Gobierno

Las razones por las que Santos quiere cambiar a varios ministros

Necesita mantener la mayoría en el Congreso para consolidar el proceso de paz.

Los altos funcionarios le presentaron la renuncia protocolaria al presidente Santos

Los altos funcionarios le presentaron la renuncia protocolaria al presidente Santos el miércoles, en el marco de un consejo de ministros en la Casa de Nariño.

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Presidencia.

23 de julio 2017 , 01:18 a.m.

Desde el miércoles, el presidente Juan Manuel Santos tiene sobre su escritorio las cartas de renuncia de los 45 más altos funcionarios del Gobierno, sin duda, una herramienta para tratar de aumentar su margen de maniobra política –de gobernabilidad– en el año que le queda de mandato: un año crucial para la paz.

En ese grupo están ministros, altos consejeros y gerentes y directores de institutos descentralizados. Y varias son las razones que tiene el jefe de Estado para haber provocado este remezón.

No es una coincidencia que las dimisiones hubieran llegado al escritorio del jefe de Estado la víspera de la instalación del Congreso, que debe estudiar los proyectos claves para rematar la implementación jurídica del acuerdo con las Farc.
Y mucho menos que, hasta el sábado, Santos no se hubiera mostrado tan apurado por resolver quién se queda y quién se va del gabinete.

Entre todos sus desafíos para el último año de gobierno, el principal es implementar hasta donde más pueda el acuerdo de paz con las Farc, que será su mayor legado.
Pero los enemigos de este reto son poderosos. En eso coinciden todos los analistas. Y tampoco es un secreto para nadie que el apoyo partidista al Gobierno en el Congreso ha venido cayendo en los últimos meses.

En este marco, el mayor esfuerzo del Presidente estará en garantizar que el Congreso apruebe por lo menos diez proyectos de ley y de reforma constitucional para implementar el acuerdo de paz desde el punto de vista jurídico.

Proyectos vitales como la ley reglamentaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que algunos consideran “el corazón” del acuerdo con la guerrilla, tienen muchos contradictores.

El Congreso ya le ha mostrado los dientes al Presidente en relación con muchas de estas iniciativas, y ahí es donde su poder nominador juega un papel definitivo.

Sello propio

La renuncia colectiva tiene el sello de un Presidente que busca reducir al máximo la posibilidad de causar heridas en su círculo más próximo. La renuncia colectiva, a diferencia de las individuales, tiene la virtud de que hace que todos sus colaboradores se sientan en las mismas circunstancias, en situación de igualdad. Y eso suaviza un poco las cosas.

Otra, también relacionada con su estilo de gobierno, es que el primer mandatario quiere tener en el gabinete amigos cercanos o excolaboradores muy eficientes, en los que confía plenamente. Por eso se habla de que vendrían al gabinete figuras como María Lorena Gutiérrez, actual embajadora en Alemania, y Gabriel Silva, exembajador en Washington.

Otros creen que, simplemente, el Presidente quiere meter unos ministros que se la jueguen más por su gobierno.

Un jugada inteligente

En un año preelectoral como este, los congresistas y los partidos se apoyan mucho en el presupuesto nacional para asegurar su futuro político. No será lo mismo para las colectividades ir a las urnas teniendo ministros que sin tenerlos. Santos lo sabe y esa es su gran carta para dejar bien sentadas las bases de la paz con las Farc.

Parece inevitable, entonces, que los partidos y los congresistas con representación en el Gobierno se comprometan más a fondo en este propósito.

El Presidente ha venido hablando con los líderes de los partidos para comprometer su respaldo, pero, con las renuncias de sus ministros en la mano, ese trabajo puede ir mejor.

El domingo pasado, por ejemplo, Santos invitó a Palacio al exvicepresidente Germán Vargas, cuyo partido (Cambio Radical) ha hecho reparos en el Congreso a temas sustanciales para el proceso de paz. Dicen que la reunión terminó bien.

La hipótesis de que las renuncias de los ministros sobre el escritorio presidencial pueden provocar una mayor solidaridad de sectores parlamentarios con los proyectos es apoyada por los mismos congresistas.

“Sin duda, puede tratarse de ajustar cargas con los partidos para mantener el apoyo que ha tenido en estos tres años”, opinó el representante conservador Óscar Bravo.
O también se puede ver por el lado positivo, como lo planteó el senador Armando Benedetti (‘la U’): que las renuncias podrían “entusiasmar” a los partidos a votar mejor para quedar mejor en el gabinete.

Presidenciables

Si a los congresistas les interesa el apoyo gubernamental para ayudar a su reelección, a los partidos les ocurre lo mismo, pero en relación con el debate presidencial.

Como dice el analista político León Valencia: en Colombia, una elección presidencial necesita “plata, opinión y maquinaria”, y estos dos últimos pueden estar más a la mano si hay apoyo gubernamental.

De manera que los partidos de la coalición, incluyendo a los conservadores que no lo son, y sus candidatos presidenciales tendrán que examinar muy bien si van a apoyar al Gobierno el año que queda, lo que tendrá su reconocimiento en el gabinete, o si, por el contrario, toman distancia, lo cual también tendrá su interpretación en este decisivo equipo del poder.

REDACCIÓN POLÍTCA

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