Editorial

Editorial: Zozobra en Cartagena

Si bien el desafío en seguridad que afronta la ciudad es local, tiene repercusión nacional.

20 de septiembre 2016 , 08:36 p.m.

Es una gran paradoja que coincidan en Cartagena el evento de la firma, el próximo lunes, del acuerdo final entre el Gobierno y las Farc y una ola de inseguridad que tiene en ascuas a la gente y a las autoridades.

Pero hay que advertir que lo paradójico no puede, de ninguna manera, ocultar lo revelador de este suceso respecto a los retos que le esperan al país en los años que vienen, y en particular si sigue su curso lo acordado con esa organización. Algo que, por cierto, ya advertíamos el domingo pasado en estos mismos renglones.

Y es que en el curso de solo un fin de semana ha tenido lugar en la capital de Bolívar una sucesión de hechos muy graves. Una lista en la que sobresale el fallido intento de asesinato, al parecer, pues también se habla de rescate, de John Jairo Jiménez Atencio, alias Pichi, capo del ‘cartel del Golfo’, el cual tuvo ribetes cinematográficos al ser protagonizado por una banda que simuló ser una patrulla del Inpec. Tal suceso derivó en una grave denuncia del alcalde de la ciudad, Manuel Vicente Duque, según la cual serían veinte los peces gordos del narcotráfico que disfrutan del beneficio de la detención domiciliaria en lujosos apartamentos de la ciudad.

A este inquietante episodio se suma el asesinato del exbeisbolista Napoleón Perea Fernández cuando ofreció resistencia a los dos hombres que lo abordaron para robarle el celular, un hecho similar, en las circunstancias y sobre todo en el lógico rechazo que generó entre la comunidad, al ocurrido en Bogotá y en el que perdió la vida Yeison Méndez a manos de dos despiadados fleteros. Hay que mencionar, igualmente, el atraco del que fue víctima el controvertido empresario Alfonso Hilsaca el domingo en la noche cuando departía en un reconocido restaurante del exclusivo sector de Bocagrande, sin olvidar el intento de robo a la casa del gerente de la EPS Coosalud ni el episodio, en el sur de la Heroica, en el que un hombre perdió la vida tras otro intento de atraco.

El alcalde habla de un coletazo de la crisis humanitaria que vive Venezuela y afirma que muchos ciudadanos de esa nación llegan a la ciudad a delinquir. El director del Centro de Observación y Seguimiento del Delito, Fredy Goyeneche, lamenta que le estén negando datos de homicidios que requiere para tener una visión más nítida del flagelo y así diseñar respuestas más efectivas. Lo cierto es que la zozobra crece entre la gente, que ve cómo actos delictivos empiezan a hacer, desafortunadamente, parte del paisaje de todos los barrios de la ciudad. Sin excepción.

Por muchos motivos, que comienzan por el derecho de la ciudadanía a la tranquilidad y tocan así mismo la importancia de este centro urbano como puerta de entrada a Colombia, las autoridades de la ciudad deben ofrecer una respuesta que vaya más allá de los lugares comunes y le den, de paso, razones a la ciudadanía para renovar su confianza en una administración que hoy genera más dudas que certezas.

Pero todo esto en el entendido de que si bien el desafío concreto es local, sus raíces penetran en lo nacional: por sus causas, por sus consecuencias. De ahí que el llamado debe ser también a que la atención del país sobre Cartagena no se limite al próximo lunes.editorial@eltiempo.com

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