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Las ciudades y la paz

En las ciudades hay millares de víctimas, con su tristeza, con sus penurias, con sus esperanzas.

18 de septiembre 2016 , 09:58 p.m.

Es importante y oportuno su editorial sobre las ciudades y el posconflicto. La guerra la hemos vivido todos. En las ciudades hay millares de víctimas, con su tristeza, con sus penurias, con sus esperanzas. Ahí han crecido los hijos de los desplazados y, mal que bien, han logrado estudiar muchos de ellos, o la gran mayoría. Desgraciadamente, muchos otros se habrán desviado del buen camino o habrán sido revictimizados. Confiando en el Sí, es hora de resarcirlos, de ofrecerles la oportunidad –muchos de ellos con un nivel educativo–, de volver a empezar en donde crecieron. Las ciudades tienen censos y pueden ayudarles. La empresa privada podría patrocinar retornos, con asistencia profesional. Las ciudades, sí, señor, tienen mucha responsabilidad en parar el éxodo y, al contrario, revertirlo. Si las partes cumplen, ahora puede empezar la paz real.

Lucila González de M.

* * * *

Señor Director:

El conflicto armado transformó el contexto urbano y cambió la estructura y el funcionamiento de nuestra sociedad e instituciones. En términos de economía política, degradó las ciudades, las instituciones y la distribución del ingreso. Al punto de que la inseguridad, el hacinamiento, la desnutrición infantil, la crisis de la salud, la captura de las regiones y la partidocracia, nutrida por el desempleo y la falta de oportunidades, son sus efectos colaterales. Nunca antes habíamos tenido el poder real de antagonizar genuinamente con los señores de la guerra y sus beneficiarios sin necesidad de identificarnos con ningún político o grupo de interés.

Carlos H. Quintero

Nos quedamos en el pasado

Señor Director:

Mientras Uber inicia su servicio de carros sin conductor, en Pittsburgh (EE. UU.), aquí un Estado paquidérmico, que se quedó en el Jurásico, trata por todos los medios de acabarlo, para satisfacer un sistema de taxis que vende cupos a casi 100 millones de pesos y, para costearlos, explota a los conductores, los cuales no se desviven por prestar un servicio de calidad, sino por reunir la cuota.

Nelson Barbosa
Bogotá

Aunque sea una raspadita

Señor Director:

Hay que felicitar al Gobierno por la puesta en marcha del túnel Renacer, maravillosa obra de ingeniería en la doble calzada vial a Villavicencio. Sin embargo, da tristeza observar, en veredas de pueblos como el Socorro, el abandono de las vías y trochas donde sus campesinos luchan por bajar sus cosechas al mercado para poder venderlas y ser llevadas a centros de acopio a las ciudades. Sería saludable para la misma economía del país que ahora el Presidente y el Vicepresidente repararan, así sea con raspaditas, los caminos veredales, obras tenidas en cuenta por muchas alcaldías solo durante sus campañas electorales. Sería una gran inversión si en verdad queremos recuperar el campo y el regreso de los campesinos a sus parcelas, como fue prometido en el acuerdo de paz de La Habana.

Rafael Antonio Córdoba Ardila

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