Editorial

Editorial: Un rumbo mejor

Es positiva la noticia de MinSalud de una inflexión en las cifras de embarazos adolescentes.

10 de septiembre 2016 , 07:57 p.m.

El embarazo en adolescentes es un fenómeno complejo que desborda el campo de la salud y se adentra en los ámbitos económicos y sociológicos de las afectadas, al punto que se convierte en un determinante de primer orden de sus expectativas de futuro y de movilidad social. Factores que terminan por modular indicadores que cualifican las políticas públicas de una nación.

Lo paradójico es que en muchos países latinoamericanos la fecundidad en estas edades se ha incrementado de manera concomitante con los aumentos del nivel educativo de la población, de la cobertura de los sistemas de salud, del acceso y uso de métodos anticonceptivos y la mejoría de las condiciones sociales. Para la muestra está que el continente y él área del Caribe ostentan la segunda tasa más elevada en el mundo de esta problemática.

Las cifras dicen que en la región el 38 por ciento de las mujeres se embarazan antes de cumplir los 20 años y que uno de cada cinco nacidos vivos son hijos de una adolescente y que son, preocupantemente, sostenidas por el aporte colombiano de 408 nacimientos diarios cuyas madres están entre los 10 y los 19 años.

Preocupantes datos, que al darle forma a un indicador centinela del desarrollo integral de la sociedad, como lo es el embarazo en adolescentes, se convierten en retos ineludibles para todos los hacedores de políticas públicas y más con la evidencia de que a pesar de los esfuerzos parece no dar tregua.

Por eso, no dejan de ser estimulantes los anuncios hechos por el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, de tener la certeza, por primera vez en 20 años, de observarse una inflexión a la baja en la tasa de jóvenes embarazadas. Quebrar esta tendencia, más allá de la disminución cuantitativa, es un paso en firme en la dirección correcta.

Aunque, de acuerdo con Gaviria, las cifras reveladas aún no son oficiales, el hecho de haberlas lanzado esta semana en el marco de la Primera Conferencia de América Latina y del Caribe para reducir inequidadades en Salud Sexual y Reproductiva (LAC 2016) le imprimen un irrefutable nivel de seriedad.

Tampoco le sobra optimismo a minsalud, porque la última encuesta de calidad de vida hecha por el Dane reporta una disminución porcentual de dos puntos en esta tasa y hay serios indicios de merma en la próxima Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) que dará a conocer en diciembre.

Hay que reconocer que esto es el resultado de grandes esfuerzos institucionales dentro de los que vale destacar, por ejemplo, la inclusión de todos los métodos anticonceptivos en el paquete obligatorio de servicios de salud; la posibilidad (de avanzada) de que las mujeres colombianas puedan escoger entre maternidad segura y aborto seguro y el amparo de los derechos y las libertades sexuales desde el campo sanitario.

Tal vez para algunos les resulte insignificante bajar de 19.5 por ciento a 17,5 por ciento los embarazos en adolescentes en menos de 5 años y que esta última cifra aún está muy lejos del 9 por ciento mundial; pero al traducir estos dos puntos en términos de jóvenes con ideas más claras de futuro, con menos marginalidad y menos factores de exclusión, este horizonte es esperanzador. Falta, sin duda, pero el rumbo ya es mejor.

editorial@eltiempo.com

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