Partidos Políticos

Alfredo Guzmán, el llanero al que el Eln no ha podido matar

Ha sobrevivido a cinco atentados de esa guerrilla. El último fue hace 15 días.

Alfredo Guzmán

Alfredo Guzmán lleva más de 40 años viviendo en Tame.

Foto:

Archivo particular

03 de abril 2017 , 01:47 a.m.

En mayo de 1998, el Eln asesinó en Tame a Édgar Guzmán, un dirigente liberal de esa población araucana, quien en ese momento era el presidente de la Asamblea Departamental.

Un sicario llegó hasta el establecimiento en el que estaba el diputado y le disparó en la cabeza en varias oportunidades. La guerrilla lo acusó de no acceder a sus pretensiones y de no colaborarle. Por eso lo mataron.

Esto llenó de indignación a Alfredo, hermano mayor de Édgar, quien unas pocas semanas después del asesinato aceptó una cita de la guerrilla, en el monte, para explicarle porqué habían cometido el crimen.

El encuentro no fue cordial. El comandante 'Marcial' le dijo que lo habían asesinado porque nunca les quiso ayudar y, además, porque no apoyaba a los movimientos revolucionarios. Eso precipitó la ira de Alfredo, quien los trató de asesinos y los retó a que lo mataran de una vez.

Esa tarde quedó suscrita, de manera tácita, su sentencia de muerte por parte de la guerrilla. Y desde entonces ha sido víctima de cinco atentados de ese grupo.

Tras esto Guzmán, padre de 11 hijos, fruto de 7 relaciones, decidió abandonar el pueblo. Durante tres meses estuvo refugiado en Bogotá, pero se aburrió y decidió volver a Tame.

A los dos días de su regreso fue a visitar la tumba de su hermano. Cuando salía del cementerio, en compañía de su esposa, un hombre joven se les vino de frente.

"Presentí que me quería matar y entonces alisté mi revólver y me hice detrás de un campero Nissan. El tipo sacó su arma y me disparó. Empezamos a dispararnos. Finalmente le metí un tiro en un costado y después otro que lo mató", le contó en su momento Guzmán a ELTIEMPO.COM.

Otro hombre, también joven, que venía con él al ver la situación enfundó su arma y salió corriendo.

Estuvo preso cerca de dos meses por haber matado al sicario y tan pronto recuperó la libertad volvió a Bogotá.

En marzo del 99 mandó a traer el trasteo para Bogotá. Sin embargo, los ‘elenos’ esperaron a que el camión estuviera cargado y se lo robaron. Quince días después, le prendieron fuego a La Comparsita, la taberna restaurante de la cual vivía Guzmán. Las llamas, además, acabaron con otros cuatro negocios.

No contentos con eso, el 28 de diciembre del 2001 un sicario intentó matar a Fernando, otro de sus hermanos. La pistola se le encasquilló y él pudo salir corriendo.

Al otro día se fue del pueblo. "Los ‘elenos’ le dijeron que lo iban a matar porque yo era un paramilitar", contó Guzmán.

Pero las acciones guerrilleras contra la familia no pararon ahí. El 2 de octubre del 2002 un grupo de insurgentes llegó hasta la finca de Heriberto, el padre de los Guzmán, de 81 años, y durante dos días lo mantuvieron secuestrado. Al tercer día, lo llevaron hasta la carretera que va a Arauca y lo mataron.

Se llevaron las 265 reses que había y se cargaron todo. Ni siquiera dejaron la loza.

El día del entierro del papá, Alfredo lloró de rabia y de impotencia, y algunas personas que estaban en el sepelio le dijeron que había que acabar con eso, que se lanzara a la Alcaldía, que lo apoyarían.

La Unidad Nacional de Protección se comprometió a que ahora van a estar más pendientes de mí

Camino a la Alcaldía

No fue una campaña fácil, estuvo cargada de tensión. A la gente le daba miedo poner sus afiches en las calles y por eso los ponían en las alcobas. No hubo reuniones públicas, muchas se hacían casi de manera furtiva dentro de las casas. A muchos les daba miedo siquiera subirlo a sus carros.

Y salió elegido con 3.411 votos, a pesar de la oposición del Eln.

Antes de terminar su mandato, el alcalde fue detenido por las autoridades señalado de apoyar a los grupos paramilitares. Terminó pagando una condena de prisión de 26 meses.

A Guzmán también le lanzaron una granada cuando estaba en un almacén de Tame, que afortunadamente para él, no estalló y le detonaron una carga explosiva al paso de su carro, la cual no lo afectó.

El 19 de enero del año pasado, cuando llegaba a su finca, ubicada en las goteras de Tame, le hicieron el cuarto atentado. Su camioneta blindada recibió varios impactos de arma larga y él, como pudo, a través de varios potreros y cercas y con las ruedas totalmente destrozadas logró llegar hasta el casco urbano.

Tras esto, al dirigente del Centro Democrático, la Unidad Nacional de Protección le reforzó su seguridad y se le entregó una nueva camioneta, esta vez con el máximo blindaje.

A pesar de esto, el exalcalde siguió estando en la mira de la guerrilla. El 24 de febrero se conoció un comunicado en el que el Eln sindicó a Guzmán de estar rearmando grupos paramilitares en la región.

Y el pasado 16 de marzo, faltando cinco minutos para las seis de la tarde, 15 minutos después de que sus escoltas se habían ido, fue el último atentado.

Un hombre llegó hasta la vivienda de Guzmán y mientras él estaba limpiando la camioneta le disparó con una pistola nueve milímetros. El exalcalde alcanzó a reaccionar y solo dos tiros impactaron en su humanidad: uno en el abdomen y otro en un glúteo.

En medio de su reacción alcanzó a tomar un arma y disparó al sicario. No hay certeza de si logró herirlo, pero algunos vecinos creen que sí. En su huida, el hombre dejó tirada la pistola en plena calle.

Guzmán debió ser trasladado en un helicóptero militar para Yopal, donde luego de varias intervenciones quirúrgicas su estado de salud ha mostrado mejoría.

Por ahora, es un hecho que resistió al quinto atentado del Eln, pero sigue estando en la mira de esa organización.

Desde el hospital de Yopal, Guzmán le dijo a ELTIEMPO.COM que se siente mucho mejor y que está a la espera de que los médicos lo den de alta para regresar a Tame.

“Los hombres cuando nos paramos tenemos que seguir. La Unidad Nacional de Protección se comprometió a que ahora van a estar más pendientes de mí (cuando ocurrió el atentado sus escoltas ya se habían ido)”, contó.

Sin embargo, él considera que tiene cuatro ángeles guardianes que son los que no han permitido que le ocurra algo: “Mi hermano Édgar, que lo mató el Eln; mi hermano Gilberto, que lo mató la Policía; mi papá, que lo mató el Eln, y mamá, que la mató una trombosis”.

“Claro que yo tengo que poner mucho de mi parte, porque no me voy a dejar correr. Tengo que rezar mucho, cuidarme mucho y con el apoyo de Dios saldré adelante”, dijo Guzmán.

“Me voy a trabajar por el Centro Democrático. Yo critico lo que no me gusta, pero nadie podrá decir que soy ofensivo”, dice este hombre que, si bien es tolimense, se siente llanero, pues lleva más de 40 años viviendo en Tame.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ P.
Subeditor POLÍTICA

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