Editorial

Veinticinco años de ‘La Luciérnaga’

Resulta impensable la rutina del país sin las risas y las voces de este programa de radio.

20 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Era marzo de 1992. El llamado ‘fenómeno del Niño’ había obligado al Gobierno colombiano de entonces no solo a hacer fuertes racionamientos de energía, sino a adelantar 60 minutos la hora del país. Quizás el peor momento del día, que pronto, sin embargo, fue convirtiéndose en un hábito, era el apagón de las primeras horas de la noche: fue para animar a los colombianos en esas horas largas, para acompañarlos en esa temporada inusual a oscuras adentro de sus casas, que Caracol Radio encomendó al periodista Hernán Peláez Restrepo la labor de inventarse ese programa de noticias que también era un programa de humor: La Luciérnaga.

Iba a ser un programa temporal: un programa para entretener los días del apagón. Pero resultó ser ese magnífico noticiero comentado e interpretado con humor que ha seguido siendo 25 años después de su primera emisión.

‘La Luciérnaga’ desde hace 25 años

Gustavo Gómez, director del programa de Caracol Radio.

Foto:

Andrea Moreno / EL TIEMPO

Cuando se revisa la lista de los periodistas, los analistas y los humoristas que han pasado por La Luciérnaga –voces entrañables como las de Juan Harvey Caicedo y Alberto Piedrahíta Pacheco hicieron parte de su mesa de trabajo– es fácil entender por qué el programa ha durado tanto, por qué resulta impensable la rutina del país sin sus risas y sus voces: porque ha estado contando lo que sucede en Colombia sin pedirles permiso a los poderosos, sin amilanarse.

No obstante ser un programa humorístico, y aunque de cierto modo sea una parodia de los programas noticiosos, es también un programa profundamente serio, profundamente comprometido con decir lo que está sucediendo en los entresijos del poder. Sigue siendo lo que era, además, porque ha sabido estar a tono con los tiempos: La Luciérnaga de hoy, dirigida por Gustavo Gómez Córdoba, con el mismo espíritu juguetón y frentero del comienzo, no ha dejado atrás su vocación de ser compañía en la oscuridad, en esos días duros y asfixiantes que con frecuencia se viven en Colombia.

Celebrar los 25 años del programa radial es celebrar un instinto que tantas veces ha salvado a los colombianos de entregarse a la derrota: el instinto de reírse a carcajadas a manera de denuncia.

- editorial@eltiempo.com

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