegada de Donald Trump al poder y el creciente desarrollo de partidos de extrema derecha en Europa, como el caso del Frente Nacional en Francia liderado por Marine Le Pen, la revista francesa Philosophie abrió el debate sobre el regreso de la corriente anti-iluminista, aquella que nació en reacción a los valores de la Ilustración del siglo XVIII.

Una mirada detallada a esta discusión permite analizar el escenario político por el que está pasando Colombia. Ayuda a entender por qué el discurso de la paz ha llegado tímidamente a la nación, permite dimensionar con altura la disputa entre los defensores del santismo y sus detractores y nos sugiere cómo deberían posicionarse los discursos de la próxima campaña electoral.

El espíritu de la Ilustración que surgió en el siglo XVIII en Francia con los grandes pensadores como Voltaire, Rousseau y Montesquieu busca la razón y la universalidad como valores centrales. Los pensadores provenientes de esta corriente lucharon por la consecución de los derechos universales de todos los hombres y la libertad de pensamiento. Su visión progresista y racionalista se fundamentó en la división entre el Estado y la Iglesia, el combate por una sociedad igualitaria, la lucha contra toda forma de opresión y por el valor supremo de la libertad. La ilustración considera la educación como el instrumento que permite liberar al hombre y aboga por la tolerancia entre los diferentes credos.

El deseo exacerbado de la razón como forma de entender al mundo y de regir el destino de los hombres llevó a que otros pensadores sintieran la necesidad de volver a valores que fueron olvidados por los defensores de la Ilustración. El claro ejemplo de esta corriente fue François René de Chateaubriand hijo de una familia aristocrática. Al momento de iniciar su carrera militar estalló la Revolución francesa y esto lo llevó a emigrar a los Estados Unidos y posteriormente a Inglaterra. Años más tarde regresó a Francia y defendió el legitimismo, movimiento político francés que buscaba un regreso a la monarquía y los valores cristianos. Los reaccionarios a la Ilustración deseaban regresar al antiguo régimen, se oponían al individualismo y sostenían la construcción de un proyecto colectivo en nombre de un pueblo, una sola nación. Rechazaron el universalismo para defender la tradición, la cultura, las costumbres y los hábitos locales. Su oposición a la razón fue la emoción.

Los antiiluministas de nuestro tiempo

Donald Trump y Marine Le Pen serían los representantes más visibles de esta corriente. En el caso de Donald Trump su eslogan “Make America great again” expone claramente el camino de su estrategia política. El chauvinismo y la mirada hacia adentro son el motor de su acción política.

Para Sylvie Kauffman editorialista de Le Monde, las similitudes entre Trump y Le Pen son múltiples. Ambos defienden el proteccionismo, recurren a la religión para defender las raíces cristianas, estigmatizan el islam y rechazan abiertamente “las élites del saber”. Tanto Trump como Le Pen multiplicaron sus ataques contra los medios de comunicación y los jueces. Mientras Trump defiende una América blanca, Marine Le Pen se dirigió a la sociedad francesa que migró de la ciudad al campo y que ha sido la más afectada por la globalización. Finalmente, la estrategia de ambos líderes políticos en campaña fue la difamación, la mentira y la estigmatización de su contendor.

El debate en Colombia se ve reflejado en ese espejo y el discurso de la oposición tiene tintes de la nueva extrema derecha europea y americana. El marcado nacionalismo, los mensajes dictados más por las pasiones que la razón, la preponderancia de lo local en detrimento de lo internacional y la visión de una sociedad regida por valores cristianos han venido tomando cada vez más fuerza. Hoy el discurso político en Colombia parecería contraponer dos corrientes: de un lado quienes buscan hacer política con prejuicios y supersticiones dejando de lado la razón, corriente que también menosprecia el progreso social y cultural e incentiva peligrosamente la intolerancia y el fanatismo.

En contraposición, existe una corriente ilustrada, aunque minoritaria, que defiende valores como la igualdad, la tolerancia y la libertad.

Con las falsas noticias en las redes sociales y la lucha pasional en 140 caracteres se ha disminuido el análisis.
El debate del plebiscito fue una muestra clara de este escenario. Las mentiras sobre la existencia de ideología de género en el acuerdo cuando en realidad tan siquiera estaba este concepto, las mentiras grotescas sobre el castrochavismo y la absurda consideración que Juan Manuel Santos entregó el país a las Farc, alimentaron el miedo y aprovecharon la desinformación de los votantes.

¿Es Álvaro Uribe un fiel representante de los antiiluminados? Como lo muestra este debate, la ruptura reside en su concepción del mundo y su forma de gobernar. El apego del expresidente al ámbito local y su menosprecio por el internacional, el nacionalismo expresado en sus convicciones, la respuesta a los problemas actuales con un carácter más emocional y pasional que racional y la búsqueda incesante de un Volksgeist criollo, es decir el espíritu del pueblo colombiano son una clara muestra. Uribe anhela un regreso al pasado, desea abolir los derechos políticos de los exguerrilleros y coquetea con las iglesias cristianas para su causa política.

La Ilustración criolla

El presidente Juan Manuel Santos llegó al poder con un importante apoyo del uribismo. En múltiples ocasiones la principal acusación del expresidente Uribe ha sido la de la traición: “Al presidente Santos en el 2010 lo elegimos para continuar unas políticas, por eso eligieron a Santos y, sin embargo, hizo todo lo contrario”. Una lectura detallada del programa político de Juan Manuel Santos, en 2010, indica que el candidato mantuvo la carta de navegación que propuso antes de llegar a la Casa de Nariño.

Considerar la existencia de un conflicto armado y terminar con él, recomponer las relaciones con sus vecinos, modernizar la infraestructura del país y consolidar el bilingüismo como estrategia de educación pública, entre otros. Pese a ello el debate en el país se configuró exclusivamente en el tema de la traición sin tener en cuenta las grandes diferencias que separan las dos figuras políticas. Acá podría encontrarse la división entre la corriente antiiluminista, representada en el expresidente Uribe, y la iluminista, en el presidente Santos.

La política es acción, la fidelidad de una época puede cambiar en otra. Citemos las referencias de Édgar Morin cuando recuerda que el “rey Juan Carlos quien fue educado por Franco para mantener el franquismo, hizo lo contrario, cuando llegó al poder e instauró la democracia. O como Gorbachev, puro producto estalinista, se transformó en el destructor del sistema del cual él mismo proviene”. Los casos son múltiples, también podemos citar a Winston Churchill quién cambio varias veces de partido o al expresidente François Mitterrand, quien llegó al poder en 1981 con el apoyo de los comunistas, pero dos años más tarde dio vuelta a su política económica y se decidió por la “política del rigor”, a causa del difícil escenario económico.

El discurso de Juan Manuel Santos privilegia la tolerancia al ofrecer un camino alternativo a la guerra contra las Farc, da cabida a la razón equilibrando en el acuerdo la justicia y la paz, promueve la discusión a través de un plebiscito sobre la suerte de la paz y abre un espacio para el debate cuando invita a la intelectualidad y a la guerrilla para que analicen los orígenes del conflicto armado. Santos podría clasificarse entre los miembros de la Ilustración cuando pasa por encima de los prejuicios, mantiene un ideario basado en la razón y se rodea de expertos para sacar adelante sus proyectos. En su gobierno, así como en las ideas de la Ilustración hay una búsqueda para otorgar los plenos derechos a todos los ciudadanos y generar una mayor equidad en una sociedad altamente inequitativa. En el santismo, como en los filósofos de la Ilustración, no hay palabras vetadas.

¿Por qué el discurso de la paz no ha tocado la puerta de los colombianos? Todos los excesos son contraproducentes. La Ilustración criticada por su excesiva racionalidad encontró dificultades. La historia del Infante de Parma, quien a los 9 años fue dejado al cuidado de Condillac, uno de los representantes de la Ilustración es una muestra. Su madre, Luisa Isabel de Borbón, quería que su hijo fuera un príncipe moderno y dejara de lado la tradicional educación eclesiástica italiana. La educación que le fue impartida en exceso racional para su edad muy por encima de su comprensión generó un rechazo que lo llevó a preferir la educación religiosa. Una vez llegó al poder el duque de Parma reestableció la Inquisición.

La autora de la obra, Elizabeth Badinter, afirma que a pesar de que la educación es la gran herramienta para liberarnos de toda opresión, existe, sin embargo, en el hombre, una parte de irracionalidad en la cual los prejuicios pueden ser más fuertes que la racionalidad misma.

El acuerdo para la terminación del conflicto, un documento complejo, difícil de entender pudo haberse convertido como en el Infante de Parma, en un rechazo de la mitad de la población colombiana que votó ‘no’ y prefirió seguir los rumores, las falsas noticias y las supersticiones. La famosa posverdad hoy en día nos recuerda que el grave problema de la sociedad actual está en la inmediatez de la información prefiriendo las noticias sin fundamento.

Campaña 2018

¿Cómo se posicionarán los discursos de campaña para el 2018? La población debería exigir a los candidatos que pusieran en práctica un último valor de este siglo de las luces: la civilidad. Esta debería romper el muro de la confrontación sobre cualquier tema y el complejo relacionamiento que vive hoy la sociedad colombiana.

Vale la pena recordar las palabras de Laurent Fabius, presidente del Consejo Constitucional francés, a Emmanuel Macron el día de su investidura. Citando a Chateaubriand afirmó: “Para ser el hombre de su país, tiene que ser el hombre de su tiempo” y para ello el elegido tendrá la difícil tarea de “calmar las rabias, reparar las heridas, alejar las dudas, trazar el camino y encarnar los espíritus”. Es ahí donde los candidatos deben trabajar su proyecto político.

MARÍA FERNANADA GONZÁLEZ E*
Especial para EL TIEMPO
*Ph. D. en Ciencia Política. Universidad de la Sorbona (París). Autora del libro: ‘Chávez, Uribe, Santos y las Farc’, Semana libros, 2016.

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