Congreso

Ley sobre el Día Nacional de la Champeta: ¿pluralismo o populismo?

El senador Andrés García Zuccardi propuso un proyecto de ley para promocionar este género musical. 

Ley sobre el Día Nacional de la Champeta

La champeta se ha constituido como una expresión de las clases populares y, con el tiempo, como una fuente de trabajo, reconocimiento e ingresos.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO

05 de noviembre 2017 , 10:21 p.m.

“Amo este ritmo porque lo llevo en la sangre; toda mi vida la he dedicado a la champeta, quiero que sepan que esto no hace daño a nadie y mucho menos convierte lo bueno en malo”.

Las autoras de este artículo suscribimos plenamente estas palabras del cantante de champeta El Michel, y no lo hacemos por moda, sino porque crecimos en barrios cartageneros en donde ser ‘champetúas’ es mucho más que oír champeta.

Por eso queremos analizar la importancia y el impacto que tendría declarar un ‘día nacional de la champeta’, sobre todo cuando a nuestra generación le enseñaron que la música nacional de un país tan diverso como Colombia es fundamentalmente el bambuco.

No es un secreto para nadie que Colombia está en un momento de transición política y jurídica. Desde que se firmaron los acuerdos entre el Gobierno y las Farc hemos visto debates muy álgidos por los proyectos de ley que le apuntan a implementar lo firmado. La ley que reglamenta la Jurisdicción Especial para la Paz –considerada el corazón de lo pactado– ha estado en la cuerda floja en el Congreso y ha producido todo tipo de divisiones entre la opinión pública. Lo mismo ha sucedido con el proyecto de reforma política presentado por el Gobierno Nacional y que ha tenido infinidad de reparos de los congresistas.

Pero, en medio de una agenda tan apretada y de tantas presiones encontradas, hay senadores que tienen tiempo para otros temas que –aunque no sean del interés de las mayorías– sí tienen profundas repercusiones sociales y culturales.

Algunos de estos proyectos buscan quizá ayudar a “construir la paz” desde diferentes frentes, pero otros parecen ser simples ‘movimientos’ para lograr ventajas electorales.

Un proyecto de corte sociocultural fue presentado por el senador Andrés García Zuccardi (partido de ‘la U’), quien

El proyecto pretende que este género sea reconocido como 'una expresión musical y cultural de gran importancia'

El proyecto, radicado bajo el número 144 de 2017, pretende, entre otras cosas, que este género, arraigado en el Caribe colombiano, sea reconocido como “una expresión musical y cultural de gran importancia”. Esto implicaría que las instituciones fomenten su reconocimiento y promoción.

Pero, para apreciar mejor el sentido del proyecto de ley, es preciso recordar que, hace apenas dos años, el concejal cartagenero Antonio Salim (Cambio Radical) presentó una propuesta que prohibía la música champeta en los colegios de Cartagena por ser “una forma de exacerbación del instinto sexual en menores de edad” que contribuía a aumentar los embarazos entre las adolescentes de la ciudad.

La iniciativa no tuvo éxito gracias a la presión de diferentes sectores cartageneros y del ámbito nacional.

Pero, considerando esos antecedentes, ¿en realidad sirve de algo el proyecto de García Zuccardi?

Nosotras somos champetúas y, sin embargo, nos preguntamos si dicho proyecto de ley contribuiría de verdad al reconocimiento cultural de la champeta y si ayudaría a su reivindicación o si, por el contrario, se trata de una movida política de cara a las elecciones del año entrante.

Podríamos decir que la ley en cuestión sí ayudaría a promover ese género musical y a diversificar la cultura y que, simultáneamente, le daría votos al senador que la propuso, quien, recordemos, obtuvo 50.220 votos en las elecciones del 2014, una cifra bastante alta para ser el senador más joven de Colombia.

Si miramos el proyecto desde el punto de vista romántico, podríamos decir que el llamado posconflicto es eso: construcción de paz mediante acciones que reivindiquen la identidad cultural, artística y social de las regiones o de los sectores que fueron más golpeados por la guerra.

No obstante, el proyecto de ley tiene un tufillo de conquista electoral propio de un congresista que sabe cómo moverse.

Vale la pena, por lo tanto, preguntarse si la promoción genuina y concienzuda de este género musical que tanto gusta a los cartageneros le daría a García Zuccardi la misma cantidad de votos que el proyecto propuesto.

Un género con historia

Para apreciar bien el posible alcance y las implicaciones del proyecto del senador García, es necesario repasar la historia de la champeta.

El Festival de Música del Caribe tuvo su auge durante la década de 1980 y se consolidó como un punto de encuentro de las musicalidades africanas esparcidas en Colombia y de los artistas y las canciones que, desde la década de 1960, circulaban solo en acetatos y vinilos de ‘soukous’.

En el Festival de Música del Caribe se encontraron músicos como Charles King, Elio Boom, Louis Tower y Viviano Torres, procedentes de San Basilio de Palenque, con los sonidos de Freddy McGregor, Diblo Dibala y otros artistas que inspiraron canciones sin letras o llenas de onomatopeyas: recursos de los que se valían los palenqueros –que no entendían el inglés, el francés o el creole– para componer y expresarse.

Este primer ritmo, que surgió de la hibridación de las trayectorias musicales palenqueras con algunas expresiones foráneas, se conoció como la ‘terapia criolla’.

Más tarde, los músicos cartageneros añadieron sus propias letras –algunas en lengua palenquera– inspiradas en la realidad de barrios populares y marginados. Justo en ese momento se desató una revolución cultural en Cartagena movilizada por una música resistente, donde las personas del común no son representadas como marginales, sino como agentes creativos, aunque estigmatizados.

A esa expresión musical se la empezó a llamar ‘champeta’ en alusión a la champa, un cuchillo que se utiliza en el mercado popular de Bazurto para cortar verduras, pescados y víveres, además de funcionar como “herramienta de defensa” en las riñas. Un champetúo, por tanto, es amante de esa música resistente en cuyo baile se imitan los movimientos de las riñas callejeras.

Así pues, la champeta se constituyó como una expresión de las clases populares y, con el tiempo, como una fuente de trabajo, reconocimiento e ingresos. Artistas como Papoman, Mr. Black, El Yonky y el Sayayín se convirtieron en los representantes de la generación del éxtasis de la champeta. Ellos aprovecharon y fortalecieron el uso del picó, un sistema de sonido ambulante, de escaparates, consolas y amplificadoras gigantes que, al tener a los artistas y sus canciones en exclusiva, lograba llegar al público sin pasar por la tan conocida y voraz “payola” de las emisoras.

El picó, en otras palabras, ha sido la emisora del pueblo y con cada CD (o cada “volumen”, como se le llama en los barrios) ha ganado adeptos y obligado a las cadenas radiales a difundir su música. Poco después, a la champeta se le puso un apellido y ahora se llama “champeta urbana”.

Más allá de una conmemoración

La champeta es una manifestación cultural compleja, diversa, con un profundo arraigo comunitario y relativamente reciente. Por eso, antes de promulgar la ley de García Zuccardi habría que preguntarse ¿qué es la champeta?, ¿qué se quiere exaltar de ella?, ¿basta con un día conmemorativo o se necesitan más investigaciones de orden antropológico y sociológico para conocerla y fortalecerla?, ¿vamos a celebrar la champeta genuina, la que con sus letras narra el devenir social de las comunidades, o aquello que se parece cada vez más al ‘bling bling’ del reguetón?

Creemos, pues, que más que un día nacional de la champeta, se necesitan acciones concretas desde lo local que validen y consoliden la cadena de valor de esta práctica cultural y que permitan conservar la identidad sonora y los arraigos líricos que la hicieron grande. El proceso, entonces, debe arrancar desde lo local para evitar juicios ligeros, moralistas y estigmatizaciones descontextualizadas como la del concejal Antonio Salim.

La fecha conmemorativa debe complementarse con una política distrital de cultura de la champeta que identifique, caracterice, cualifique y desarrolle el valor humano y sociocultural de esta práctica. Esta tarea, sin embargo, parece cada vez más lejana si tenemos en cuenta que las administraciones, el sector privado y la misma ciudad de Cartagena les dan la espalda a espacios como el Mercado Cultural del Caribe, que tuvo que cerrarse por falta de recursos.

En medio del desgreño administrativo, de la corrupción y de la inestabilidad política de Cartagena, el de García Zuccardi no es el proyecto que en realidad necesita la gente champetúa, empobrecida económicamente y discriminada por su etnia, por su música y por sus prácticas culturales por parte de las élites de la Heroica.

Casi prohíben la champeta en Cartagena

En noviembre de 2015, el Concejo de Cartagena aprobó un proyecto presentado por el concejal Antonio Salim que pretendía prohibir que niños, jóvenes y adultos bailen la champeta y el reguetón porque, a su parecer, esos ritmos “incitan al sexo”.

El proyecto (que más tarde se cayó dada la oposición de diferentes sectores de la sociedad cartagenera) obligaba a los colegios a impartir programas para educar a padres y estudiantes con el propósito de que no participen en danzas “que incidan en el contacto físico de tipo sexual y que hagan apología a posiciones sexuales”.

Además, el concejal Salín proponía sancionar a los adultos que bailaran “sexualmente” delante de menores de edad en espacios públicos. Pretendía imponer multas económicas y capacitaciones a quienes lo hicieran.

ANDREIZA ANAYA* Y KENDRY SERRANO**
Razón Pública
* Comunicadora étnica y presentadora de Canal Capital ** Magíster en periodismo de la Universidad del Rosario y periodista de Colprensa
@Andreizatierra y @kendryserrano

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