Editorial

Un peligro agazapado

Llama la atención el desconocimiento de autoridades frente al mundo de las drogas de síntesis.

17 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

La lamentable muerte de una persona en la que están involucradas las drogas de síntesis y el alcohol vuelve a evidenciar el problema velado de su consumo, principalmente entre jóvenes, con una preocupante premisa: el desconocimiento generalizado que se tiene de estas sustancias.

El dictamen de Medicina Legal que determinó la combinación de éxtasis y licor como la causa primaria del fallecimiento de María Andrea Cabrera generó un sinnúmero de voces que por carecer, en su mayoría, de la ilustración y la prudencia mínimas lo único que logran es retardar el riguroso debate que debe desprenderse de un hecho tan lastimoso, con miras a evitar que se repita.

Es que, más allá de las investigaciones judiciales que el evento requiere, las cuales merecen todo el respeto, este caso debe ser tomado como un punto de inflexión para analizar en profundidad el abandono de las políticas de prevención y control del consumo de psicofármacos de diseño.

El país debe ‘descocainizar’
las estrategias para la prevención y el control del consumo y el abuso de estas sustancias.

Llama la atención, por ejemplo, que las mismas autoridades médicas y de policía no tengan claras las diferencias existentes entre estos productos, los cuales, al incautarse, muchas veces se rotulan bajo el nombre genérico de éxtasis, cuando en realidad se desconoce su composición.

Para la muestra, un análisis de la Corporación Nuevos Rumbos demostró que ocho de cada diez pastillas que circulan en los sitios de diversión con el nombre de éxtasis son adulteradas y mezcladas con elementos desconocidos, lo que incrementa, además del riesgo, la imposibilidad para ofrecer tratamientos adecuados en caso de necesidad.

Esto sin dejar de lado la confusión con que los medios y aun voceros oficiales transmiten a la comunidad la información sobre metanfetaminas, anfetaminas y éxtasis, ya que las tratan como meros sinónimos y no como moléculas diferentes que, por sus efectos y características, deben ser conocidas al menos superficialmente antes de hablar de ellas.

Lo anterior obedece a que estos estimulantes del sistema nervioso pueden desencadenar complicaciones que, independientemente de la dosis, pueden terminar con la vida de una persona, y más si se mezclan con alcohol. Argumentos de peso para borrar, de una vez por todas, la falsa idea de que son drogas que solo ayudan a pasarla bien.

Aquí hay que ser claros y decir sin ambages que el país debe ‘descocainizar’ las estrategias para la prevención y el control del consumo no terapéutico y el abuso de sustancias psicotrópicas legales e ilegales, naturales y de síntesis. Todos por igual, en un contexto de una política de Estado integral en la que la educación y la prestación de asistencia especializada sean los pilares a todo nivel.

Si se tiene en cuenta que aquí no se producen drogas de síntesis, también es hora de entender que la población colombiana es víctima del mismo tráfico del cual se quejan quienes nos estigmatizan en el mundo como proveedores de drogas.

Seriedad, claridad y responsabilidad de parte de las instituciones pertinentes con estas tareas, pues están de por medio miles de vidas.

- editorial@eltiempo.com

Drogas sintéticas en el norte

Según el DPN, estupefacientes como el éxtasis pasaron de ser usados en el 2009 por el 0,9 por ciento de la población a ser consumidos, en el 2016, por el 1,7 por ciento.

Foto:

123RF / Katarzyna Białasiewicz

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