Editorial

Editorial: Un récord lamentable

Las cifras de accidentalidad de taxis en Bogotá agregan otro ingrediente en contra de este servicio.

14 de febrero 2017 , 08:33 p.m.

Un reciente estudio, elaborado por la Secretaría de Movilidad de Bogotá, revela datos preocupantes sobre el grado de siniestralidad que registra el servicio de taxis en la capital. Según ese informe, el número de accidentes pasó de 7.469 en el 2015 a 8.193 en el 2016, un incremento del 10 por ciento.

La mala noticia es que el saldo final, en vidas humanas, es igual de trágico: 43 muertos en el primer año y 57 en el segundo, para un aumento del 33 por ciento. Entre tanto, el número de lesionados bajó, al pasar de 2.612 a 2.405 entre un período y otro.

El balance no podía llegar en peor momento para el gremio, justo cuando los taxistas están en el ojo del huracán por su errático proceder contra la polémica plataforma Uber, que ha servido, más bien, para catapultar el inconformismo de miles de usuarios que recuerdan el pésimo servicio que reciben de algunos conductores de los llamados ‘amarillos’.

Las empresas que encabezan este lamentable récord son aquellas que cuentan con un mayor número de vehículos, como es apenas lógico, dada la cantidad de carros afiliados en cada una. Pero no se salvan ni siquiera las más pequeñas. La de más bajos registros tiene al menos 30 accidentes en su haber.

Sorprende además que, pese a casos similares que se han denunciado con otro tipo de vehículos, persiste aún la manía de automotores que acumulan varios comparendos, sin que las mismas empresas se percaten del problema o lo eludan. Uno de ellos tenía 17 amonestaciones pendientes.

El año pasado prácticamente se duplicó el número de multas a taxistas, la mayoría por no acatar las señales de tránsito, o violar la restricción del pico y placa.

Así, pues, los incidentes en vía pública causados por estos servidores no solo reflejan lo inseguros que resultan para el pasajero, sino que se suman a estadísticas similares que de tiempo atrás presentan otros sistemas de movilidad como las motocicletas o los buses de servicio público. De acuerdo con la Agencia de Seguridad Vial, más del 50 por ciento de los accidentes con muertos en el país involucran a las motos.

El crecimiento exponencial del parque automotor, ya sea en ciudades grandes o pequeñas, constituye uno de los desafíos mayores para las autoridades municipales. Pero si a ello se suma la siniestralidad, el asunto se convierte en una calamidad pública que afecta el desempeño de los conglomerados urbanos.

En el caso particular de los taxistas, el tema reviste mayor importancia por cuanto se trata de personas a cargo de la seguridad de otras. Esto deberían saberlo los conductores y las empresas afiliadoras, comoquiera que la labor que cumplen demanda una presencia permanente en las calles, y por tanto el riesgo es mayor. Prudencia y acatamiento de las normas es la máxima que debería acompañar su proceder.

Y aunque se han planteado soluciones, la de ofrecer una especie de bonificación a los taxistas si consiguen reducir la accidentalidad en las calles bogotanas no parece ser la más acertada. Si bien se reconoce la buena intención, no sería del agrado de la ciudadanía, que lo mínimo que espera es eso: seguridad en un taxi. Y a ello deberían apuntarle las empresas.

editorial@eltiempo.com

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