Editorial

Vuelo sin retorno

La suspensión de vuelos desde y hacia Caracas es una elocuente muestra de falta de confianza.

29 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Que la seguridad es una condición indispensable en la prestación del servicio de transporte aéreo quedó claro esta semana tras conocerse la determinación de Avianca de suspender sus vuelos a Caracas. Lamentando los inconvenientes que esto les causa a miles de personas que habían adquirido tiquetes de la compañía, es evidente que no existen las garantías en el aeropuerto de Maiquetía para operar adecuadamente. Además, la actitud de las autoridades bolivarianas no es la de cooperar en búsqueda de soluciones.

Así lo comprueban los reportes que hablan de mal manejo de aviones en la plataforma, apagones frecuentes en la terminal, dudosa calidad de la gasolina o robo de equipajes. A lo anterior se agrega el trato hostil de controladores y personal de inmigración, además de la inseguridad sufrida por las tripulaciones en carne propia.

Lo sucedido confirma el creciente aislamiento de un país que llegó a tener en 1976 un vuelo regular del mítico Concorde

No menos importante es la falta de explicaciones con respecto al incidente ocurrido en octubre pasado, cuando dos cazas venezolanos se acercaron peligrosamente a un avión de Avianca que iba de Madrid a Bogotá. Debido a ello, la empresa no volverá a surcar el espacio aéreo del país vecino, una elocuente demostración de la falta de confianza sobre lo que sucede al otro lado de la frontera.

Suspender un vínculo establecido hace más de 60 años, cuando la ruana roja se agitó por primera vez en territorio vecino, no es fácil, pero a veces hay que hacer de tripas corazón. Despegar sin fecha de retorno es algo que han hecho múltiples líneas aéreas en los últimos tiempos, incluyendo la estadounidense Delta, que también anunció el miércoles la próxima interrupción del servicio.

Lo sucedido confirma el creciente aislamiento de un país que llegó a tener en 1976 un vuelo regular del mítico Concorde. Esos tiempos forman parte del recuerdo por causa de un desmoronamiento institucional que parece no detenerse. Las víctimas son los miles de ciudadanos venezolanos que no podrán ver a sus seres queridos o emigrar en busca de mejores horizontes y sienten, con razón, que la pesadilla continúa.

- editorial@eltiempo.com

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