Editorial

Vive la democracia

Renovar la desacreditada rama del Poder Legislativo sigue estando en manos de la gente.

11 de marzo 2018 , 12:31 a.m.

A riesgo de que suene a lugar común, hay que calificar de crucial la cita que tienen este domingo los colombianos en las urnas. No hace falta escarbar mucho para encontrar la razón, por lo menos en lo que compete al Congreso: frecuentes escándalos de corrupción, sumados a la dificultad que en los últimos tiempos ha tenido este cuerpo legislativo para sintonizarse con los anhelos y necesidades de la gente, se traducen hoy en una imagen negativa del 84 por ciento, según la más reciente encuesta trimestral de la firma Gallup.

Desafortunadamente, el primer paso para transformar esta realidad le correspondía al mismo parlamento, y este lo omitió. No hizo una tarea solicitada desde muy diversas tribunas y en no pocas ocasiones: una reforma política que fortaleciera los partidos en detrimento de las microempresas electorales, objetivo para el cual se planteó como necesidad urgente la de los incentivos para que las colectividades les presentaran a los ciudadanos listas cerradas en el tarjetón.

Consecuencia de tal omisión es no solo que los partidos siguen mostrando preocupantes síntomas que indican un proceso progresivo de debilitamiento, sino, en términos prácticos, que para muchas personas sea todo un reto enfrentarse al tarjetón que este domingo recibirán de los jurados. Es de esperar que la pedagogía adelantada tanto por la Registraduría como por las distintas colectividades logre que la cantidad de votos nulos se mantenga dentro de los márgenes habituales.

Un aspecto notable es que tanto la izquierda como la derecha pueden someter este domingo a votación la escogencia de su representante a la presidencia. Este, sin duda, es un hecho que motiva las huestes y fortalece la democracia.

En el plano legislativo, hay que recordar que la posibilidad de que tenga lugar la deseada renovación en el Congreso que permita erradicar todo aquello que ha contribuido a su desprestigio, desde la famosa ‘mermelada’ hasta el ausentismo, sigue en manos de los colombianos. Para ello basta entender la importancia de acudir a las urnas y, una vez allí, tener claro el valor del sufragio. Saber que reducir este a una triste dádiva es renunciar a la esperanza de que nuestros hijos y nietos puedan desarrollar sus vidas en mejores condiciones, en comparación con lo que hoy existe.

Procede igualmente un llamado a las autoridades civiles, electorales y militares para que cumplan a cabalidad con su deber de evitar incidentes de todo tipo. El reciente fallo del Consejo de Estado que le devolvió tres curules en el Senado al partido Mira contiene muy preocupantes revelaciones sobre la manera como se destruyó material electoral y se saboteó el ‘software’ tras los comicios parlamentarios de hace cuatro años. Estas situaciones de ningún modo pueden repetirse. Para ello hay que tomar todas las precauciones necesarias.

Otra amenaza que no puede menospreciarse es la de la confusión que buscan crear las noticias falsas que circulan por las redes sociales. Contrarrestar este flagelo es una tarea que no le puede competer únicamente al Estado. Es hora de que los colombianos sepan cuándo dar credibilidad a una red social. Verificar con fuentes confiables si es real lo que se comenta en WhatsApp, Twitter o Facebook es cada vez más un indicador de madurez política de una sociedad.

Dos novedades caracterizarán los comicios de este domingo. Por un lado, los nuevos delitos electorales, contenidos en una reforma del Código Penal. Es el caso de la financiación de campañas con fuentes prohibidas, la violación de los topes de los gastos, no informar debidamente sobre los aportes recibidos, el tráfico de votos y la elección de candidatos que estén previamente inhabilitados, conducta que, como lo denunció este diario, ya se observó en el caso de quince aspirantes. Son estas normas que obedecen a realidades incontrovertibles: es de esperar que no sean, como muchas otras, letra muerta o, peor, incentivo para tomar atajos. Bienvenida una evaluación que observe qué caracterizó sobre todo la financiación de las campañas para saber si estos cambios en efecto ayudaron a hacer más transparente la contienda política.

Será también novedad, y hecho histórico, que por primera vez se lleven a cabo unas elecciones con la Farc como contendor y no como grupo armado. De entrada, ello deberá traducirse en un marco de tranquilidad notable –sobre todo si el Eln cumple con su anuncio de cese del fuego–, un escenario sin presencia de coacción armada –con algunas lamentables excepciones seguramente– en el que se sabrá a ciencia cierta el tamaño del respaldo popular con que cuenta el nuevo grupo político. De modo que los colombianos debemos acudir a las urnas conscientes del deber ciudadano, del compromiso democrático y de lo que está en juego para el país.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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